Por Eva Moreira

El sociólogo e investigador del Área de Economía y Tecnología de la FLACSO, Pablo Manzanelli, coincidió con el análisis que realizó la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en su última carta, al marcar que la economía argentina “necesita una política fiscal realmente expansiva que se constituya como un vehículo de recuperación económica”.

Manzanelli resaltó que de hacer un balance general se ve que “hay una política fiscal moderada que deviene en un ajuste fiscal que se concentra -esto es lo más grave de la situación- en los sectores populares, donde se ve la mayor reducción del gasto respecto al 2018-2019 principalmente en servicios públicos e incluso en obra pública”.

Respecto del presupuesto 2022 el también investigador del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) señaló que “el gasto primario se ubica en línea con la inflación, lo cual es insistir con el despliegue de una política fiscal relativamente austera porque va en línea con el nivel de gasto de la crisis 2018-2019”.

Finalmente, consultado sobre si el presupuesto se ajusta a los requerimientos del Fondo Monetario Internacional, Manzanelli explicó que va en línea con los términos de una “política fiscal austera” y que no remite a experiencias de gobiernos populares que no siguieron los lineamientos históricos del FMI y que fueron muy exitosos a la hora de sacar a la Argentina de la crisis.

Hay diferencias respecto al déficit fiscal primario. Cristina denuncia que en 2021 no hubo una expansión del gasto tan significativa como en el 2020. ¿Esto es así?

Efectivamente el nivel de gasto primario -los primeros ocho meses del año- es un nivel que es insuficiente para enfrentar la crisis que está viviendo la economía argentina producto de las dos pandemias; la pandemia que heredamos del gobierno de Macri y la pandemia por Covid-19 y sus efectos económicos. En realidad, cuando uno busca hacer un balance general de una política fiscal lo que se observa es que es una política fiscal moderada. Por ejemplo, cuando uno compara el gasto primario del sector público con los dos años 2018, 2019, que fueron el resultado del mega ajuste del gobierno de Cambiemos con el modelo del FMI, lo que se ve -excluyendo los subsidios que fueron el único componente expansivo del gasto- es que el gasto primario cayó alrededor del 3,5 por ciento. Es decir, hay una política fiscal moderada que deviene en un ajuste fiscal que se concentra -esto es lo más grave de la situación- en los sectores populares, donde se ve la mayor reducción del gasto respecto al 2018-2019 principalmente en salarios públicos, prestaciones sociales y obra pública. Entonces, en este escenario de crisis tan profunda que tiene la economía argentina lo que se necesita es, en realidad, una política fiscal realmente expansiva que se constituya como un vehículo de recuperación económica. No es lo que se vio hasta ahora.

¿Es correcto hablar de ajuste? ¿o no se puede hablar de ajuste porque hubo mayor recaudación, entonces habría que hablar de reducción del gasto primario?

Ahí hay una interpretación. En este tipo de definiciones se requiere una interpretación más grande no es que solo un número pueda dar una respuesta a esa problemática. Yo la califico como una política fiscal moderada que se da en un escenario de ajuste económico porque lo que vive la economía argentina es primero una crisis económica profunda y no se consolida la reactivación que se requiere para salir de la misma. En un escenario en que los salarios reales siguen cayendo y el desempleo se mantiene elevado. Eso en su conjunto ya indica una situación de ajuste sobre los sectores populares, a eso se le suma el ajuste fiscal sobre -justamente- los sectores populares que determina ese ajuste económico. Cuando incorporamos incluso otro tipo de políticas que permiten caracterizar la política económica como es la política monetaria también se ve un ajuste monetario relevante porque hoy el nivel de la base monetaria independientemente de lo que se habla respecto a la emisión -como que puede llevar a situaciones de desequilibrio del modelo económico fuerte- en términos reales es inferior a la de 2019. Insisto con esto, la comparación es con ese inédito experimento de congelar la base monetaria con más de un 50 por ciento de inflación producto del acuerdo con el FMI. Cuando uno hace una visión de conjunto de lo que está viviendo la economía argentina es una crisis y una política económica que no logra revertir esa situación.

Hay una justificación sostenida en el concepto de “prudencia” por la falta de divisas. Esta falta de dólares, ¿no tiene que ver con que no se lograron resultados positivos en el mercado de cambios? ¿O específicamente con que se le otorgó dólares al empresariado concentrado para pagar deuda?

Bueno, ahí hay varias cuestiones; primero la paradoja porque vivimos una bonanza en el sector externo y tenemos problemas de reserva. Esa es la paradoja de la economía argentina en la actualidad. Es decir, no estamos viviendo una crisis de restricción externa, lo que tiene el país es en realidad una crisis por la deuda heredada del gobierno de Mauricio Macri, de ahí las bajas reservas que recibe el gobierno. Por otro lado, el superávit comercial, después del ajuste a las importaciones producto de la crisis, es de los más elevados en términos históricos. Acumulamos más de 10 mil millones de dólares de superávit en los primeros 8 meses del año. Ahora, que eso no se haya transformado en reservas tiene que ver probablemente con la administración de los dólares, y en momentos de crisis hay que establecer ordenes de prioridad. Cuando uno ve el balance general del gobierno del Frente de Todos en este sentido, se ve que lo que entra en el Banco Central por comercio exterior supera los 20 mil millones de dólares, y lo que se va por las deudas del sector privado, es más o menos 19 mil millones de dólares. Acá hay una cuestión.  Seguramente el sector externo limita el gasto público, pero me parece que existen posibilidades de administrarlo de otra manera para poder resolver la crisis de empleo y económica que vive la Argentina. Yo creo que ese debería ser el principal objetivo del Frente de Todos.

¿Considera necesario también una política de precios más clara?

Si, la cuestión inflacionaria que vive la Argentina hace más de una década es un problema endémico en este momento, de muy difícil resolución y ciertamente cercado por varios frentes. Ahora, descansar en la búsqueda de los equilibrios macroeconómicos -reducción del déficit fiscal y política monetaria restrictiva- como modo de resolución no tiene resultados positivos en materia de inflación. De hecho, lo que vemos es que estamos en un escalón del doble del que se tenía en el último mandato Kirchnerista. Creo que los precios de exportación sufrieron fuertemente, pero tienen ahora efectos positivos en la economía, y también lo tuvieron en términos negativos en el impacto de los precios. Por eso hay que hacer políticas y regulaciones para limitar ese impacto en la economía. Por otro lado, hay que regular la puja distributiva y eso implica tener una política hacia los formadores de precio. Tener una mirada integral que al mismo tiempo que hace política de precios haga política económica general que la vuelva consistente. Seguramente -por sus implicancias- controlar a los formadores de precios en una economía tan concentrada como la de Argentina se vuelve algo relevante.

El presupuesto pretende reducir los subsidios a las tarifas, plantea subsidios al transporte moderados, y prevé un déficit fiscal primario del 3,3 por ciento que es menor que el que estaba previsto para este año. Entonces, ¿Podemos decir que no es un presupuesto con una política fiscal expansiva y que va hacia una ralentización de la recuperación económica?

Me parece que no cambia la concepción general de gobierno en términos del rol de la política económica para salir de la crisis y en ese sentido efectivamente, lo que veo es que el gasto primario se ubica en línea con la inflación, lo cual es insistir con el despliegue de una política fiscal relativamente austera porque va en línea con el nivel de gasto de la crisis 2018-2019, y por otro lado tampoco resulta razonable algunas fuentes de financiamiento que tiene el presupuesto porque aparecen algunos créditos de organismos internacionales que no se los tenía en carpeta y eso lo vuelve relativamente inconsistente. Tenemos política fiscal moderada en un escenario en el que se busca financiamiento por fuera de la expansión monetaria que me parece que en este momento es importante para sacar el fondo de mano que tiene la economía argentina. Y respecto al tema de los subsidios, es una cuestión de fondo. No es simple en un escenario de crisis hacer un aumento tarifario fuerte. Se supone, pero no se aclara que habría una política distinta en términos tarifarios, que puede ser lo de la segmentación tarifaria o alguna otra cuestión y principalmente se espera que la sequía, que elevó el costo de la energía y por ende los subsidios, se modifique.

Con respecto al Fondo Monetario Internacional, ¿Ve que este presupuesto 2022 se ajusta a los requerimientos que suele pedir el FMI?

Va en términos de una política fiscal austera y ésta es la cuestión de debate de la Argentina y del Frente de Todos en este momento. Entonces, hay que remitirse a las experiencias de los gobiernos nacionales y populares que obviamente se contraponen con los lineamientos históricos del FMI, pero que fueron muy exitosos a la hora de sacar a la economía argentina de la crisis. Por ejemplo, esta es una crisis de una profundidad muy grande, inédita, pero comparable con la gran crisis de fin de siglo con la que se topó el primer gobierno Kirchnerista. En ese momento, en los primeros cuatro años de gobierno, el aumento del gasto primario fue por encima siempre del 10 por ciento en términos reales. Esa es la política que debería adoptar el Frente de Todos para lograr sus objetivos que deberían ser, insisto: la reactivación económica y la generación de empleo.