(por Andrés Fidanza) La duda es: ¿Patricia Bullrich arrastra al gobierno hacia el punitivismo o la ministra es la vocera más representativa que tiene el macrismo respecto a su política de Seguridad? Conviven opiniones diversas, incluso dentro del oficialismo; y es posible que no exista una única respuesta acertada. Sea causa, consecuencia o un debate menor, lo cierto es que La Piba empuja a Cambiemos hacia un ensayo de mano dura. Hacia la práctica desde el Estado, y ya no sólo hacia el discurso de campaña, que es un facilismo de poco riesgo.

Se trata de un giro no detallado en el prospecto del macrismo. Al contrario, el perfil sheriff solía calzar mejor en el speech de Sergio Massa. A tal punto llega el actual cambio de rumbo, que la cara más humana del macrismo -Gabriela Michetti- se muestra ajena y de hielo ante el asesinato por la espalda de un muchacho de 22 años: Rafael Nahuel.

Pese a esa homogeneidad aparente, Bullrich le pone su sello particular a la apuesta. Desde el quiebre de su biografía política, le agrega un plus a la jugada: el de la fe de los conversos. “Patricia se equivoca de buena fe”, describe (con algo de malicia) un dirigente que la trata habitualmente.

Mauricio Macri, sin embargo, la brinda un apoyo blindado. Esa banca hizo disipar el fuego amigo en contra de la ministra. Al menos por ahora.

Después del reproche televisivo de Bullrich al juez federal Gustavo Villanueva, quien investiga el crimen de Nahuel, Germán Garavano se encargó de llamarlo en son de paz. Tal es el reparto de roles, no del todo convenido, entre ambos ministros: la de Seguridad defiende herméticamente a su tropa, sean gendarmes, prefectos o policías, y se permite tensar la cuerda con jueces y fiscales desalineados. El de Justicia intenta contener a los actores del poder con el que convive.

Así, la ministra volvió a atar su suerte al desempeño de las fuerzas federales de seguridad. Como tras la desaparición de Santiago Maldonado, reforzó el mensaje corporativo intramuros. Si bien falta conocer el motivo y los detalles del contexto en que murió el tatuador, para Bullrich el ahogamiento fue causa suficiente para decretar que no hubo ni una pizca de mala praxis. El resultado de los focus group también parece darle la razón (pragmática) a La Piba.

Pero el intento de “cambio cultural” del gobierno encierra todos los riesgos que marca la historia argentina respecto a sus fuerzas de seguridad. Y a su vez entra en la dinámica del ensayo y error con la que muchas veces actúa el macrismo.

Al momento, Bullrich sigue dándole “carácter de verdad” a lo dicho por Prefectura. Según ese relato, los mapuches que ocupaban el parque nacional atacaron a los agentes con armas de fuego, usando “movimientos tácticos militares”. En el expediente de la investigación, el juez Villanueva por ahora no confirma ese dato. En su descripción del caso, diez páginas basadas principalmente en la declaración de Lautaro Alejandro González y Fausto Horacio Jones Huala, sólo les atribuye haber usado “diversas armas, entre otras, cuchillos y ondas de revoleo”.

La actual senadora nacional de la Coalición Cívica por Río Negro, Magdalena Odarda, conoce desde años a los pueblos mapuches de su provincia. “No creo que hubiera armas de fuego en manos de esa comunidad de Bariloche, que no tiene nada que ver con la RAM”, afirma. La Resistencia Ancestral Mapuche es, según Bullrich, “un nombre genérico de grupos que actúan violentamente”. Para Odarda, en cambio, la RAM es “la creación de un enemigo que no existe como tal”. Cercana a Elisa Carrió desde hace 15 años, por estos días Odarda cierra su salida definitiva de la Coalición Cívica. Lo hará por las “diferencias ideológicas” que tiene con Cambiemos. La última y más notoria es la gestión de Bullrich: “Está equivocando el camino: la violencia trae más violencia”.