El peronismo bonaerense cayó a la lona tras una pelea que tuvo tres rounds electorales, desde su inicio en las PASO del 11 de agosto, pasando por las generales del 25 de octubre y que concluyó con el balotaje donde Daniel Scioli conoció la derrota por escaso margen a manos de Mauricio Macri. La caída del Gobernador bonarense se entiende, en gran parte, por los problemas que tuvo el PJ en esa provincia y que hoy se encuentra en una crisis declarada.

Los primeros síntomas de que algo andaba mal en el pejota bonarense se vieron reflejados en las Primarias con la derrota de la fórmula para la gobernación que integraba nada menos que su presidente e intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, acompañado del titular de la cámara de Diputados y amigo del Papa, Julián Domínguez. Pese a contar con el aval de la mayoría de los intendentes del conurbano, la interna dio como vencedor al binomio armado por la Rosada, Aníbal Fernández-Martín Sabbatella. La famosa estructura electoral de los jefes comunales, que supuestamente garantizaba el manejo de las urnas, no sólo no pudo imponer su candidato para el sillón de La Plata, sino que tampoco salvó las ropas de varios de los barones que, o bien cayeron en las internas locales, o quedaron contra las cuerdas de cara al próximo round de octubre.

Para colmo, a la disputa de conducción que hubo entre los caciques comunales y La Cámpora con el apoyo de la Rosada, hay que agregarle la experiencia díscola de Sergio Massa. El Frente Renovador sufrió muchas bajas respecto de lo que llegó a ser en 2013 y fracasó en el intento de colocarle la banda presidencial al tigrense. Pero la división que provocó en el peronismo metió a toda la dirigencia de la Provincia en una pelea interna que le dio vida a los que la miraban de afuera: el casi extinto radicalismo y al PRO. Este último, un partido de raíz porteña que en 2011 ni siquiera se animó a presentar Presidente y en 2013 dejó que sus candidatos se integren sin condiciones en la lista del tigrense. Cuántos problemas se hubiera ahorrado el FpV si evitaba la fuga del "suplente" que los derrotó en las últimas legislativas.

Así las cosas, todo indicaba que el 25 de octubre, aun a costa del escenario complejo y una fórmula no preferida, el peronismo retendría la gobernación provincial. Los expertos predecían que la performance electoral de Scioli arrastraría a la victoria al del jefe de Gabinete y su compañero de NE. Sin embargo, la dinámica de lo inesperado volvió a imponerse en las urnas. Un corte de boleta histórico hizo ganar a la postulante macrista de relleno, María Eugenia Vidal, y dejó al bigote en tal estado de schock que ni siquiera salió a reconocer la derrota ante los militantes que lo esperaban en el bunker. Fue un exceso de orgullo que va a contramano del accionar del oficialismo de otro tiempo. Vale traer a colación que cuando Néstor Kirchner perdió en 2009 contra el millonario alicate colorado, fue el primero en dar la cara.

Ese domingo también terminó por decretar la debacle de los barones. El 11 de diciembre habrá una renovación histórica de intendentes del conurbano donde varios de ellos no serán peronistas. Por ejemplo, en Pilar será la primera vez que su jefe comunal no venga del justicialismo. En el oeste, la foto del diálogo de transición de Tres de Febrero en el estrambótico recinto de Hugo Curto con Diego Valenzuela es la instantánea que mejor representa el fin de una era. La penetración amarilla también llegó al sur con el sorpresivo fracaso del camporista Julián Domínguez, en Lanús, y la de Francisco Gutiérrez, en Quilmes.

Ni siquiera el gran resultado que el peronismo logró La Matanza alcanzó para frenar la debacle. Se dijo siempre que la fuerza que gana el municpio más poblado de la provincia pone al gobernador y al presidente. Ninguna de las dos cosas sucedió este año.

Reducir el avance de la ola amarilla a los conflictos internos del PJ sería restarle virtudes al armado macrista y a la voluntad del electorado. Sin embargo, ello quita que las fuentes municipales consultadas en este tiempo relatan, palabras más palabras menos, que los derrotados de las PASO patearon en contra del candidato que ganó la interna. "El que gana conduce y el que pierde... traiciona", reescribió la dirigencia peronista en octubre pasado.

En cambio, la falta de acompañamiento que hubo entre los distintos sectores en la jornada del 25, sí se produjo de cara al round final, momento en que las fichas se reagruparon para bancar la campaña de Daniel Scioli para el balotaje. El hecho quedó demostrado en los números del último domgindo 22 de noviembre. Pese al impulso que a priori entregaba el triunfo de Vidal, Daniel Scioli sacó dos puntos más que Macri en Buenos Aires.

El resultado del escrutinio muestra que DOS se impuso en el conurbano, especialemente en la tercera sección, que abarca el oeste y el sur, mientras que el interior se volcó a Macri. Incluso el gobernador saliente ganó en distritos en los que el FpV había perdido la intendencia a manos de Cambiemos.

Ahora, sin el apoyo de Nación y afuera de la Gobernación, la crisis que atraviesa el PJ es al mismo tiempo una oportunidad para los que buscarán ser las caras de la renovación. Los que están mejores parados son los intendentes del FpV que lograron mandato hasta el 2019 y aquellos que encontraron bríos en la experiencia del Frente Renovador.

Juan Patricio Mussi (Berazategui), Leo Nardini (Malvinas), Martín Insaurralde (Lomas), Verónica Magario (La Matanza), entre otros, tienen la posibilidad de dar un salto cualitativo en un PJ que necesitará de buenas gestiones comunales para compensar el terreno perdido en los ejecutivos superiores. Por otro lado, Sergio Massa es en este momento el peronista que salió más fortalecido del proceso electoral y querrá, desde adentro o desde afuera con gente propia, ganar la cuerda justicialista. Asismismo la reunificación del Fpv y el FR está por verse.

A este menjunje de disputas hay que sumar el todavía impredecible devenir de los referentes atctuales. Qué pasará con la presidencia de Fernando Espinoza; cómo se reincorporará Scioli a la vida política de la Provincia tras la derrota; qué rol asumirá Cristina Kirchner cuando deje el sillón de Rivadavia y cómo hará jugar a La Cámpora, son preguntas que todavía no tienen una respuesta clara.

En cualquier caso, el éxito o el fracaso del PJ bonarense de cara al 2017/2019 dependerá de los liderazgos venideros. La falta de un dominador claro dentro del sello provincial, dio lugar a una disputa interna feroz que terminó por dejarlos afuera del poder. El justicialismo provincial tendrá que reconstruirse en un complicado escenario en el que le toca ser oposición por primera vez en casi tres décadas.