(por Andrés Fidanza) Tras 12 años de grandilocuencia discursiva, Mauricio Macri trajo una épica del orden minimalista. Su propuesta se basó en una defensa simplista del valor del ahorro, el sacrificio, la eficiencia, el desarrollo y el fin de los privilegios. Y algo más: gradualismo económico, al menos según los parámetros del propio oficialismo. Con esa fórmula, el gobierno empezó a cerrar una primera mitad de mandato taquillera: consiguió el aval de más del 40 de la sociedad; sumado al consenso del grueso del poder judicial, de los grandes medios y de una parte del peronismo, apurada por despegarse de la etapa kirchnerista.

"Muchos dicen que esta propuesta de un país ordenado le falta épica. No estoy de acuerdo: qué más aventura épica que una sociedad que se quiere desarrollar", afirmó el presidente en el Centro Cultural Kirchner (o CCK, según su nominación oficialista).

Para el segundo tiempo de su gestión, el que definirá sus verdaderas chances de ir o no por la reelección en 2019, el gobierno prepara un reacomodamiento en la hoja de ruta: de cierto gradualismo de trazo grueso a un ajuste de letra chica. De un diagnóstico generalista, con hincapié en problemas reales de la economía macro, al establecimiento de jerarquías ideológicas más precisas, respecto a quién financiará el ahorro. Si bien todavía no abundan los detalles sobre el paquete de medidas (el oficialismo suele solar sus proyectos a cuentagotas, con la intención ir midiendo clima y repercusiones), tendría dos ejes centrales: absorber 100 mil millones de pesos de jubilaciones y asignaciones, a partir de un cambio en la Ley de Movilidad; y una reforma laboral, cuyo borrador ya circula y fue rechazadísimo por los gremialistas no alineados con el gobierno.

Cuando habla sobre los trabajadores, el discurso presidencial tiende a confundir la frontera entre privilegios y derechos. A la Sociedad Rural, en cambio, Macri le acaba de conceder un ministerio hecho a medida. El nivel del recorte a su vez dependerá de la correlación de fuerzas en el Congreso, y de la vocación que tenga Cambiemos para llegar a un “consenso” genuino (palabrita de moda en el speech de Macri). El desenlace del plan evidenciará ex post-facto cuál fue el sentido del voto reciente, sobre todo en los sectores ajenos al núcleo social del PRO y que volcaron la elección: ¿se trató de un plebiscito auto-consciente sobre la necesidad de un ajuste o fue de un apoyo un poco más vaporoso, basado en una apuesta de esperanza y renovación del crédito?

El lunes posterior a la elección, Macri dio una pista en privado. En medio de una reunión de gabinete exitista, contó una anécdota que había vivido en la noche del domingo. Tras el festejo de Cambiemos en el salón de Costa Salguero, se fue con Juliana Awada y su hija Antonia. "Fuimos a cenar a Los Platitos, en la Costanera. Un taxista en la calle me miró y me dijo: ´No soy patrón, soy peón. Pero mirá que yo confío y no llego a fin de mes´", relató el presidente, según publicó La Nación. En adelante, el desafío de Macri y de su ambicioso proyecto es alimentar con un resultado concretísimo la confianza de ese peón.