(por Andrés Fidanza) La figura de Mauricio Macri se convirtió en un lastre para los gobernadores oficialistas. Desde Cambiemos buscan maquillar la estrategia de la des-nacionalización electoral, bajo una serie de cálculos y especulaciones difíciles de probar. Pero lo cierto es que el presidente dejó de ser una figura que empuja desde arriba hacia abajo a los candidatos de su espacio. Al contrario, los cuatro gobernadores macristas tienen mejor imagen y aprobación que su jefe político.

Ese contraste se da especialmente entre la gobernadora María Eugenia Vidal y Mauricio Macri. Si bien la hipótesis de un choque entre ambos es impensable, cerca de la gobernadora militan abiertamente la posibilidad del adelantamiento. Sin descartarla del todo, en Casa Rosada desconfían del provecho mutuo que pueda tener desdoblar en la provincia donde vota casi el 40% del padrón.

En medio del actual festival de especulaciones, operaciones y cálculos más o menos fantasiosos, existe una certeza: a los gobernadores les conviene despegarse de Macri. El derrumbe de la economía y la caída de la imagen presidencial potencieron esa evidencia.  

La chance a su vez choca con un argumento histórico de Macri respecto a la necesidad de simplificar la agenda. “No podemos vivir de elecciones. Esto distrae tiempo y esfuerzo a la gestión. Porque primero la Ciudad, luego en las provincias y luego en La Nación. Todas separadas. Es mucho tiempo perdido y es muy costoso”, se quejaba el Macri modelo agosto de 2015, poco antes de convertirse en presidente. Los intendentes bonaerenses del peronismos estimaron en 3200 millones de pesos el costo de desdoblar.

De las cuatro administraciones oficialistas con elecciones agendadas para este año (Capital, Provincia de Buenos Aires, Mendoza y Jujuy), ninguna confirmó oficialmente que se vaya a plegar con el calendario nacional. Las dos bajo mandato radical (la Jujuy de Gerardo Morales y la Mendoza de Alfredo Cornejo) tienen prácticamente cerrada la decisión de desdoblar. Tanto Morales como Cornejo superan a Macri en imagen.

Según una medición reciente de Aresco (la consultora de Julio Aurelio), el gobernador Cornejo le saca 20 puntos de ventaja al presidente. Entre los 3 mil mendocinos consultados, el 59% valora favorablemente a Cornejo; y sólo el 39,7% tiene una percepción positiva de Macri. Con un agravante para el presidente, en la comparación con el 2015: en el balotaje contra Daniel Scioli, Macri sacó casi 58% en Mendoza, más de seis puntos por encima de su promedio nacional.

En Jujuy pasa algo parecido. En la Capital, en cambio, el alcalde Horacio Rodríguez Larreta planea acoplarse al calendario nacional: las PASO serán el 11 de agosto; las generales el 27 de octubre; y la segunda vuelta para el 24 de noviembre, en el caso (muy probable) de que el candidato presidencial no saque la ventaja suficiente para ganar. Con Macri como su jefe desde hace casi 20 años, Larreta no cuenta con la libertad de decisión que tienen Morales y Cornejo. Pero por las dudas el alcalde todavía no formalizó la nacionalización electoral.

En las distritos en las que Cambiemos no puede ganar, circula el rumor de un pacto no escrito entre la Rosada y las provincias: competir livianamente por la gobernación, a cambio de colaboración nacional en la gestión.

Ese intercambio fue denunciado de forma explícita por la Coalición Cívica cordobesa. “Sospecho que Macri no tiene verdadero interés en derrotar al gobernador Juan Schiaretti", se quejó el jefe del partido de Elisa Carrió en esa provincia, Gregorio Hernández Maqueda.

En las provincias con gobierno opositor, la incertidumbre del panorama también alienta a simplificar la apuesta por parte de los líderes provinciales. En La Pampa, por ejemplo, el gobernador Carlos Verna se ahorró el estrés de tomar partido entre los candidatos presidenciales del peronismo. Adelantó lo máximo posible las fechas (las PASO pampeanas serán el 17 de octubre), favoreciendo una amplísima unidad que va desde La Cámpora hasta el massismo. Así, Verna tiene prácticamente garantizada la sucesión en Sergio Ziliotto. Después, cuando llegue la presidencial ya no estará obligado a blanquear su preferencia. Lo único seguro para ese momento es que a Macri, con una imagen provincial por el piso, le resultará casi imposible alcanzar el 33,59% que obtuvo en la primera vuelta pampeana.