El desembarco del cocinero mediático, Martiniano Molina, como flamante precandidato a intendente elevó la temperatura del macrismo de Quilmes. Y el termómetro indica que están calientes como papa hervida, a punto de hacerse puré.

El presidente del PRO de Quilmes, José María Salustio, no escondió la bronca y admitió que “hay mucho enojo y desconcierto”.

“Lamentablemente no sabemos qué es lo que está pasando en el macrismo ni cómo se está manejando. Hoy ni yo sé si sigo siendo candidato. Nosotros acatamos todas las órdenes pero no hay nada. Nos enteramos de lo que pasa en nuestro espacio por los diarios”, dijo en una nota al medio La Tercera de este viernes.

La situación es tan delicada, que Salustio admitió que la campaña en el municipio se encuentra “parada”.

La tardía llegada del Chef al PRO de Quilmes no es casual. Es producto del desplazamiento del operador Emilio Monzó, quien perdió terreno a manos del polémico asesor ecuatoriano, Jaime Durán Barba, en el inicio de la semana. El objetivo que buscan es garantizar un armado propio en la Provincia. No será fácil, ya que el macrismo expresa su mayor debilidad en el territorio bonaerense, donde prácticamente no tiene estructura.

El cambio de manos derivó también en que el nuevo encargado de la ingeniería electoral de la Provincia pasó a ser Jorge Macri, el primo de Mauricio. El intendente de Vicente López tiene además a cargo la campaña de María Eugenia Vidal.

Si bien al macrismo quimeños tampoco le convencía mucho el accionar de Monzó -basta con recordar que no cayó bien en su momento el desembarco del modelo Tommy Dunster- la desprolijidad vuelve a repetirse con la llegada “sorpresiva” de Martiniano Molina.

La problemática que emergió en el distrito cervecero puede ser una situación testigo de lo que podría llegar a pasar en el armado aurinegro en otros distritos. Habrá que ver si el primo de Mauricio y Durán Barba toman nota para evitar más inconvenientes futuros.