Con una caravana y una marcha por el centro de la ciudad de La Plata, miles de jóvenes recordarán este jueves, como todos los años, a los 10 estudiantes secundarios que fueron secuestrados en La Plata y torturados por militar organicamente para a construcción de una patria libre, justa y soberana. Seis de ellos continúan desaparecidos, en un hecho conocido como "La Noche de los Lápices".

El 16 de septiembre de 1976 efectivos de la Policía bonaerense, comandada por el entonces coronel Ramón Camps, secuestra a un grupo de militantes secundarios de La Plata, al que luego se conoció como  “La Noche de los Lápices”. Este suceso constituyó un ícono de la represión ilegal contra jóvenes militantes durante la dictadura cívico-militar.

Las jovenes eran reconocidos militantes políticos de La Plata y peleban organicamente para tener una patria, libre, justa y soberana.

Según una de las principales hipótesis de quienes investigaron estos hechos, en agosto de 1976 la dictadura decidió suspender este beneficio con el propósito de identificar a los referentes del movimiento estudiantil que lideró este reclamo.

Esto se desprende de un documento de inteligencia titulado "La Noche de los Lápices", que años más tarde fue hallado en dependencias de la la Policía bonaerense, y en el cual el comisario mayor Alfredo Fernández describe las acciones que se debían emprender contra estos jóvenes.

La noche del 16 de septiembre se inició un operativo conjunto de efectivos policiales y del Batallón 601 de Ejército para capturar a diez jóvenes que tenían entre 14 y 18 años, de los cuales la mayoría integraba la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).

Claudio De Acha; María Clara Ciocchini; María Claudia Falcone; Francisco López Muntaner; Daniel Racero y Horacio Ungaro eran arrancados de sus domicilios en la primera jornada de esa acción ilegal.

En tanto que el 17, los represores apresaban a Emilce Moler y Patricia Miranda, que estudiaba en el Colegio de Bellas Artes de La Plata.

Cuatro días después caía Pablo Díaz, quien formaba parte de las Juventud Guevarista, un grupo vinculado al Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Todos fueron conducidos al centro clandestino de detención conocido como Arana, donde se los torturó durante semanas, y luego se los trasladó al Pozo de Banfield.

En los meses que siguieron, todos pasaron por centros clandestinos pertenecientes al «Circuito Camps»: además del estacamento de Arana y del Pozo de Banfield se cnontraban la Brigada de Investigaciones de Quilmes, jefatura de la provincia de Buenos Aires y las comisarías de La Plata, Valentín Alsina y Lanús.

Moler y Díaz recuperaron la libertad tras permanecer varias semanas cautivos en ese centro de detención ubicado en el partido de Lomas de Zamora.

Miranda también salió con vida de Arana, la trasladaron al Pozo de Quilmes y quedó alojada en la cárcel de Villa Devoto, a disposición del Poder Ejecutivo hasta marzo de 1978.

Gustavo Calotti, que había terminado el secundario un año antes, cayó en cautiverio el 8 de septiembre, y se lo considera un sobreviviente de estos hechos, ya que padeció la tortura junto a estos jóvenes.