En la apertura del º143 período de sesiones Legislativas bonaerenses, Daniel Osvaldo Scioli entró con pelota dominada para jugar el que parece ser el partido más difícil: definirse como el precandidato de la continuidad aunque ‘con cambios’. Apunta, entonces, a convencer a propios y extraños, aunque la posibilidad de no dejar conforme a nadie es temible.

“El verdadero cambio en la provincia y en la Argentina no es cambiarlo todo. Eso ya fracasó. Es mucho lo que avanzamos. No puede ser siempre volver a empezar”, postuló el lunes pasado el mediodía en la asamblea conjunta que tuvo lugar en la cámara de Diputados de La Plata.

A diferencia del delantero xeneize, este Daniel Osvaldo se corre del lugar de figura estelar –lugar complejo y para pocos si los hay– y evita generar expectativas que no podría satisfacer. Sobre todo, cuando se tiene en cuenta que la antesala del lunes, fue el sentido acto de Cristina Kirchner en el Congreso nacional.

Es por ello que, tal vez más por imposibilidad que por atino, DOS ni siquiera hizo el intento de dar un discurso descollante, de llenar la plaza de militancia, de mostrarse apoyado por la juventud o de realizar anuncios de agenda para el último año de gestión provincial. Lejos estuvo de intentar alguno de los gestos de vigor que se vieron el domingo, momento en que él estuvo presente como espectador de lujo.

Nada de eso. Scioli siguió el libreto tan al pie de la letra, que tanto los políticos como los periodistas presentes anticiparon lo que iba a decir sin necesidad de prestarle suma atención. A tal punto que no fueron pocos los que se perdieron el hilo del discurso del Gobernador cada vez que su voz se iba apagando como en fade out. Claro, todos recuperaban la atención cuando el tono subía, las lapiceras volvían a tomar anotaciones y los celulares lanzaban algún encomillado para las redes sociales.

Por la cantidad de factores antes mencionados, la foto del 1M representa un partido muy difícil y queda claro que el player de Villa La Ñata prefiere no jugarlo.

La pregunta que despierta una mueca de sonrisa entre los que se visten de naranja es si, en definitiva, hay realmente alguien que pueda estar a la altura del desafío y satisfacer todos los requisitos para ser la cara de la continuidad pura.

Por el momento, el ministro Florencio Randazzo es el que mejor sobrevive a ese sayo (que también Sergio Urribarri y Julián Domínguez intentan ponerse). Pero el desafío de suceder en el cargo a Cristina y al mismo tiempo asegurar ser la persona que “continúa la transformación” puede volverse un reto imposible con el correr de los meses. No es un dato menor que la bandera de La Cámpora fuera “el candidato es el proyecto”.

Tampoco lo es el pedido de Gabriel Mariotto, de que le dejen libre el camino a DOS. Gesto que fue públicamente devuelto por el gobernador. "Gracias por la honestidad intelectual", le dijo a su vice y hubo aplausos de algunos sectores.

Así las cosas, el acto del exmotonauta tampoco podía irse para el otro lado. Es decir, la continuidad también debía quedar expresada en palabras. Por eso, el Gobernador se encargó de recordar que “estoy en el proyecto político al que convocaron Néstor y Cristina desde el principio”.

En este sentido, no faltaron referencias y elogios al Gobierno nacional. YPF, Aerolíneas, ferrocarril, la AUH y las políticas de DDHH estuvieron prolijamente consignados en el discurso. Por el contenido, el tono o la forma de hablar de las problemáticas de seguridad, DOS también se despegó de la oposición.

De este modo, Scioli ratifica su pertenencia y le deja el camino allanado como tercero en discordia, a Mauricio Macri, otro que también tuvo oportunidad de hablar en el inicio de sesiones el domingo, aunque muy deslucido.

Más allá de embanderarse con las consignas del justicialismo, por su raíz no peronista, el ingeniero es el dirigente que mejor se perfila para ocupar el rol del actor electoral opositor.

La situación, en cambio, es bastante más complicada para Sergio Massa. Y esto se debe no solo a que su espacio político sufre bajas constantes en el último tiempo. Al problema del éxodo se le suma el de la falta de identidad.

Si Scioli logra posicionarse como el candidato de la continuidad con cambio y Mauricio Macri es el representante más cabal de la otredad-k, vale preguntarse qué lugar le queda al tigrense en la ecuación. Al mantenerse en un lugar complejo, cada potencial repunte o crecimiento de Daniel Osvaldo y de Mauricio Macri afecta directamente la situación de Massa dentro del tablero electoral.

En ese contexto, DOS considera que no gana sin el voto kirchnerista, pero tampoco gana sólo con el voto kirchnerista. Necesita perforar otros sectores para imponerse y por eso intenta ser continuidad y también ser cambio.

Además quien intente ser el rostro de la continuidad del proceso que encabeza la Jefa de Estado, tiene que estar a una altura que en este momento parece difícil de emular, incluso para el kirchnerista más puro y convencido. Qué referente político del Frente Para la Victoria podrá reunir las condiciones necesarias para llenar la Plaza de los Dos Congresos, dar un discurso de cuatro horas que mantenga cautivo al público hasta el final.