Por Martín Piqué

“Para el movimiento popular que está enfrentando al neoliberalismo es un paso importantísimo que las mujeres estemos ganando el derecho al aborto”. La frase que pronuncia Estela Díaz resume la sensación que tienen millones de mujeres en la Argentina de hoy. Es la convicción de que están cerca de una victoria, de una transformación social que dejará marcas indelebles en la cultura y la vida cotidiana: la despenalización del aborto, su conversión en una práctica médica libre, segura y gratuita. Secretaria de género de la CTA de los Trabajadores, Díaz retoma un planteo que suele citar el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera: el número 2 de Evo Morales dice que, en la sociedad, las victorias culturales preceden a las electorales. Díaz se vale entonces de esa reflexión para sostener que la “despenalización social” (del aborto) se consiguió “gracias a los años de lucha de la campaña nacional por el aborto legal más la movilización reciente de las pibas” y a partir del vínculo del movimiento de mujeres con la historia de los organismos de Derechos Humanos. Esa despenalización social, sigue Díaz, es la que hará posible “la despenalización legislativa”, que vislumbra cerca.  
 
Con estudios en Letras (universidad de La Plata), especializada en cuestiones de género y movimientos sociales, Díaz es también responsable del seminario Peronismo y Feminismo que se realiza en el Instituto Patria. El curso que se dicta en la sede central del kirchnerismo fue el más numeroso en cuanto a asistentes, ya lleva tres ediciones y sus organizadores –entre ellos la propia Díaz- se preparan para trasladarlo a Quito a pedido de los ecuatorianos. 

Coordinadora del Comité por la Libertad de los Presos Políticos y también integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, Díaz cree que la Argentina está viviendo “la Revolución de las Hijas”. Así se refiere al protagonismo de las mujeres muy jóvenes, algunas hasta adolescentes, que apenas eran niñas en los inicios del gobierno de Néstor Kirchner. Para referirse a ellas, la gremialista de la CTA las llama “las pibas”. Pero al aludir a la irrupción en el espacio público de esa generación también incluye a los varones.

“Yo creo que las niñas y los niños del kirchnerismo, que tuvieron la Asignación Universal por Hijo, cuyas abuelas cobraron la inclusión previsional, que conocieron Conectar Igualdad y Paka Paka. Esas niñas y niños son los que hoy son anti-patriarcales”, asegura. Díaz no se hace la distraída cuando se le mencionan las diferencias y tensiones internas del peronismo que quedaron al desnudo con el debate parlamentario del aborto. En ese sentido, la secretaria de Género de la CTA exhorta a actualizar la doctrina del peronismo entendido como movimiento popular que incluye y amplía derechos: la emancipación, advierte, pasa por liberar a varones y mujeres de todos los mecanismos de dominación, entre los que incluye las cuestiones de clase, etnia, raza y género. 

Entre esas estructuras que sojuzgan y oprimen se encuentran –por supuesto- las relaciones patriarcales. “Que las mujeres estemos ganando el derecho al aborto es un paso importantísimo para el movimiento popular que está enfrentando al neoliberalismo”, señala en esta entrevista con Primereando.

-¿Qué puede producir en la política argentina esta oleada de protagonismo del movimiento de mujeres? El sujeto social de la transformación en los años ’70 fueron los jóvenes, en el 2001 los movimientos sociales -la figura del desocupado organizado políticamente-, y ahora el clima de época encuentra como sujeto dinámico a las mujeres.
 
-Efectivamente, es así. Y algunos la han dado en llamar la Revolución de las Hijas. Y yo diría que también de las nietas. Porque algunas son muy, muy pibitas. Todo lo que está pasando con la irrupción de las mujeres tiene un dinamismo fantástico, una gran potencia. Es una fuerza que nos pone en las puertas de transformaciones culturales muy potentes. Porque estas transformaciones fueron gestándose en un proceso histórico. En relación a lo que pasó en los ’60 y en los ’70, o qué pasó después de los 2000, nosotras venimos conversando mucho sobre los procesos de conquistas de los pueblos. El ’45, el primer peronismo, fue un momento de enorme inclusión de sectores largamente excluidos: los descamisados, los trabajadores y las mujeres con sus derechos políticos. Recordemos ese lema que decía “los únicos privilegiados serían los niños”. Esos niños privilegiados, creo yo, fueron los revolucionarios de los ´60 y ’70. Niños que crecieron accediendo a la educación, a niveles de ascenso social, politización y conquista de derechos.

-Se suele decir que los protagonistas de los ’70, los jóvenes revolucionarios, eran hijos de familias antiperonistas que se ‘peronizaron’, que por distintos factores pasaron al campo nacional.

-Hubo de todo un poco. También hubo familias tardías que habían sido radicales y que se fueron pasando al peronismo. O hijos que crecieron enfrentando a sus padres. Hay que pensar que en esa época el quiebre generacional fue muy fuerte. Era una sociedad con valores mucho más conservadores. En esos años aparecía el hippismo y la revolución era también sexual: no sólo era la revolución social. Aparecía el método anticonceptivo como una forma de autonomía y de poder controlar la reproducción: se empezó a separar la sexualidad de la reproducción. Todo eso lo cortó la dictadura, y entonces aparece la generación diezmada. Con la dictadura se disciplinó de una manera brutal: arranca en el mundo la fase neoliberal. Una fase que en nuestro continente, en la Argentina, se concretó con dictaduras. Pero luego apareció un proceso que logró tender puentes. Cuando Néstor dice “yo vengo de una generación diezmada, soy hijo de las Madres y nieto de las abuelas” lo que hace es tender puentes. Pero además corta con las leyes de impunidad: se empiezan a juzgar y a condenar los crímenes de lesa humanidad. Hay algo que liga los derechos humanos de ese momento con las luchas actuales de los derechos humanos. Y ahí lo enlazo con el pañuelo blanco y el pañuelo verde. Una de las imágenes que recorría las redes en estos días, una imagen dirigida a las mujeres de mi generación, decía “somos hijas de los pañuelos blancos y madres de los pañuelos verdes”. Porque en la calle también estuvimos las mujeres más grandes que continuamos esta lucha. Uno de los grandes desafíos que se planteó la campaña por el derecho al aborto era decir “nosotras tenemos que inscribirlo en la lucha por los derechos humanos de las mujeres”. Y eso fue uno de los grandes logros que contribuyó a construir la despenalización social, que después ayudó a que sea posible que lleguemos a la despenalización legislativa. Yo quiero relacionar lo que decía recién, sobre el vínculo de las niñas y niños privilegiados del primer peronismo con los revolucionarios de los años ’60 y ’70. Siguiendo esa línea, yo creo que las niñas y los niños del kirchnerismo, que tuvieron la Asignación Universal por Hijo, cuyas abuelas cobraron la inclusión previsional, Conectar Igualdad, Paka Paka. Esas niñas y niños son los que hoy son anti-patriarcales. Las que hoy discuten igualdad. Las que dieron, siendo muy chiquititas, la pelea por el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. Esas niñas del kirchnerismo son hoy las mujeres muy jóvenes, las pibas, que hoy están diciendo “mi cuerpo es mío, derecho al aborto legal, seguro y gratuito”. Esas mujeres lo hicieron propio: pusieron el pañuelo verde en sus mochilas y dijeron “vamos a estar acá, con frío”. Fueron ellas las protagonistas de esta revolución de las pibas, que en el fondo es muy alentadora: porque es en lo cultural. Son cambios signan épocas.  

-Paradójicamente, en un momento en el que se viene un ajuste sistemático no sólo para el mandato de Macri sino también para los futuros gobiernos, se avanza en la ampliación de derechos individuales a través de esta media sanción. ¿Cómo interpreta esa paradoja? 

-Pero no sólo fue la media sanción a la despenalización del aborto. También hubo un avance en la discusión de paridad. Se sancionó en la provincia de Buenos Aires y después en el Congreso nacional. En definitiva, y esto es importante: hoy el único colectivo que está discutiendo temas en avance y no en una posición defensiva es el colectivo de las mujeres. Por otro lado, todo lo que está pasando en la Argentina con las mujeres hay que inscribirlo dentro de un movimiento que hay que mirar no sólo a nivel país, sino a nivel global. Hay que entender a las mujeres como una fuerza que vino a construir y a decir que en la Argentina había una deuda histórica. Que ha cambiado mucho el mundo. Yo ubicaría como una bisagra, en lo cualitativo y lo cuantitativo, a todo el movimiento de Ni una menos, que irrumpe en el 2015. Ha permitido enlazar a un movimiento que surge no sólo en la Argentina sino también en el mundo. Es una corriente muy fuerte. Que surge a partir de la denuncia contra la violencia, y con el femicidio como la forma más brutal de la violencia. Pero que además se enlaza con una fuerte corriente antineoliberal. Porque enseguida se empieza a decir “no podemos decir que haya Ni una menos si las desigualdades estructurales siguen presentes”. Desigualdades que se refuerzan en un modelo neoliberal, que no sólo empeora el trabajo que hacemos –el trabajo productivo, el trabajo remunerado- sino que también empeora las condiciones de vida cotidiana en los hogares de esas mujeres. Por otro lado, el movimiento de mujeres también se liga con una resistencia popular, particularmente en Argentina, con una capacidad enorme de movilización. En estos dos años, el movimiento sindical, las organizaciones sociales, no han parado de realizar acciones de gigantesca movilización, de capacidad de convocatoria. Y eso cada vez es más creciente. El neoliberalismo que tenemos por delante es brutal. Porque lo que están haciendo en Argentina, de saqueo, casi no es equiparable a otros procesos que llevaron muchos más años. Pero también la capacidad de resistencia popular es enorme. Tenemos un movimiento popular con una fortaleza que no teníamos antes. Por eso yo creo que este ciclo no es como los otros. Como las otras fases del neoliberalismo o de las ofensivas conservadoras que hemos tenido: la dictadura o los ’90. Por otro lado, como en estos temas hay una transversalidad también aparecen ventanas de oportunidad: y las mujeres las aprovechamos. Y está bien que así sea. Porque los pueblos avanzan sobre los triunfos*. 

-Hubo abrazos con legisladoras de Cambiemos, que pronunciaron discursos terribles cuando se trataron otras leyes. Pero esas mismas diputadas, en el debate por la despenalización del aborto, acompañaron de manera elocuente y apasionada…

-A nosotras, con buena parte de quienes acompañaron el voto desde la alianza Cambiemos, no nos une nada, salvo el voto del aborto legal, seguro y gratuito. Si bien la mayor parte de su fuerza política votó en contra, una parte sí votó, el presidente dijo “vamos a habilitar (el tratamiento)” y (Daniel) Lipovetsky, que presidía las comisiones plenarias, fue quien favoreció el debate. Con ellos no nos une nada más que estar votando el aborto legal, seguro y gratuito. Eso sí, si se hace el balance de quién, o qué sector político o social, salió fortalecido después de este proceso de discusión sobre el aborto, yo creo que salimos fortalecidos los sectores populares. 


-¿O sea que no le sirvió a Macri para distraer, junto con el Mundial, como si fuera una cortina de humo? Algunos analistas planteaban eso.


-No le ha servido ni el Mundial ni la lucha por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito para distraernos de esto. 

-El peronismo vivió esta discusión en Diputados del dictamen para despenalizar el aborto con tensión interna. Se escucharon discursos muy opuestos, con una diferencia cultural evidente. Uno recuerda que el peronismo, por un lado, toma la doctrina social de la Iglesia para construir su doctrina. Tenía una relación muy cercana con el catolicismo, que la sigue teniendo. Pero, al mismo tiempo, cuando en el peronismo histórico se tensionó la relación con el Vaticano, Perón sacó la ley del divorcio. Como siempre se dice en Argentina: el peronismo es muchas cosas al mismo tiempo y está en permanente reformulación. El kirchnerismo, por su parte, también le incorporó al peronismo la lucha por la ampliación de derechos individuales: la lucha por el matrimonio igualitario, la identidad auto-percibida, recuperó la gran deuda pendiente en materia de Memoria, la Verdad y la Justicia, una cuestión estaba descuidada por el peronismo. Sobre todo por el peronismo post-dictadura. Queda claro que el peronismo no es de una forma y que nunca se modifica. Está en permanente reconfiguración. En definitiva, ¿la ola verde también va a producir modificaciones en lo que es el espacio nacional-popular?

-Sin duda. Porque claramente el peronismo es un movimiento. Un movimiento nacional que tiene vertientes amplias, y en eso incluye sectores de derecha con los que yo no tengo nada que ver. Me siento en las antípodas de ese posicionamiento. Pero si uno piensa en el primer peronismo, el de Perón y de Evita, en lo que ambos significaron en relación a todo el tema de los derechos no sólo de la clase trabajadora, se encuentra también con un cruce de clase generacional y también la inclusión de una mirada de la Patria Grande. Y el protagonismo de las mujeres. Porque Evita no sólo las convocaba a votar. También formó el Partido Peronista femenino. A Evita hay que leerla en contexto. Uno diría hoy que su práctica era absolutamente feminista, por más que ella no se definiera como tal. Pero su práctica era absolutamente transgresora. Por eso tanto odio. El mismo odio que le tenían a Cristina. Por otro lado, en relación con Cristina y el aborto, yo creo que hizo un proceso en el último tiempo respecto de este tema. Muy ayudada por la hija, como le ha pasado a muchos. Porque es la Revolución de las Hijas. A muchos legisladores les ha pasado que los hijos los volvían locos en sus casas. Tanto con ese primer peronismo, como con el segundo, el de Néstor y Cristina, traen del primer peronismo la idea desarrollista-nacional, con el eje puesto en la producción y el empleo. Pero también ponen el foco en los derechos: en la ampliación de los derechos. Como un gran movimiento nacional-populista, pero populista no en el sentido peyorativo sino en el sentido de radicalizar la democracia. En el sentido de profundizar la democracia: yo profundizo la democracia porque incluyo a quienes no están incluidos. Todo este campo se ha posibilitado a partir de la gran movilización de masas de las mujeres de los últimos años. Hay que repensar peronismo y feminismo. Actualicemos la doctrina a la luz de que nosotros necesitamos profundizar el proceso de emancipación nacional. Y eso debe incluir, sí o sí, la discusión por el patriarcado. Una discusión que debe incluir cómo todavía el sistema de dominación tiene a las formas patriarcales como formas de dominación de las mujeres de esta sociedad. Estos debates hoy se están dando ampliamente. Yo, de hecho, soy una de las gestoras de los seminarios de Peronismo y feminismo que se realizan en el Instituto Patria, y esos seminarios son los más numerosos. Ya hemos dado tres y estamos entre las 700 u 800 personas que participan en cada uno de los seminarios. Y además nos piden llevarlos a todo el país. También se van a hacer en Ecuador, junto a un instituto de allá. Hay algo que también hemos aprendidos de los bolivianos, de los venezolanos, de los procesos latinoamericanos de los últimos años. Y es que la cuestión de la lucha social, de clase, del sector trabajador, está cruzada con los temas étnico-raciales y de género y diversidad. Tienen una interrelación, un entramado. Si pensamos en construir emancipación, esa emancipación por construir es completa. Y esa emancipación requiere que miremos el conjunto de los mecanismos de dominación de la sociedad. Que no son nada más que económicos. También son culturales. Y raciales. Entonces, si son económicos, culturales y raciales, hay que mirar la clase, la etnia, la raza y el género como los factores que construyen desigualdad. Si tenemos una mirada popular, emancipadora, tenemos que pensar esos temas. Yo me inscribo desde ese lugar, y así entiendo este proceso. Los movimientos populares tienen tensiones internas pero creo que hemos dado saltos cualitativos importantes en los últimos años. 


-¿Qué piensa del discurso de Graciela Camaño, que en el recinto planteó que traer este debate sobre la despenalización del aborto conspira contra la búsqueda de la unidad contra Macri?


-Estoy completamente en desacuerdo. No creo eso para nada. Además, Graciela Camaño votó en contra del proyecto de despenalización. Ella dice eso para votar en contra. Sin embargo, otros diputados de su sector, como Felipe Solá, como Facundo Moyano, varios más, votaron a favor. De hecho, la propia Malena Galmarini y mujeres de su sector, votaron a favor. Lo que no se puede  pensar es que vamos a tener la misma lectura respecto de otras leyes. Que vamos a trasladar la dinámica del debate por el aborto a otros procesos. La dinámica por el debate por el aborto tuvo la dinámica que tuvieron, históricamente, todos los avances por los derechos de las mujeres. Y todos esos debates han sido transversales a los partidos políticos. Suelen acompañar sectores de la derecha más liberal porque, obviamente, el liberalismo más filosófico tiene que estar con las libertades individuales. Yo, a diferencia de esos liberales, tengo otra perspectiva. Yo creo que las libertades individuales se conquistan en procesos colectivos: se conquistan y se concretan en procesos de inclusión general. Repasemos algo: los ’90 fueron los años de más avance en el plano formal de los derechos de las mujeres. En esa época se aprobó la Reforma Constitucional, que incluyó todos los tratados de derechos humanos en la Constitución. Que fue, recordemos aquel momento, una reforma hecha para que Menem pudiera ser reelecto. El Pacto de Olivos. Pero, paradójicamente, los ’90 fueron el momento en el que más se avanzó con el cupo de las mujeres para cargos electivos. Se avanzó con un montón de legislación que estaba pendiente para los derechos de las mujeres. Al mismo tiempo había una distancia cada vez mayor entre la vida concreta, que se empeoraba con el empobrecimiento y lo que significaron las políticas económicas del menemismo… Sin embargo, la base de todos los debates político-ideológicos y esta fuerza de las mujeres partieron de aquella época, porque se pudieron conquistar temas que estaban históricamente recortados. Fue el momento en el que ganamos, porque en el 2001/2002 se empieza a implementar el programa de Salud Reproductiva. Casi veinte años de democracia tuvieron que pasar para que se implementara una ley de políticas que eran absolutamente legales: que era acceder a métodos reproductivos. Yo digo que todo eso posibilitó la resistencia de los 2000. Recordemos que gran parte de los movimientos sociales que conocemos, como los desocupados y los piqueteros, fueron desde un primer momento altamente feminizados. Las bases estaban construidas por mujeres. A pesar de que la dirigencia, mayoritariamente, seguía siendo masculina. Por todo eso no se puede leer el debate por la despenalización del aborto en términos lineales de la política partidaria. En definitiva, para el movimiento popular que está enfrentando al neoliberalismo es un paso importantísimo que las mujeres estemos ganando el derecho al aborto. Además, yo creo profundamente en que el pueblo avanza con conquistas y con logros: todo lo contrario de la teoría de cuanto peor, mejor. Esa mirada que cree que si nos está yendo mal, entonces está bárbaro que nos vaya mal en todo: yo no creo para nada en eso. Es clave la alegría de las pibas. Porque ellas tuvieron la absoluta consciencia de que ganaron los números para la media sanción porque estuvieron en la calle. De eso no se vuelve. Para seguir conquistando los derechos que faltan. 

-¿Por qué el violeta representa al movimiento de mujeres y  por qué, el verde, al aborto libre, seguro y gratuito?

-El violeto es el color histórico del movimiento de mujeres. Es el color que se usó siempre para el feminismo. Y el verde se utilizó por primera vez en el encuentro de mujeres de Rosario de 2003. En aquella época todavía no había nacido la campaña por el aborto libre, seguro y gratuito. Se decía “por el derecho a decidir”. Y entonces, medio informalmente, se eligió como símbolo el verde, por esperanza. Y así quedó. 

-Uno de los cuestionamientos que escucharon las mujeres organizadas que forman parte del kirchnerismo fue la mención a que en los 12 años de Néstor y Cristina se contó con mayorías legislativas y, sin embargo, Cristina no alentó la discusión del aborto. 

-Yo primero tengo que reconocer que a mí sí me hubiera gustado, no creo que al principio, pero sí en los últimos años del kirchnerismo, que habilitaran y favorecieran el debate (por el aborto) en el Congreso nacional. Pero la campaña por el derecho al aborto tiene tres lemas: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir. Y en esos tres aspectos, sin duda, avanzamos en el kirchnerismo. Porque hubo métodos (anticonceptivos) y 10 años de programa en el que creció sostenidamente, la ley de Educación Sexual con más de 80 mil docentes formados, con una política clarísima en ese sentido.

-Algunos gobernadores del peronismo no aplican la ley de Educación Sexual Integral…

-Sí. Y lo hemos denunciado. Hemos denunciado a la provincia de Salta y se llegó a la Corte, porque hasta daban educación religiosa. Arrancamos peleando todo eso con provincias que se han resistido mucho. Claramente es una pelea grande. Porque, además, en este punto aparece toda la hipocresía de los sectores muy ligados a la Iglesia que suelen decir, para que no salga el aborto: “la despenalización no, hay que educar, hay que prevenir”. Pero al mismo tiempo que dicen eso, ellos mismos combaten las políticas preventivas. La verdad es que, como decisión de políticas de Estado del Ejecutivo nacional, con todas las dificultades que tiene un país federal como el nuestro, durante el kirchnerismo se avanzó en esos terrenos y se favoreció las condiciones para el debate sobre la ampliación de derechos. Hoy estamos en otra situación política. A tal punto que ya anunció el bloque del Senado del que participa Cristina, y que la incluye, que va a votar a favor de la ley.