Hasta hace poco, Juan Aranguren era uno de los ministros principales del Gobierno de Cambiemos. En su despacho, diseñaba la política de ajuste tarifario que tanto dolor de cabeza le trajo al oficialismo. A pesar de la resistencia de ajenos y propios, el funcionario decidía a su antojo. "Tengo la banca de Mauricio Macri", recordaba Aranguren.

Pero los tiempos cambiaron. Luego de la victoria electoral de 2017, el macrismo entró en un camino cada vez más oscuro. En diciembre, avanzó con la reforma previsional a pesar del rechazo social, lo que generó una primera caída de la imagen positiva de Casa Rosada. Desde enero de 2018 todo empeoró: la crisis cambiaria y económica puso a Macri en una situación crítica. El acuerdo con el FMI empeoró todo el panorama. 

En ese contexto, Aranguren siguió encerrado en el tarifazo, que tantas críticas generaba en la opinión pública. Con su soberbia, el funcionario cosechó cuestionamientos de radicales y la indomable Elisa Carrió. 

Finalmente, Macri decidió echar de la peor forma a Aranguren, que se fue molesto. Creía que merecía otra salida. Ahora, teme que todas las situaciones de "conflictos de intereses" que atravesó su mandato terminen con causas penales complicadas. Durante su gestión, el ministerio de Energía favoreció a Shell, empresa donde tiene acciones el propio Aranguren. En el llano, esa causa puede complicarse.