Tras el alejamiento que provocó la dura derrota electoral de las PASO, donde María Eugenia Vidal quedó a 18 puntos de Axel Kicillof, la gobernadora acercó posiciones con la Casa Rosada para finalmente aceptar el traspaso de Edenor y Edesur a la órbita de la provincia de Buenos Aires.

Según informó el portal LPO, las condiciones que imponían desde La Plata establecían que la secretaría de Energía de la Nación debía resolver deudas del Estado con las empresas por la provisión de energía en barrios carenciados (tarifa social) y un compromiso de congelar las tarifas por lo que queda de 2019.

El traspaso había nacido como reclamo de los gobernadores peronistas que exigieron a Macri que Buenos Aires y CABA asuman los costos operativos y de inversión de las redes de agua y cloacas de AySA y del servicio de Edenor y Edesur, en medio del ajuste fiscal que la Casa Rosada trasladó a las provincias gobernadas por la oposición.

Desde la asunción de Cambiemos, las distribuidoras eléctricas han tenido ganancias millonarias producto de los brutales tarifazos implementados por el gobierno. Sin un plan de inversiones que mejore el servicio, las empresas han volcado sus utilidades a la timba financiera, por medio de la compra de los distintos bonos, donde han tenido mayores márgenes de ganancia.