(por Ignacio Cantala) El momento de las vacaciones, ese breve espacio que anualmente esperan millones de familias para disfrutar y relajarse, generalmente suele coincidir con decisiones políticas tomadas con precisión para utilizar los niveles de conciencia relajados a fin de disipar, matizar u ocultar las malas noticias. El mes de Enero de 2018 podría llegar a ser el paroxismo de esa relación. Una devaluación cercana al 10%, el aumento de tarifas en servicios, transporte, prepagas, peajes y una inflación que ya no reconoce metas fueron parte del combo de verano del Gobierno Nacional. En la provincia de Buenos Aires debe agregarse el tarifazo impositivo producto del revalúo inmobiliario impulsado por la Gobernadora Vidal, que desató una serie de movimientos para analizar.

Tarifazo inmobiliario: ajuste sobre sectores medios y reducción de la recaudación municipal

En sintonía con el gobierno nacional, a fines del 2017 Vidal impulsó profundas modificaciones impositivas. Con el propósito de amortiguar la reducción en la recaudación producto de la disminución en ingresos brutos y el impuesto a los sellos, la Gobernadora aplicó un agresivo revalúo inmobiliario urbano y rural. En primer lugar, la modificación significó que miles de bonaerenses, antes exentos, sean ahora sujetos obligados de este tributo e incluso muchos deberán incorporarse al pago del impuesto nacional a los bienes personales, pues la nueva valuación inmobiliaria afectará su situación respecto al mínimo no imponible. Por último, la reforma golpea las arcas municipales, ya que la nueva tabla de valuación supondrá de manera indirecta un aumento en la tasa de ABL. Se sabe que ante una situación económica apremiante las tasas locales son las primeras en la lista de incobrables.

Fue sin dudas una reforma a las apuradas, sin consultas con los municipios y sin una mirada integral del sistema impositivo provincial. Muchos coindicen que afecta a los sectores medios bonaerenses, perjudica las arcas municipales y acarrea severas consecuencias en la actividad económica.

Unidad: pragmáticos, ególatras, idealistas y milleanials

Frente a ello, en el universo de descontentos, las quejas y reclamos, y la aspiración de modificar la realidad, siguen sin encontrar en el peronismo el eje catalizador de un sinfín de demandas.

Entre los militantes comprometidos, la variedad de miradas de la dirigencia política y la indignada ciudadanía no se ha resuelto el dilema de la unidad. Las respuestas suelen asociarse a posiciones pragmáticas del estilo “la gran casa peronista”, como expresión del espíritu peronista que ordena que “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”; por otro lado, están aquellos que plantean reparos en función del lugar que ocuparía tal o cual dirigente, siendo generalmente sus voceros los protagonistas de rupturas que fragmentaron el espacio opositor, son los de la “unidad si, pero…”; en otro vértice, se agrupan los de mirada ideológica, de posiciones claras, tendientes al mediano y largo plazo, y aunque generalmente correctas, muchas veces afectadas por el fuego amigo de individualidades díscolas. Para éstos la respuesta está en la construcción de proyectos colectivos y su desafío será resolver el banquete de sapos que se forma cuando se conjuga su salida con la noción de la unidad sin otro fin que la victoria. Por último, están los “vivos”, los cancheros, los que dicen conocer la salida sin los traumas ni sufrimientos que por una u otra razón aqueja al resto. Ellos avanzan sin ataduras, libres de cuerpo, de historias, libres de pasado y también libres de proyecto futuro. Son el impulso del puro presente, los estrategas del movimiento político millenials sostenido en las selfies. En su plano la decisión de algunos intendentes de adherir al pacto fiscal parece una acción de realpolitik para llegar a fin de mes con la ayuda de fondos provinciales, pero resaltar o copiar el decreto presidencial de evitar nombramientos de familiares resulta un exceso innecesario.

Más allá de estas inexactas caracterizaciones el problema del peronismo es la carencia de un proyecto político hegemónico. Sin coincidencias en el modo de enfrentar, derrotar y proponer un proyecto opuesto al neoliberalismo de Cambiemos, la reconstrucción de alternativas se perciben lejanas.

La cumbre del PJ Bonaerense donde se planteó, entre otras cosas, un acercamiento con sectores de la oligarquía agraria podría ser parte de una acción difusa, poco clara, cortoplacista y mediática, o bien un indicio de aventurarse a una experiencia ya conocida: el camino Massa. Pese a los errores, el proyecto de Massa expresaba políticamente las ambiciones de parte de la facción de capital dominante representantes del capital nacional y las pymes, enfrentados con los sectores del capital transancional. Útil en la elección del 2013, Massa resultó abandonado por sus patrocinadores en la elección del 2015, aunque lo dejaron con envión necesario para garantizar una expresión peronista que sea útil a las victorias de Macri y Vidal. Con el objetivo cumplido el experimento fue descartado. Varios dirigentes bajo los eufemismos de “oposición inteligente”, “renovación”, “regeneración” y “autocrítica” se anotaron para cubrir esa vacante con miras al 2019. Enfrentados con esta mirada deben leerse las ausencias de Magario y Espinoza, que reclaman una oposición firme como punto de partida para la acumulación política.

El gobierno también se guarda la carta de la Gobernadora Vidal para ocupar esa vacante. Ella sería la salida de centro cuando el esquema de acumulación financiera resulte insustentable. Incluso algunos especulan con el desdoblamiento de las elecciones en la Provincia de Buenos Aires, de modo que Vidal garantice el triunfo bonaerense y luego se sume a una fórmula presidencial. Parece poco probable y desprolijo, pero si algo tiene claro Macri es que para sostener el poder todo vale.

Lo material y lo simbólico: el reloj de arena sigue corriendo

Todos los analistas destacan las inconsistencias del plan económico del gobierno. Los índices de la economía evidencian un deterioro de la actividad económica en todos los sectores y un ajuste muy fuerte sobre el bolsillo de los trabajadores. Lo material impondría así un límite objetivo al gobierno nacional, aunque la determinación de la base económica trasladada como impacto político puede resultar parcial. El Gobierno Nacional, con la indispensable ayuda de los medios de comunicación ha logrado ganar batallas simbólicas que se imponen como sentido común en amplios sectores de la sociedad, a pesar incluso de sus propios intereses. Enemigos simbólicos y medidas de supuesta transparencia son formas de ocultar el defalco general de la economía. El gobierno respira y gana tiempo, pero la arena sigue fluyendo en un reloj que nadie del gobierno sabe cómo volver a girar.

Los sectores de la oposición y en especial el peronismo tienen poco menos de dos años para hacer coincidir el inevitable debilitamiento -en el mejor de los casos- o la crisis de la economía macrista con la aparición de una alternativa política unida, plural y con futuro.