La presidenta del PRO, Patricia Bullrich, tomó distancia de toda la dirigencia política y evitó repudiar el escrache que militantes macristas hicieron frente a la casa del juez de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti. El grave hecho ocurrió ayer en Rafaela, Santa Fe. 

Bullrich viene desde hace días presionando mediáticamente a la Corte Suprema para legitima las movidas irregularidades que el macrismo realizó con el desplazamiento a dedo de jueces cercanos. Ahora, Juntos Por el Cambio pretende que los magistrados Pablo Bertuzzi, Leopoldo Bruglia y Germán Castelli mantengan sus lugares en Juzgados muy sensibles, que deberán investigar casos de corrupción ocurridos durante la gestión de Cambiemos. 

De allí, la presión renovada sobre la Corte Suprema. Esos tres jueces fueron trasladados a dedo y sin acuerdo con el Senado, como marca la constitución. El caso podría resolverse esta semana en una audiencia clave. De allí, el escrache contra Lorenzetti que es un mensaje cuasi-mafioso contra todo el máximo tribunal: "Si no fallan como queremos, iremos a sus casas". 

La caravana "espontánea" de ayer fue cuestionada por todo el oficialismo y también por parte de la oposición, entre ellos María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y el propio Mauricio Macri, quien debió tomar distancia de una convocatoria realizada por sus propios seguidores.