La elección en el país caribeño dejaron mucha tela para cortar. Muchos países cuestionaron a Venezuela por lo que consideran un proceso electoral ilegal. El principal argumento: la muy baja participación electoral, que fue del 46%. Sobre ese porcentaje, Nicolás Maduro sacó el 65%, obteniendo un claro triunfo. La oposición optó entre la participación y la abstención. 

Entre los países que criticaron a Venezuela sobresale Chile, un país que además es elogiado en todo Sudamérica por su calidad institucional. Sin embargo, en las últimas dos elecciones presidenciales (en la primera ganó Michelle Bachelet, en la segunda, Sebastián Piñeira) votó menos del 47% del electorado. Nunca nadie objetó a ese país por tener esos niveles de participación. Todo lo contrario: Chile es considerado uno de los países con mejor calidad democrática de la región. 

En Venezuela votaron 9 millones de personas, sobre 20 millones de inscriptos. Del total de participantes, alrededor de 6 millones se inclinaron por Maduro, que logró aumentar el caudal electoral desde la elección parlamentaria de 2015. 

La oposición realizó el viaje inverso: hace tres años sacó 7,5 millones de boletas. Ahora, decidió elegir entre dos estrategias: la participación (fue con tres candidatos diferentes) y la abstención. Esa divergencia le hizo perder el caudal electoral que había tenido en 2015 y que le había garantizado la victoria.