El presidente Jair Bolsonaro volvió a generar polémica en el país vecino al pedir que los estados provinciales "suspendan el confinamiento" y permitan que "la gente vuelva a trabajar". El mandatario no quiere saber nada con realizar una cuarentena nacional a pesar de tener 2000 infectados y casi 50 muertos. 

Además, en otro gesto provocador, Bolsonaro aseguró en cadena nacional que el coronavirus es "una gripecita".

La respuesta social no se hizo esperar: por sexta vez consecutiva, un cacerolazo en las principales ciudades del país cuestionó al presidente. Además, recibió críticas de la oposición y del presidente del Congreso. Según la información oficial, en Brasil hay 2200 casos y 46 muertos.