(por Andrés Fidanza) La ex presidenta es la única dirigente capaz de nacionalizar y a la vez sumarle un plus de épica e interés (en muchos casos desde el morbo y la crítica antikirchnerista más rabiosa) a las legislativas bonaerenses. Con Cristina Kirchner en una de las boletas, la elección ya no sería una legislativa más, en la que los votantes se enteren sobre la hora de los nombres de los candidatos.

Además de romper cierta indiferencia social, su postulación en las legislativas del año próximo amaneza con llevarse puesta una buena parte de los análisis políticos de laboratorio circulantes, en direcciones todavía difíciles de calcular.

Si bien no hay confirmación oficial (en un sistema de comunicación siempre hermético y de voceros reducidos), existen indicios para presumir que Cristina Kirchner será candidata a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires. O mejor dicho: que tiene la voluntad de presentarse. Desde hace unas semanas, tanto CFK como su entorno coquetean con esa posibilidad. Sus últimas intervenciones incluyen esa chance entre líneas, mientras su tropa se entusiasma con una encuesta reciente que la da ganadora.

Según el estudio de Analogías, basado en 1.815 casos de la provincia, la ex presidenta superaría el techo de los 30 puntos: la encuesta le adjudica un 32,5%, adelante de Elisa Carrió (con 25%), y de Sergio Massa, quien sacaría 20 puntos. En el conurbano, donde la lluvia ácida sobre CFK parece haber tenido menor impacto, su candidatura alcanzaría un 36.6 por ciento. En esa zona de la provincia -donde “Macri está destruido, pero María Eugenia Vidal no”, según el consultor Hugo Haime-, CFK se hace fuerte.

El cariño que despierta su figura en el conurbano alimenta la fantasía de una Cristina inmaculada, con un nivel de acompañamiento cercano al de 2011, al de los mejores años del ciclo económico kirchnerista, tiempos del win-win entre trabajadores y empresarios. El contexto recesivo de la provincia, con las changas y el comercio informal paralizados, no hace más alimentar esa ilusión. En diciembre, por ejemplo, la envalentonada militancia cristinista reeditará el periódico Patios Militantes. Y si bien el 54% nacional de 2011 resulta imposible de recuperar, el kirchnerismo se conforma con un treinta y pico bonaerense que desequilibre el empate de tercios entre Cambiemos, el massismo y el FpV.

A partir de un cálculo algo esquemático, basado en la conveniencia de polarizar con un kirchnerismo de aparente techo fijo (y bajo), el macrismo también alienta la candidatura de CFK. Ante la falta de resultados económicos, el oficialismo buscará estirar el estado de plebiscito permanente sobre la última etapa del kirchnerismo. Y la mejor forma de subrayar el contraste es con Cristina Kirchner de candidata, en el único distrito capaz de imponer una lectura nacional del resultado electoral. Así, el discurso de la gestión y la racionalidad macrista derivarán a la fuerza en una retórica sobre la ruptura y la pesada herencia. Se trata de una apuesta riesgosa por parte del PRO.

El massismo disiente con ambas fuerzas, en función de sus propios intereses: en el partido de Sergio Massa creen que la presencia de CFK volvería bastante angosta su ancha avenida del medio. Cercana al Frente Renovador, Margarita Stolbizer llegó a sugerir que el gobierno opera judicialmente para frenar la detención de CFK, con el objetivo de manetenerla en la cancha electoral. Mucho menos confiados que los macristas, una parte de la tropa massista entiende (y entiende bien) que la candidatura bonaerense de Cristina le agregaría una electricidad impredecible a la elección.