Sergio Massa creció, se hizo conocido y hasta ganó las elecciones legislativas del 2013 al calor de su eslogan de transitar "la ancha avenida del medio".

Sin embargo, un poco empujado por las encuestas y otro poco como una forma de seducción a ciertos sectores del establishment, de a poco se fue inclinando hacia una postura de oposición dura al kirchnerismo.

Pero ahora, en medio de la evidente crisis de su espacio, con fugas casi diarias hacia el Frente para la Victoria o el PRO, Massa intentó dar una señal de fortaleza y prometer que no se baja de su precandidatura presidencial.

"No puedo formar parte de un espacio que piensa que los planes [sociales] la gente se los gasta en chupi y juego", afirmó el diputado Sergio Massa en una entrevista en La Red, del Grupo Uno.

Esa fue su respuesta a una consulta sobre un acuerdo entre el Frente Renovador y Pro para las primarias de agosto.

"A discutir carguitos no estoy abierto", dijo después, y allí puso sus condiciones para sentarse a discutir con el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri.

Así, la afirmación de que sigue en carrera vino acompañada de un volantazo en su estrategia discursiva. Para diferenciarse de Macri, volvió a su papel inicial y a ese mantra algo naif de "destacar lo bueno y criticar lo malo".

En esa línea, y casi repitiendo un libreto preestablecido, ayer le prometió hoy a los gremios del Transporte que en caso de ser presidente Aerolíneas Argentinas seguirá siendo estatal, aunque “más eficiente y fuerte, sin ñoquis de La Cámpora”.

De esta manera, el líder del Frente Renovador se diferenció muy concretamente de Macri, quien durante su encuentro con los sindicatos nucleados en la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) había calificado a la compañía como “inviable” por la magnitud del déficit con la que opera.

Con el mismo objetivo, hoy Massa recorrió el centro de Loma Hermosa, ciudad del partido de 3 de Febrero junto a Francisco De Narváez, Gabriel Katopodis, Malena Galmarini y los precandidatos a intendente de dicho partido; Diego Achilli, Eduardo Márquez, Marcela 'Tigresa' Acuña y Martín Jofré.

Casi sobreactuando su repudio al neoliberalismo de Macri, expresó: “Quiero un país en el que el que tenga un programa social no tenga miedo por esa lógica de ajuste que expresan los sectores de derecha. Yo escuché a sectores del macrismo decir que la gente se gastaba la Asignación Universal en el juego y en el alcohol; eso es no conocer la pobreza, y los que no conocen la pobreza, no pueden gobernar el país”.

Aunque hizo equilibrio para que ese rechazo a las propuestas más liberales del PRO tampoco lo diluyeran como una variante descremada del kirchnerismo.

"No creo en el país de Cavallo ni creo en el país de Kiciloff, quiero el país de Lavagna, que es el país del crecimiento ordenado, del desarrollo, y de la inclusión", remató.

La elección de Lavagna no es casual: el ex ministro de Economía está asociado a una etapa kirchnerista inicial y ya mistificada por la oposición. Un tiempo en el que Néstor Kirchner era bueno y casi no había conflictos, según el relato idealizado de la opo.

Así, mucho más disminuido que después del triunfo en las legislativas del 2013, Massa decidió recalcular y volver a la ancha avenida del medio. La incógnita es si todavía está a tiempo de aprovechar esa postura y si todavía suena fresco y verosímil.