Hace un año y medio, prácticamente toda política argentina creía que María Eugenia Vidal era la dirigente invencible. Podía ser gobernadora de Buenos Aires o presidenta del país. Lo que ella quisiera. Hoy, Vidal debió dejar Buenos Aires por una paliza histórica (es la primera vez que un mandatario no logra revalidar) y se encuentra muy desdibujada en la oposición. Son pocas las voces que hoy le ven un futuro ejecutivo en 2023. Nuevos tiempos...

Ante un escenario que Vidal nunca previó, la dirigente macrista intenta generar algo de ruido a partir de encuentros con militantes de Cambiemos. Por ahora, Vidal apuesta sus fichas en ese lugar, sin criticar a Mauricio Macri. ¿Volverá a Capital Federal con su amigo Horacio Rodríguez Larreta?

En un encuentro de San Isidro, Vidal se refirió a su perfil bajo: “No me fui a ningún lado, mi vocación sigue intacta y queremos empezar otro ciclo”, aclaró. Y pidió: "No podemos hacer un rejunte, debemos construir con dirigentes que tengan nuestros mismos valores". 

Además, describió: “La enorme crisis de seguridad, en donde hay más delito, más droga, una sensación de desamparo y de que no hay ley ni quien la puede hacer cumplir. Se vienen tiempos muy duros”.

Después, ensayó una autocrítica: “A lo mejor los docentes sintieron que había dejado de escucharlos, que en la discusión con los dirigentes sindicales perdí mi vínculo con ellos . En cuatro años hay muchas cosas para cambiar, pero yo quería hacer todo rápido, enseguida, y en realidad hay cosas que necesitaban tiempo".