Todo era optimismo en las últimas semanas en el Gobierno en relación a la situación cambiaria. El dólar se mantuvo calmo durante todo julio. ¿Paz definitiva?

En las dos últimas jornadas, la "turbulencia" de la que suele ufanarse el presidente Mauricio Macri volvió a posarse sobre la economía argentina. La divisa nortemericana subió 62 centavos hasta cerrar en $ 28,65 (en algunos bancos privados se vendió hasta $ 28,80). 

Los motivos hay que buscarlos en el frente externo pero sobre todo en el interno. La inflación acumulada y en aumento, abaratan mes a mes al dólar si éste se queda quieto. El Gobierno tiene un dilema: si pisa el dólar y no controla la inflación, tiene el riesgo de que la divisa deprecie su valor. Si deja mover el dólar, el riesgo se traslada a los precios, que no paran de subir en el último trimestre. 

Mientras, el Banco Central que conduce Luis Caputo sigue perdiendo reservas. Ya dilapidó un cuarto de lo que le prestó el FMI. No es cierto que los inversores no sigan prefiriendo los dólares cómo única inversión posible en Argentina.