El panorama de los encuestadores cambió brutalmente después de las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires. Lejos de burdas operaciones, todos los consultores brindan un panorama similar que se podría dar en los resultados en los comicios. Pero esas coincidencias en las encuestas son sólo a nivel nacional. En la provincia ninguno está conforme con lo proyectado, no se difunden los resultados de los estudios y los partidos evitan tocar el tema.

El rol de las encuestadoras fue puesto en duda junto con el del sistema político. El mamarracho de Río Negro, donde las consultoras aliadas al FPV le erraron por 35 puntos; u operaciones constantes como en Santa Fe o la ciudad de Buenos Aires, donde tanto para las PASO como para las Generales, donde los números que proporcionaban estuvieron lejos del a realidad, son algunos de los ejemplos que llevaron a la desconfianza.

El golpe pareció haberse sentido. Hoy, con un margen muy corto por los indecisos, todas las Consultoras otorgan un panorama similar en la elección presidencial y la discusión pasa por quienes adelantan una segunda vuelta y quiénes no. Sin embargo para la provincia la situación resulta más compleja.

En la carrera a la gobernación nadie está conforme. Aníbal Fernández mide, en todos los estudios conocidos, algunos puntos menos que Scioli y se apuntala un corte de boleta contra su figura; María Eugenia Vidal, segunda, sigue lejos y parece difícil que pueda revertir esa situación; Solá, con intenciones de crecer, más que lo que subió Massa a nivel nacional, para alcanzar a Cambiemos no logra su objetivo; y tanto Progresistas como la Izquierda pelean por meter diputados nacionales por Buenos Aires, pero a ambas fuerzas son conscientes que todavía le faltan votos.

Los propios partidos no buscan operar los resultados, como suele suceder, en cada acto eleccionario, y más faltando diez días para los comicios. Ninguno se anima a asegurar que se impone cómodamente. Fernández se muestra confiado y dijo que gana, sin embargo nunca dio un número de su caudal de votos. Hoy todo apunta a que el actual Jefe de Gabinete va a ser el peronista con menor porcentaje de votos desde la vuelta de la democracia. Menos, aún, que el 39 por ciento de Herminio Iglesias.

Desde el PRO se acordaron tarde de salir a polarizar la elección. Vidal le recuerda a cada vecino o vecina que se cruza que en la provincia no hay segunda vuelta y para “el cambio” hay que votarla. Los colaboradores de la Vice Jefa de Gobierno porteño coinciden en que están abajo, pero hablan de “una elección histórica”.

Solá había dicho que después de un debate se ubicaría segundo en las encuestas. A poco más de una semana sigue pidiéndoles el debate a Vidal y Fernández sin éxito. A pesar de eso el ex gobernador subió en los pocos estudios que aparecieron sobre Buenos Aires y desde el sector creen que seguirá con un espiral ascendente hasta el 25, aunque difícilmente le alcance.

Jaime Linares decidió central su campaña en retener a los votos que el Frente Progresistas ya tiene. Por eso tuvo un mes austero recorriendo el interior de la provincia. El oriundo de Bahía Blanca tiene un conocimiento mayor en la zona agraria y buscan apuntalar esos votos, luego de la floja actuación durante las PASO.

Mientras que la Izquierda llama al corte para la boleta de Diputados. Pitrola, en su doble candidatura a Gobernador y Diputado Nacional, prioriza la segunda para “tener una bancada de izquierda más fuerte”. Más pragmáticos y electoralistas convocaron a quienes estén pensando en un “voto útil” a que lo usen para conformar un bloque legislativo “trabajador”.

A diez días de las elecciones generales no hay números que anticipen los resultados de los comicios. Las consultoras consideran muy difícil de medir el nivel de corte de boleta y los partidos priorizan el arrastre del candidato nacional para su campaña.