La interna entre los candidatos a Gobernador del Frente Renovador (FR) vive su momento más álgido. Con al menos cinco aspirantes al cargo, todas las miradas se posan sobre Sergio Massa para que defina su postura al respecto.

Entre los que presionan más fuerte por el beneplácito del ex intendente de Tigre se encuentra su principal sostén en las elecciones de 2013, Darío Giustozzi. Es que Giustozzi fue el primero en lanzar su postulación provincial y por la relavancia de su apoyo en las elecciones pasadas esperaba un guiño del hombre fuerte del espacio.

Sin embargo Massa parece decidido a hacer la plancha y dejar que cada uno haga su juego. Al menos todo indica que va a esperar unos meses más y luego tomará una decisión de ser necesario.

El viernes el que oficializó sus intenciones de volver a la gobernación bonaerense fue Felipe Solá. Con un acto en el Teatro Güemes de Mar del Plata, el diputado confirmó que se suma a la lista de precandidatos a suceder a Daniel Scioli dentro del FR.

Sergio Massa, que asistió al evento, tampoco se jugó por Felipe: "Tenemos cinco y todos son grandes candidatos, y no soy yo con el dedo el que tiene que elegir el candidato, es la gente con el voto", indicó Sergio Massa.

En el acto de Solá, en un intento de mostrar unidad, estuvo presente Francisco De Narváez, nueva incorporación del FR y otro que puso primera en su carrera por llegar al sillón de Scioli.

Claro que la indefinición de Massa no es gratuita. Ya son varios los que comenzaron a irritarse por la "libertad" de acción y empezaron a bajar sus apoyos. Aunque recién lo hacen desde las bases y no en lo superestructural.

En ese sentido, se sospecha que la sangría de dirigentes que sufrió Darío Giustozzi la semana pasada en su municipio podría ser una jugada del propio diputado nacional para hacerle pagar al tigrense por su falta de agradecimiento.

Encima, y para embarrar todavía más la cancha, la semana pasada Martín Insaurralde le pidió 15 días a un grupo de intendentes del espacio para definir si se sumará a la carrera. por la gobernación.

El desafío para Massa, entonces, será ordenar la interna y conseguir que deje la menor cantidad de heridos posibles. Una interna feroz sin control ni dirección le puede costar, incluso, su futuro electoral.