Tras haber conseguido 41 de las 64 Intendencias bonaerense obtenidas por el Frente Cambiemos en las elecciones generales de octubre, la UCR salió inmediatamente a marcar el terreno dentro del Frente que conforman junto al PRO y la Coalición Cívica, exigiendo cargos de gestión ejecutiva a nivel provincial, a la gobernadora electa del PRO, María Eugenia Vidal.

Esa presión tuvo como mediador, claro, a Ernesto Sanz, hombre del radicalismo conservador, que se erigió en estas elecciones como responsable directo de haber dispuesto la estructura de la UCR al servicio del triunfo electoral del Frente Cambiemos, que llevó a Mauricio Macri a la Presidencia y a María Eugenia Vidal a la

gobernación.

Pero la decisión repentina del senador mendocino, de bajarse del armado político del flamante gobierno nacional creó una situación de tensión inédita dentro de la coalición de fuerzas, a apenas horas de la elección que consagró el histórico triunfo del electo Presidente de la Nación, Mauricio Macri.

Y uno de los primeros en manifestar su disconformidad fue el propio jefe del comité del radicalismo bonaerense, Ricardo Alfonsín.

Es que desde distintos espacios de la Unión Cívica Radical habían salido ya a manifestarle a Sanz el descontento de dirigentes y referentes por lo que consideraban no había "devolución" por parte del PRO en el armado de las administraciones políticas de la Provincia de Buenos Aires y de la Nación.

La cúpula de la UCR ya había salido a recordarle a Vidal, a horas de la elección que la consagró Gobernadora bonaerense, el "aporte fundamental" a los resultados de Cambiemos en las elecciones.

"Por ahora la bronca está encorsetada, pero después del 22 algo fuerte va a pasar", decía a Télam en estricto off de récord un dirigente de la UCR bonaerense, quien en una frase tradujo el estado de ánimo de los correligionarios: "Los macristas laburan para ellos mismos; te pagan, pero poco".

Es que sienten que el macrismo se está quedando con la mejor parte de la alianza. La renuncia repentina del titular de la UCR y senador saliente Ernesto Sanz, a la conducción partidaria y a un posible nombramiento como ministro de Justicia del futuro gobierno del Presidente electo (y no en la jefatura de Gabinete que pretendía), dejó en claro que las pretensiones del radicalismo son excesivas para Macri.

Los cañones de la UCR, que en este momento apuesta a consolidar poder en el palacio legislativo apuntan a que ni el electo Presidente Mauricio Macri ni la gobernadora electa María Eugenia Vidal dan señales de reconocimiento al radicalismo por haber dispuesto su estructura nacional a favor de Cambiemos y del triunfo de los referentes del PRO.

Es por ello que días atrás, Horacio López, electo senador radical por la sexta sección electoral bonaerense declaraba: “No hay ninguna posibilidad de armar un bloque con Cambiemos. El plan de los correligionarios es mantener su autonomía e identidad. No podemos abandonar a la UCR".

Sus palabras, a horas de haber conseguido la vuelta a la gestión del Estado Nacional, de la mano de Mauricio Macri, dieron indicio de malestar en la convivencia con los dirigentes del PRO, con quienes conforman la coalición gobernante a nivel nacional y provincial, junto a la Coalición Cívica.

Como sea, la negativa del actual senador nacional de la UCR a integrar el gabinete nacional, no es una señal de salud interna en la coalición de gobierno, ya que pone en jaque las intenciones de la dirigencia radical de ser considerados en el armado ministerial, y en cargos de gestión por el PRO.