(por Andrés Fidanza) El ascenso de los Rodríguez Varela funciona como una metáfora política y cultural de los tiempos macristas. De la mano del gobierno y del juez Claudio Bonadío, ese (doble) apellido consiguió recuperar vigencia dentro de la familia judicial. Enrique es secretario en el juzgado del hiperactivo Bonadío; y sumó protagonismo en la detención de Claudio Zannini, al tomarle declaración indagatoria. Su hermano Ignacio es mano derecha de un fiscal mediático, fama de sheriff y ganas de convertirse en procurador general de la nación: José María Campagnoli. Tras haber denunciado una larga proscripción por parte del kirchnerismo, Ignacio Rodríguez Varela fue recientemente propuesto por el macrismo para ascender a camarista.

La queja de Ignacio conecta con un dato de su familia: el papá de ambos hermanos es Alberto Rodríguez Varela, ex ministro de Justicia del dictador Jorge Rafael Videla y fiscal de Estado en la provincia de Buenos Aires, cuando Ramón Camps estaba a cargo de la policía Bonaerense. Pese a un pedido de detención en su contra hecho en 2012, Alberto consiguió mantenerse en libertad.

El fallo platense del “Circuito Camps” condenó a prisión perpetua a Jaime Smart, Rodolfo Campos y Miguel Etchecolatz, entre otros. Y afirmaba que Rodríguez Varela había estado en el centro clandestino de detención Puesto Vasco, “entrevistando a personas ilegalmente detenidas y torturadas”. En concreto, sugería que había avalado torturas.

Pero su red de contactos e influencia, construida a lo largo de los años, le ganó al clima de reactivación de juicios por crímenes de lesa humanidad.

Por fuera de la tradición judicial, aunque no del activismo político, existe otra Rodríguez Varela que levantó el perfil en los últimos meses. Hermana de Enrique e Ignacio, Mariana lidera la cruzada de “El Bebito”, un muñeco de plástico con el que milita contra la legalización del derecho al aborto.

Mariana Rodríguez Varela publica algunas de sus opiniones en La Botella al mar, sitio que suele denunciar el “curro de los derechos humanos” y defender a los militares condenados por crímenes de lesa humanidad.

También busca prohibir la interrupción de embarazos producidos por una violación o que pongan en riesgo la vida de la mujer, tal como permite el Código Penal.

Así se lo rogó a Mauricio Macri desde la puerta de Los Abrojos, la quinta del presidente. "Nuestro Presidente, acá desde tu casa. Te pedimos el fin de protocolo de aborto", exigió por video.

Su campaña a su vez encierra cierta decepción con Mauricio Macri, quien ensayó una jugada riesgosa respecto al debate sobre el aborto. Al calor de la militancia feminista (el movimiento más vital y rupturista de los últimos años) el presidente habilitó entre sus legisladores la apertura del debate sobre la interrupción del embarazo. Pese a esa decisión, y con argumentos a veces parecidos a los de Mariana Rodríguez Varela, la primerísima línea cambiemita rechaza tal posibilidad. Tanto Macri, como Marcos Peña, María Eugenia Vidal y Gabriela Michetti adelantaron su “defensa de la vida”. Así, el oficialismo alienta indirectamente una iniciativa en la que no cree. Y al mismo tiempo le comunica sus base que la repudia.

¿Maquiavelismo puro? ¿Una mera cortina de humo para tapar el fracaso en el control de la inflación, para ganar tiempo ante las demoradísima lluvia de inversiones? No hay una respuesta única ni concluyente al respecto. Y Jaime Durán Barba, muy a su pesar, tampoco monopoliza a piacere el pulso social y las agendas mediáticas. Pero lo cierto es que el gobierno busca sin disimulo cortar con su mala racha política, iniciada con el debate y la sanción de la reforma en el cálculo previsional. El ajuste en las jubilaciones puso en crisis la inmunidad de Cambiemos.

El discurso manodurista y las iniciativas con tufillo xenófobo fueron otros lances orientados a sumar consenso a bajo costo. Ambas propuestas representan la tabla del uno de cierta demagogia que atraviesa todo tipo de clases e ideologías. El gobierno se pegó a esos dos ítems, justo cuando en las canchas se empezaba a viralizar un insulto directo contra Macri. El MMLPQTP jaquea los pilotes desde los que Macri construyó masividad. Quizás su único rasgo popular: el fútbol.