El único que no puede sonreír en la oposición es el expresidente Mauricio Macri, que quedó muy desdibujado. No solo perdió la conducción del PRO, de donde fue desplazado por Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, sino que todos sus candidatos perdieron en las internas donde se presentaron. Final de época.  

En Córdoba, por ejemplo, Macri viajó especialmente para apoyar el cierre de campaña de Mario Negri y Gustavo Santos, precandidatos a senador y diputado, respectivamente. Dijo ser "un cordobés más". El resultado: derrota por paliza. 

En Santa Fe pasó lo mismo: Macri apostó a la lista "Santa Fe Nos Une" encabezada por el actual diputado nacional del PRO Federico Angelini y por la mediática Amalia Granata, dupla que era favorito a ganar la interna en las PASO en la categoría de precandidatos a senadores nacionales. Sin embargo, esa lista quedó tercera en la interna que finalmente ganaron los radicales Carolina Losada y Mario Barletta. 

La cara de Macri el domingo muestra lo evidente: el ex presidente sabe que perdió el respaldo de la sociedad, después de su fracaso en el gobierno. Ahora deberá acostumbrarse a un rol secundario, que le permita a Juntos contener a sus minorías más radicalizadas. Fin de era para uno de los peores mandatarios de la historia argentina.