Ya hay nuevos aires en el peronismo bonaerense. Lo que era un secreto a voces se plasmó en una realidad partidaria y la cumbre convocada por Fernando Espinoza terminó por ser la tumba de los alicaídos barones del conurbano. El encuentro, que reunió buena porción de los dirigentes del PJ, dejó claras señales de recambio generacional y una importante cantidad de facturas que volaron para muchos.

Luego de una derrota electoral inesperada, el cambio de manos en la estructura es casi una obviedad. Lo que no quedaba claro, hasta el sábado, era quienes eran los postulantes que pudieran y se animaran a asomar la cabeza entre tantos golpes de las urnas.

Y, a pesar de lo incipiente de la discusión, la cumbre del Partido de la Costa, pareció haber lanzado definitivamente a un candidato natural y a dos competidores. Aunque entre los tres la relación es fluida y no se descuenta que jueguen en tandem para que quadarse con más lugares y más poder.

El que picó en punta, como lo había adelantado PRIMEREANDO hace varias semanas, es el lomense Martín Insaurralde. El marido de Jéssica Cirio aprovechando su popularidad, y sus buenos resultados territoriales, salió a mostrar la chapa de líder natural del partido para quedarse con el sillón que hoy ocupa Fernando Espinoza.

Pero MI no es el único con perfil de liderazgo que puede conducir. Detrás de su figura, y con claras posibilidades de entrar en la discusión, quedaron Verónica Magario, intendenta del distrito más importante de la Provincia y Gustavo Menendez, jefe comunal con mejor performance electoral de la primera sección electoral.

Los tres representan una fracción del peronismo moderada, dialoguista y,en la práctica, la tumba de los eternos barones del conurbano, tanto en los territorios como en el partido. Además fueron los impulsores del pacto de Padua y son los caciques de los tres distritos más populosos de la Provincia, una espalda nada despreciable a la hora de mostrar credenciales en la interna.

La filiación de los tres, con Magario como única con una imagen más confrontativa, los deja con buenas chances de intentar que confluyan tras su figura el peronismo kichnerista y el peronismo ortodoxo, hoy con intensos cortocircuitos.

Mientras las facturas volaban y la dupla Espinoza-Dominguez seguían apuntando hacia Anibal Fernandez por lo sucedido en octubre, las nuevas figuras del peronismo tejían sus redes y se relamían con la consigna unánime "todo el poder para los intendentes".

Se los vio cerca de Mariano Cascallares, con el que tienen muy buena relación, y lejos de históricos como Darío Díaz Perez. Una señal generacional.

El rumor adicional que se instaló en las playas de la costa es el despegue, paulatino y constante, de Magario de su antecesor Espinoza y su mayor nivel de independencia en la toma de decisiones.

A este grupo de tres hay que sumarle a aquellos que tienen apetito de conducir. De hecho ya blanqueó sus ganas Walter Festa, intendente de Moreno, y se espera que algunos más puedan sumarse a la lista.