El fenómeno creció en las últimas décadas, al calor de las transformaciones demográficas que se vivieron en la Provincia. Mar del Plata, Junín, Bahía Blanca, Tandil y Olavarría, además de las localidades del Partido de la Costa y Villa Gesell, entre otras, son las que experimentan con mayor vigor esta consecuencia del desarrollo económico.

Es una constante en el interior de la provincia y se conoce a los nuevos conglomerados urbanos como "mini-conurbanos". Estos cordones urbanos se instalaron y crecieron en los márgenes de ciudades del interior bonaerense.

En los últimos años se ha profundizado la emigración hacia las grandes ciudades y la formación de cordones de pobreza en torno a estos centros urbanos. Pero el fenómeno tiene características particulares.

Si el Conurbano se formó a partir de la llegada de habitantes de países limítrofes o de provincias del norte argentino, estos "mini conurbanos" del interior bonaerense están conformados, además, por quienes dejaron barrios del Gran Buenos Aires.

Mar del Plata es la cara más emblemática de este fenómeno. Entre 2009 y 2013, la ciudad pasó a tener de 4 mil a más de 10 mil viviendas en asentamientos urbanos. Según la fundación Techo, hay 24 asentamientos informales en los que residen 6.975 familias.

Ese crecimiento se produjo, básicamente, en barrios periféricos, como la zona de Batán. El incremento poblacional trajo como consecuencia el aumento de la desocupación, de las viviendas precarias y del delito.