(Por Ignacio Cantala) En acuerdo con la cúpula partidaria, todos los sectores del peronismo bonaerense cruzaron a Julián Domínguez y decidieron postergar el Congreso partidario que iba a sesionar este fin de semana en Santa Teresita.

"Como no le gusta las resoluciones que toma el Partido, Domínguez se larga a decir cualquier cosa en los medios" declaró en off uno de los miembros del Comité de Acción Política del PJ para resumir las causas que llevaron a la suspensión de último momento del Congreso que mañana iba a reunir a las principales figuras peronistas en Santa Teresita.

La referencia no es inocente, el enojo entre los dirigentes del peronismo bonaerense con el ex presidente de la Cámara baja surgen porque durante los últimos 10 días, en ausencia del presidente del PJ bonaerense Fernando Espinoza, Domínguez buscó posicionarse hacia adentro del partido intentando marcar la agenda política, pero también queriendo cerrar sin consensos negocios con consultoras.

Pese a que el acuerdo de todos los sectores es apuntar a la unidad del peronismo, Domínguez busca, enmascarado en un discurso de amplitud, tomar distancia de Cristina y meter por la ventana a los sectores que no participan de la vida política partidaria, principalmente al Frente Renovador.

Esta estrategia, que encuentra apoyo en los dirigentes del Movimiento Evita, es la que provocó la decisión de posponer el Congreso donde no iban a estar ni Cristina Kirchner, ni Florencio Randazzo, y tampoco Daniel Scioli.

La evaluación de la cúpula partidaria es que con buena parte del peronismo alineándose con CFK, la disonancia iba a estar encarnada por Domínguez, que en la previa del encuentro anunció que más allá de lo que decida el PJ, ya tiene decidido candidatearse con Randazzo.

"La postergación del Congreso nos va a permitir ordenar mejor las discusiones internas y también demostrarles a los que se cortan solo, quien dirige el partido" explica un jefe municipal que minimiza el impacto político de la suspensión, y recordando que el Congreso extraordinario de diciembre también se postergo una semana.

"Los que mean afuera del tarro van a quedar aislados" anticipó la misma fuente.

En rigor, la escalada de tensión tuvo su punto máximo en la última reunión preparatoria que ayer reunió a los principales dirigentes bonaerenses en la sede de Matheu, para consensuar el documento que se iba a difundir a última hora del sábado y que prometía tener una crítica rotunda a la política del gobierno nacional.

Allí, el sector que le responde al dúo Randazzo-Domínguez cuestionó que en el texto haya una defensa explícita de Cristina Fernández de Kirchner, como continuidad de la línea que marcó el PJ en el Congreso extraordinario del 29 de diciembre, donde además de expresar la preocupación por la situación de la ex presidenta y su familia, se exigía la libertad de Milagro Sala.

"No queremos que la tapa de Clarín del lunes sea que el PJ protege a Cristina" dijeron ayer por lo bajo, hasta que esa posición fue asumida públicamente por Domínguez cuando consideró que defender a Cristina "no va de la mano con una construcción amplia que necesita el peronismo y hay muchos intendentes que no lo avalan".

Sin embargo, cuando los dirigentes lo acorralaron para que dijera quienes son los jefes distritales que no quieren acompañar a la ex presidente, Domínguez reculó y reconoció que esa era su posición personal.

No obstante, una vez más encontró apoyo en el Movimiento Evita, que a través de Leo Grosso, coincidió en no hacer una defensa explícita de Cristina Kirchner, lo que provocó que se caldeara el ambiente aún más.

Para terciar la discusión que estaba subiendo de tono, el intendente de Ituzaingó, Alberto Descalzo propuso repetir la defensa de Cristina y la reivindicación de los 12 años de gobierno kirchneristas, del mismo modo que figuró en el documento de diciembre.

No conforme con lo resuelto, inmediatamente después de la reunión Julián Domínguez se lanzó a un raid mediático que continúa por estas horas, mostrándose como candidato más allá de las definiciones partidarias.

"Nosotros vamos a hacer nuestra propia lista y tenemos la decisión de avanzar en esa dirección" fue la declaración que peor cayó entre los peronistas de la provincia de Buenos Aires.

Desde el kirchnerismo señalan que detrás de esta posición existe un intento de acercamiento al oficialismo provincial por parte del eje Randazzo-Domínguez, que apuntaría a garantizarle a María Eugenia Vidal la gobernabilidad de un peronismo "racional" ante una eventual derrota en octubre.

Antes, por acuerdo político o por conveniencia, el espacio del que la mayoría de los intendentes peronistas bonaerenses toman distancia, buscaría armar cueste lo que cueste, una lista que vaya a fragmentar el peronismo en el principal distrito electoral del país.

Los encontronazos con el sector afín al eje Randazzo-Domínguez se sintió durante todas las reuniones que hubo a lo largo de esta semana, en coincidencia con la ausencia del presidente partidario.

Primero en la reunión de la mesa de Acción Política, algunos dirigentes expresaron la intención de sumar al Congreso al triunviro de la CGT, Héctor Daer, que además es diputado por el Frente Renovador. La excusa que pusieron para invitarlo fue que iría en representación de la rama sindical.

Varios intendentes recordaron que el massismo es una fuerza política ajena al peronismo y que no había posibilidad de que participen.

Más duro, un jefe municipal del conurbano espetó a los gritos que "acá todavía hay muchos que siguen trabajando para Massa, si no hay acuerdo de que el Frente Renovador no participan del PJ, no tenemos nada que hacer acá".

El otro round, fue la sesión de diputados donde con el quórum brindado por el massismo, el Bloque Justicialista y el Movimiento Evita, el gobierno nacional consiguió aprobar la ley de modificaciones en las Aseguradoras de Riesgo de Trabajo (ART), cambio que afectan la posibilidad de los trabajadores de litigar contra las empresas.