En 2015, el entonces ministro de Transporte, Florencio Randazzo, figuró como precandidato a presidente por el Frente para la Victoria. Se llegó a decir, incluso, que Cristina Fernández de Kirchner lo prefería por sobre Daniel Scioli. La historia es conocida: Randazzo declinó su candidatura luego de que Scioli acordara fórmula con Carlos Zannini. "No puedo enfrentar a un kirchnerista", aseguró Randazzo, quien también descartó ser candidato a gobernador bonaerense. 

Dos años después, Randazzo pidió una interna en el partido Justicialista contra CFK. Recibió el apoyo de un puñado de intendentes y de la organización Movimiento Evita. La jugada le salió mal: CFK creó Unidad Ciudadana y Randazzo debió jugar en soledad. Sacó el 5% de los votos. Un papelón histórico. 

Dos años después, nadie sabe en qué anda el ex súper ministro de Transporte que apostaba a ir por todo. Hace más de un año que no se ve en actos públicos. Además, no logra crear un perfil propio ni es tenido demasiado en cuenta ni por el peronista kirchnerista (en definitiva: los enfrentó en 2017) ni por Alternativa Federal, donde poco puede negociar con sus escasos 5% de votos.

Cada vez que puede, Florencia Casamiquela, que acompañó a Randazzo hace dos años, pide "dejar atrás los rencores", lo que parece ser un sentimiento compartido por muchos peronistas y kirchneristas, que no verían mal un retorno de "Florencio" a esos espacios. El problema, parece ser, tiene que ver con el lugar que Randazzo quiere ocupar en ese retorno. Su estrella se agotó en 2017 y ahora deberá obligarse a un baño de humildad.