Hasta hace unos meses, Brasil era elegido como un modelo a seguir por dirigentes del macrismo. ¿Por qué? Porque ese país no imponía restricciones duras a la movilidad de las personas. Había respeto por las libertades individuales, un lema del macrismo durante muchas semanas. ¿Y ahora?

Ya nadie habla de Brasil como modelo a seguir. Ese país vive un colapso sanitario absoluto: prácticamente todos los estados tienen sus sistemas sanitarios trabajando al 90%. En muchas provincias, los médicos eligen a qué enfermos le dan oxígenos mientras otros contagiados de COVID mueren en los pasillos. 

Al día de hoy, el país conducido por Jair Bolsonaro tiene 273 mil muertes, si se consideran los conteos oficiales. Según otras investigaciones, ese número ya superó los 300 mil fallecidos. Hasta el propio presidente de ultraderecha dejó de hablar de "gripecita" para referirse a la pandemia que está destruyendo a las familias de su país.

Lejos quedaron las imágenes de los medios argentinos donde se celebraban las aperturas de centros comerciales o las fiestas en playas, como símbolo de la libertad.