El Gobierno está atrapado por su propio plan económico. Por ahora, logró una paz cambiaria momentánea gracias a establecer tasas en pesos altísimas (las más altas del planeta). De esa manera, atrajo inversiones especulativas hacia inversiones en pesos. El costo: una caída absoluta de la actividad, ya que nadie puede invertir con esas tasas. 

Mientras, esas altas tasas altas golpean sobre la economía y también sobre el patrimonio del Banco Central, que debe afrontar intereses muy altos. Es una lógica cortoplacista, poco sustentable. Mientras, el Gobierno atrasó el dólar, lo que hace viable la bicicleta financiera pero al mismo tiempo obliga a mantener las tasas por las nubes. 

¿Cómo se sale de esa encrucijada? ¿Cuánto puede sostener la caída de la actividad y el empleo? El gobierno podría bajar las tasas pero eso impactaría directamente sobre el dólar, que volvería a subir, como ocurrió hoy, que creció 55 centavos. Una nueva devaluación del peso impactaría sobre la inflación, que ya es récord. El mercado financiero tiene las ideas claras: quiere tasas altas o dólares. 

El problema de fondo está claro: el macrismo no desarrolló políticas destinadas a la producción, sino que alentó una lógica de deuda y llegada de capitales especulativos. Con un riesgo más: la deuda creciente empieza a convertir al país en un posible pagador incobrable. Tiene lógica: ¿Argentina podrá afrontar una deuda del casi 100% del PBI? Para desalentar ese miedo, el Gobierno ofrece tasas por las nubes.