Según un estudio de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE), la economía volverá a crecer desde el primer trimestre del año próximo por encima del 4%. “Reafirmamos nuestro pronóstico respecto de una caída del PIB en el orden del 10,5% para 2020 y, de continuar un ritmo como el actual, estimamos que para el primer trimestre de 2021 la economía estará creciendo por encima del 4%”, sostuvo FIDE en su último informe. 

“Creemos que están dadas las condiciones para que este crecimiento continúe en niveles elevados para todo el año”, agrega FIDE, que además remarcó que “octubre aparece como el segundo mes en donde se acumulan señales positivas, especialmente en la industria manufacturera y la construcción”. 

En otro orden, el informe apuntó que el fortalecimiento de las reservas del BCRA constituye “uno de los desafíos centrales para el Gobierno en los próximos meses”. Según el informe “no hay razones objetivas que den sustento a las previsiones de devaluación que se plantean desde muchos sectores como desenlace inevitable. El tipo de cambio continúa en niveles competitivos y, aún en un contexto de mejora en los niveles de actividad, se proyecta un saldo positivo relevante en el balance comercial que, aunque desfasado en el tiempo, debería materializarse en una oferta positiva en el mercado de cambios”.

Respecto de la negociación con el FMI, FIDE consideró que una ampliación del préstamo ya otorgado “podría resultar poco conveniente si tal inyección de fondos implica un condicionamiento fiscal a los márgenes necesarios para cumplir con el objetivo de la recuperación. Y peor aún, si además trae consigo requisitos de desregulación cambiaria y devaluación, que han sido el principal reaseguro para evitar cualquier sobresalto en el impacto de los efectos negativos de la pandemia”. 

Asimísmo, FIDE añadió que “permanece vigente la pregunta estructural sobre el bimonetarismo de la economía argentina y con ello, la forma de desarmarla”. En este sentido, aseguró que “Los riesgos de la salida fácil tienen que ver con desarmar regulaciones y cubrir transitoriamente la demanda de dólares con fuentes financieras, con la expectativa de generar un shock de confianza tal que revierta la coyuntura externa”.

FIDE concluyó que “garantizar la estabilidad cambiaria es condición necesaria para consolidar el proceso de desaceleración en el ritmo de inflación, pero no suficiente, el abordaje integral de la problemática de precios parece ser otro de los desafíos de corto plazo de la política económica, en donde la agenda de trabajo en función de las realidades sectoriales es imprescindible”.