Por Andrés Fidanza

Si bien su cara no es conocida, es uno de los abogados del poder. O mejor dicho, lo fue. 

Alejandro Pérez Chada entiende perfectamente que, en adelante, no le faltará el empleo. En Comodoro Py, el cambio de época se lo va a garantizar. Ya empezó a hacerlo, en realidad. Pérez Chada ni siquiera debió esperar al 10 de diciembre: la semana pasada, el abogado acompañó al ex ministro de Energía Juan José Aranguren a los tribunales de Retiro. 

“Juanjo” se atajó durante casi dos horas ante el juez Luis Rodríguez. El ex CEO de Shell está imputado y ahora procesado por negociaciones incompatibles con la función pública. Más conocida como conflicto de intereses, esa figura amenaza con volverse un problema habitual para algunos funcionarios de Cambiemos.

Además de representar a Macri, Pérez Chada arrastra una clientela vinculada al gobierno: Aranguren, el jefe de los espías Gustavo Arribas, el presidente de Boca Daniel Angelici, el secretario de Modernización Andrés Ibarra y el ex director de la Aduana Juan José Gómez Centurión. Este penalista de 61 años intentará cuidarles la espalda en la retirada del poder. Un éxodo siempre cruel. Pero Pérez Chada pretende algo más: hacerlo sin alterar su histórico perfil bajo. 

En los últimos cuatro años, el abogado presidencial trató de esquivar la mesa judicial de Cambiemos, en donde política y justicia fueron parte de un mismo lenguaje. Y ahora, cuando ese grupo se encuentra en pleno desbande, Pérez Chada subraya la diferenciación. Se abraza a su mirada técnica y rechaza el mote de operador en Comodoro Py, donde trabaja uno de sus hijos. 

Así, se despega sutilmente del núcleo de influyentes integrado por José Torello, Fabián “Pepín” Rodríguez Simón y Daniel Angelici. 

“Es un abogado del establishment. Es sobrio, formal y solvente. Pero no tiene una relación aceitada con Comodoro Py, como la tenía Darío Richarte o Javier Fernández”, asegura un abogado y habitué de los tribunales de Retiro. Javier Fernández no opina lo mismo. El mítico operador peronista y todavía Auditor General de la Nación lo señaló en un reportaje que le hizo la revista Crisis. Ante la pregunta sobre quién es el Javier Fernández de Cambiemos, contraatacó: “Están todos bastante bien escondidos, pero podrías averiguar si no fue Pérez Chada a hablar con un camarista para pedir que meta preso a (Jorge) Brito”.

Cerca de Pérez Chada lo niegan enfáticamente. A la vez admiten que el nuevo clima político tendrá efectos sobre Comodoro Py. Hace casi cuatro años, el abogado de Macri se benefició con la transición inversa: el 29 de diciembre de 2015, el juez Sebastián Casanello desvinculó a Macri de una trama de espionaje y pinchaduras telefónicas. Seis meses después, la misma Sala Federal que lo había procesado confirmó la decisión. En 2017, Pérez Chada consiguió el sobreseimiento exprés de Gustavo Arribas, acusado de recibir una coima por parte de la constructora Odebrecht.

A punto de terminar su mandato, el presidente Macri acumula 144 denuncias en su contra. Pérez Chada se concentrará en las que se conviertan en imputaciones.

A Macri lo conoció en 1997. Se lo presentó el entonces vice de Boca, Pedro Pompillo. El acercamiento se tradujo en una relación de sociedad y competencia larvada con el estudio fijo de la familia y el Grupo Macri: el de Santiago Feder y Ricardo Rosental.

El otro cliente importante del defensor oficial es el Grupo Clarín. Llegó de la mano del jurista Julio Martínez Vivot, breve ministro de Defensa del dictador Reynaldo Bignone. Antes de morir, (Pérez Chada era su ayudante en la cátedra de Derecho del Trabajo de la UBA) Martínez Vivot lo impulsó para continuar como representante del grupo. Ahí también se acostumbró a atajar penales: por ejemplo, probar la compra legítima de Papel Prensa.