A la vez que el presidente Alberto Fernández realiza una gira internacional por Europa en búsqueda de apoyo clave en el FMI para renegociar la deuda. En este contexto, Francisco reforzó su llamado a construir “puentes que favorezcan el desarrollo de una mirada solidaria desde los bancos, las finanzas, los gobiernos y las miradas económicas” y criticó con dureza a la especulación financiera y la toma de deuda externa.

“El mundo es rico, y sin embargo los pobres aumentan a nuestro alrededor. Son problemas solucionables, no ausencia de recursos. No estamos condenados a la inequidad universal”, comenzó el papa.

Sobre la situación del endeudamiento en el que están sumidos muchos países y sus consecuencias nefastas sobre los pueblos, Francisco plantea que, si bien es ciertamente justo pretender que las deudas deben ser pagadas, resalta como valor fundamental: “No se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables. Es necesario encontrar modalidades de reducción, dilación o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y el progreso”.

En ese sentido, agregó, “Nos toca ser conscientes de que todos somos responsables. Esto no quiere decir que seamos culpables. Todos somos responsables”, marcó. “Hemos permitido que la brecha entre ricos y pobres se amplíe hasta convertirse en el mayor de la historia. Las 50 personas más ricas del mundo tienen un patrimonio equivalente a los 2.2 billones de dólares. Estas podrían financiar la atención médica y la educación de cada niño pobre del mundo a través de impuestos”, dijo Francisco. 

En contra partida, criticó y condenó a “la globalización de la indiferencia”, y detalló: “Cuando la economía y las finanzas se vuelven un fin en sí mismo, es la idolatría del dinero, la codicia y especulación”, dijo Francisco. A esto, se suma ahora “a la velocidad de las transacciones y la posibilidad de producir ganancias concentradas sin que estén ligadas los procesos productivos ni la economía real”.

En ese sentido, señaló: “Aristóteles celebra la invención de la moneda y su uso, pero condena firmemente la especulación financiera, porque en esta, ‘el dinero se convierte en productivo perdiendo su verdadera finalidad que es la de facilitar el comercio y la producción’”, dijo el papa.

En otro fragmento, Fráncico dijo que la Iglesia Católica “celebra las formas de gobierno y los bancos, y celebra cuando cumple su finalidad, que es en definitiva buscar el bien común”.

A su vez, llamó "estructuras de pecado" al “recorte de impuestos para los más ricos, paraísos fiscales para las ganancias privadas y corporativas, y por supuesto, la posibilidad de corrupción de las empresas más grandes del mundo, no pocas veces en sintonía con algún sector político dominante”, cuestionó su santidad.