María Celia, como la conoce todo el mundo, fue intendenta durante dos mandatos y fue derrotada en 2015 por el actual intendente radical de Cambiemos, Raúl Sala.

Entre 2015 y 2017 casi no apareció en el distrito, no tuvo participación pública y sólo se recuerda su apareció en el aniversario por el 17 de octubre. Muchos vecinos demandaban su presencia para denunciar las consecuencias del ajuste de la política económica del gobierno nacional, provincial y municipal, pero en ese entonces la ex intendenta prefirió la prudencia según su entorno y para sus adversarios del peronismo eligió la especulación.

Actualmente es concejal por la lista de CUMPLIR que llevaba a Florencio Randazzo como candidato a Senador. Su decisión individual, atada a intereses políticos o comerciales que se desconocen pero de los que circulan muchos rumores en el pueblo significó la fractura del espacio peronista que fue a la elección en dos variantes.

Ya ejerciendo como concejal se desata el escándalo de que además de su dieta de concejal cobraba un sueldo como “asesora” de la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires. El rechazo general que causó en la opinión pública radica en tres cuestiones. Primero, como es posible que una persona que fuera intendenta 8 años tenga la necesidad de ser contratada como asesora legislativa, siendo que dicha labor puede ser cumplida por algún joven militante u otro profesional que precisa la fuente laboral; segundo, todos se preguntan cómo se puede ser asesora sin ir nunca a La Plata, pues tampoco desarrolló actividades en la sección electoral que justifiquen su tarea. Tercero, como puede explicar quien estuvo a cargo del municipio tantos años no haber renunciado a la dieta de concejal.

Todo saben que no pueden cobrarse la totalidad de los dos salarios. ¿Error político, descuido, impunidad o miserabilidad?. La ex intendenta afirmó sorprendida que “esto huele a política”. Ciertamente, un sueldo era por el cargo político de concejal y el otro sueldo también como asesora política de la legislatura.

Su justificación fue pobre y dejó conforme sólo a quienes tienen ganas de creerle. Afirmó que no recordaba de cuanto era el salario (hecho bastante irrazonable en estas épocas) y que lo usaba para ayudar a la gente. Ante esto la pregunta de los vecinos fue: ¿cómo ayudas sin saber cuánto es el dinero que tenés? Y otros se preguntaban si es ético cobrar un sueldo sin trabajar con la justificación que es para ayudar a otros vecinos. Sería algo así como un Robin Hood con recibo de sueldo.

Todas las sospechas señalan al Municipio y a la oficina de ANSES como responsables de la filtración. No sería ilógico por parte del oficialismo intentar distraer y desprestigiar opositores cuando la gestión municipal no para de sumar críticas. Aún se desconoce la profundidad del impacto sobre del escándalo en la imagen de la ex intendenta. Por el momento sigue transitando la turbulencia, esperando que no se convierta en una tormenta sin salida.