Por Martín Piqué 

La suya es una historia particular. El diputado nacional Carlos Castagneto (FpV-PJ, provincia de Buenos Aires) es uno de los pocos futbolistas profesionales que, ya retirado, incursionó con protagonismo y relevancia en la actividad política. Ex arquero en el fútbol de AFA –entre otros equipos argentinos y sudamericanos, jugó en San Lorenzo y Gimnasia, club del cual es hincha y en cierto modo ídolo-, Castagneto llegó a la función pública durante el ciclo kirchnerista. Fue un estrecho colaborador de Alicia Kirchner en el ministerio de Desarrollo Social entre 2003 y 2015. Llegó a ser el viceministro de la cartera. Cuando la gobernadora de Santa Cruz lanzó su propia línea interna en el marco del FpV, Castagneto se sumó desde el primer momento. Eran los días en que el kirchnerismo parecía tener continuidad garantizada. El espacio de Alicia debutaba con una palabra que, en rigor, era una sigla: Colina, por Corriente de Liberación Nacional. Después se cambiaría la letra inicial, y Colina pasó a ser ‘K’olina. Castagneto es hoy el presidente de Kolina, y esa agrupación, constituida como partido en todo el país, a su vez forma parte de Unidad Ciudadana, la plataforma creada en 2017 por la senadora y ex presidenta Cristina Fernández.

De 57 años, con dos hijos, vecino del barrio Villa Elvira de La Plata, el mismo lugar que habitaron sus padres, Castagneto es contador público graduado en la UNLP. Fue candidato a intendente de la ciudad fundada por Dardo Rocha. Uno de sus hijos, hoy, es concejal. En esta entrevista con Primereando, el legislador y dirigente de Unidad Ciudadana advierte que la batería de leyes que promueven los movimientos sociales agrupados en la CTEP quedará afectada por el inminente ajuste acordado con el FMI. “Ojalá que alguna de esas leyes llegue a aplicarse y con los fondos necesarios”, dice sin disimular su escepticismo. En otro tramo de la charla, el diputado asegura que el gobierno de Mauricio Macri “fracasó” en la gestión económica. En su diagnóstico, los malos resultados incluyen desde las cuestiones de la macro hasta las cuestiones más cotidianas. “Si vos tenés un achicamiento de los viáticos eso quiere decir que, o bien que no ejecutarán programas que en un principio se pensaba desarrollar, o bien que van a transferir fondos sin ningún tipo de control”, dice sobre el ajuste anunciado por Nicolás Dujovne.

-¿Qué tan grave ve la situación económica? Le pregunto por lo productivo pero también por lo financiero.

-Yo creo que el gobierno fracasó en las políticas macro y micro. Macro porque la Argentina, en dos años y medio, tomó un gran endeudamiento, no pudo tener políticas activas y se complejizó no sólo con el endeudamiento sino también con la fijación de una tasa de interés para las LEBAC del 40%. Se hizo un país en el que no es apetecible invertir ni en mano de obra ni en bienes de capital, sino en la renta financiera. Y, por otro lado, está el riesgo de haber entrado al Fondo Monetario Internacional. Nosotros le hemos pedido al jefe de gabinete (por Marcos Peña) que pase (al Congreso) el acuerdo stand-by, que es muy duro. Porque es uno de los acuerdos más duros que da el Fondo, entre todas sus distintas líneas de crédito. Por eso le pedimos al jefe de gabinete que el acuerdo con el FMI pase por el Congreso. Las recetas del Fondo ya las conocemos: ajuste, achicamiento del Estado.

Queda claro en el reciente maquillaje que anunció el otro día (Nicolás) Dujovne. Porque es obvio que se trata de un maquillaje, aunque igual no deja de ser muy importante, y perjudicial, para la gente: implica el no ingreso de gente al Estado, el no tener paritarias, una gran pérdida de poder adquisitivo del salario adicional a la que ya se había perdido. Por otro lado, lo que demuestra la eliminación de viáticos para las tareas que realizan los distintos ministerios es que va a haber un achicamiento del Estado, lo que deteriorará toda la concepción ligada al federalismo. Recordemos que en el presupuesto que aprobamos el año pasado (el presupuesto 2018) estaban previstas distintas horas y distintos programas, tanto a nivel social como a nivel de obras públicas y actividades culturales. Si vos tenés un achicamiento de los viáticos eso quiere decir que, o bien que no ejecutarán programas que en un primer momento se pensaba desarrollar, o bien que van transferir fondos sin ningún tipo de control.

-Una política que el gobierno intenta hacer pasar en estos días es la introducción de las Fuerzas Armadas en el mundo de la seguridad interior. Con el retorno de la democracia hubo un consenso generalizado que consistía en que las FFAA se dedicarían a responder ante un escenario de agresión por un agresor estatal externo, y que las fuerzas de seguridad tendrían la competencia de la seguridad interior. ¿A qué se debe de que en este momento se esté avanzando con la de involucrar a los militares en la seguridad? Aunque suena como eslogan, mucha gente advierte que el ajuste que exigirá el FMI no cierra sin represión. ¿Es así?

-Por un defecto profesional uno lee el Boletín Oficial todos los días. Y uno va viendo lo que hace el gobierno. Todos los días. Hace aproximadamente un mes o un mes y medio el gobierno nacional dispuso que se pudiera vender cualquier bien del Ejército o de las Fuerzas Armadas. Eso es inentendible. Que se puedan vender todos los bienes, o parte de los bienes, que forman parte de un patrimonio económico muy fuerte (de las FFAA)... Al mismo tiempo sacan esta medida. Que es una idea muy mala, que a la gente no le cae bien. Las políticas del Fondo Monetario implican, por un lado, el achique del Estado pero también, tal como vemos en Grecia, una suerte de concurso preventivo: antes de que llegues a la quiebra te chupan y te chupan. Grecia vendió muchas islas para poder pagar los intereses de la deuda. En el presupuesto del año que viene (2019) vamos a ver que gran parte de las obras del Estado van a ser pago de intereses de la deuda, o pago de intereses de las LEBAC.

Lo del Ejército me parece una aberración. Porque estamos dejando de lado el cuidado y la capacitación que tienen que tener las FFAA para la función que tienen: que no es para interactuar y reprimir al pueblo ante una protesta, sino la que usted mencionaba. Por otro lado, el gobierno habla mucho de la droga, de que en los últimos 50 años nunca se llevó adelante una lucha contra el narcotráfico como lo que se está haciendo en este momento... Es una pantalla. Simplemente, no se ha llegado con la profundidad con la que habría que hacerlo en los lugares en los que se sabe estadísticamente que hay más cantidad de venta y producción de droga. Sólo hacen operativos minúsculos, para salir por televisión.

-La semana pasada se realizó la Marcha Federal por Pan y Trabajo del triunvirato de los movimientos sociales: CTEP-Barrios de Pie-CCC. Una movilización que inicialmente tenía una idea: la de acompañar al Congreso la presentación de un paquete de cinco leyes para el sector de la economía popular. Uno de esos proyectos es el de la urbanización de barrios populares, que firman diputados del oficialismo y la ministra Carolina Stanley. Después está el proyecto de infraestructura social, que establece que el 25% de la obra pública nacional debe ser realizada por cooperativas de trabajo. En el marco de un escenario de ajuste y de un FMI que pide reducción de lo que se asigna presupuestariamente para la política social, ¿se podrán aplicar esas cinco leyes? ¿O quedarán en un limbo de buenas intenciones?

-Ojalá que alguna de esas leyes que usted menciona –que, por otro lado, yo creo que son muy mejorables- llegue a aplicarse y con los fondos necesarios. En relación a la ley sobre tierras, por ejemplo (se refiere al proyecto de ley de urbanización de barrios populares, NdR), hay que hacer un trabajo muy serio: es una propuesta interesante pero creo que en la profundidad de la ley, en la letra chica de la ley, hay que mejorarla mucho. Sobre todo en materia de derechos de las personas que viven en villas y asentamientos.

Por otro lado, creo que el Fondo Monetario va a revisar todos esos proyectos. Recordemos que el FMI en la década del ’90 promovió la creación de programas para consultorías que solamente sacaban indicadores de pobreza e indigencia. A través de los años, en esa década del ’90, cada vez había más consultores: porque cada vez había más pobres en la Argentina. El Fondo Monetario no es más sensible: es el mismo. Son los buitres disfrazados de otro nombre. Lamentablemente, si estas leyes llegan a salir, van a ser de muy difícil aplicación. Recordemos que en la década del ’90, como política social, lo único que había en ese momento era la Secretaría de Desarrollo Social -todavía no existía el ministerio- y la prioridad estaba puesta en la seguridad alimentaria. Y, además, subsidios para ONGs. No había nada más. Se creó el Siempro –el Sistema de Información, Evaluación y Monitoreo de Programas Sociales- en el que sólo había consultores y computadoras de alta tecnología en función de las condicionalidades de los préstamos que daban los bancos, o los préstamos del Fondo Monetario. Sobre las leyes que usted menciona, que hablan de infraestructura, de relevamiento, de registro catastral, me parece que el FMI no les va a dar el lugar. Todo eso terminó en el año 2001 y 2002, cuando se creó el Jefes y Jefas de Hogar para dar una contención social mínima a todas las personas que habían quedado en una situación muy crítica. En esos años habíamos llegado a unos indicadores de pobreza e indigencia que en la Argentina nunca se habían alcanzado. Ese programa se financiaba con un préstamo internacional del Banco Mundial y aprobado por el Fondo. Porque cuando vos acordás el FMI todos los préstamos que adquieras, sean del Banco de Desarrollo como del Banco Mundial, están monitoreados y controlados por el Fondo Monetario.

-Usted integra Unidad Ciudadana en representación del partido nacional Kolina. En los últimos meses se registraron presentaciones de Unidad Ciudadana en Salta y se están preparando lanzamientos similares en Corrientes y Córdoba. ¿Existe el riesgo de que Unidad Ciudadana contribuya a la división del llamado espacio nacional-popular.

-La intención es otra. Como dijo nuestra conductora, que es Cristina Fernández de Kirchner, Unidad Ciudadana vino para quedarse. Nosotros escuchamos y abrimos los brazos a todos. No somos nosotros los que vamos dividir. Al contrario, abrazamos a todos los compañeros y compañeras, al PJ. A todos los sectores. Tendrá que ser un acuerdo general y no solamente un acuerdo partidario. Por eso es importante que Unidad Ciudadana siga creciendo, que el peronismo siga haciendo distintas actividades, y que podamos confluir en una gran oposición pero, sobre todo, teniendo estructuras programáticas para llevarlas a la acción. Nosotros estamos dialogando, y estamos dispuestos a dialogar, con todos los sectores que están interesados en tener un gobierno que se plante y que despliegue medidas contra estos grupos económicos que ya han demostrado, en estos últimos 12 años y medio, que cuando tienen el poder no hay medida que les alcance para recaudar y recaudar más. Solamente les interesa incrementar las arcas de sus empresas o de sus grupos.

-¿Quién tiene que ser el candidato o la candidata presidencial del espacio opositor en 2019?

-Hablar de candidaturas ahora es prematuro porque la gente tiene otros problemas. Problemas muy serios, frente a los que uno tiene que estar trabajando todos los días. Desde los distintos ámbitos que nos competen, para estar al lado de la gente. Nuestra conductora se llama Cristina Fernández de Kirchner. En su momento ella decidirá qué pasos tendremos que seguir, y cuáles son las alternativas que se barajan. Está bien que algunos se estén moviendo, que se pre-candidateen, pero hoy tenemos que recorrer, recorrer y recorrer, estar al lado de la militancia y de los compañeros y de los que más necesitan. Y tratar de sacar leyes, como en mi caso personal fue la de electrodependientes (se refiere a la Ley 27351/2017, que garantiza un suministro eléctrico constante para las personas que lo requieran por prescripción médica. Castagneto fue el principal impulsor de esa iniciativa, NdR), que es nada más y nada menos que una defensa para quienes están pasando situaciones muy críticas y que, con este tarifazo, y este veto no pueden pagar la luz.

También estar al lado de los trabajadores cuando los despiden: porque en los últimos días se vio lo que está pasando en Roque Pérez, o con la avícola, en Chacabuco, en Mercedes. Y puedo decir Fanazul, lo que pasa con el INTA, con el INTI, en el interior de la provincia de Buenos Aires. Tenemos una gobernadora (María Eugenia Vidal) que cuestiona la universidad pública y que dice que el pobre no puede llegar a la universidad. Además, Vidal pidió disculpas porque dijo que estaba vestida de una manera porque venía del conurbano. Además, involucró a toda la gente que estaba allí (en el evento del Rotary Club) como que, teóricamente, estarían en desacuerdo con la universidad pública. El 70% o 75% de los primeros integrantes del grupo familiar (que llegaron a la educación universitaria) son los ingresantes a todas las universidades del conurbano. Nosotros apostábamos a otro proyecto de gobierno. El actual, por el contrario, es un modelo neoliberal que termina con ajuste. Y que, además, lamentablemente -ojalá que así no sea-, termina con represión. Es lo opuesto de lo que hicimos nosotros. Un modelo al que se lo atacaba como populista. Ningún argentino fue atacado, perjudicado, por las políticas del gobierno anterior. Salvo este grupo minúsculo –si se quiere- que hoy está muy beneficiado. Lo anterior ya lo hicimos. Ahora, eso sí, hay que volver con otro proyecto, porque el contexto internacional es distinto. Tenemos que trabajar muy fuerte bajo estructuras programáticas para llegar a ser gobierno.

- En los dos años y medio que van del gobierno de Macri se escucharon planteos que sostienen que la gestión de Stanley mejoró lo que había desarrollado Alicia Kirchner y que además se dio más participación a los movimientos sociales en la gestión de esas políticas. Como ex funcionario de la gestión de Alicia, ¿qué balance hace usted?

-Yo voy a hablar de la gestión de Alicia (Kirchner), no voy a hablar de la gestión de Stanley. Cuando llegó Alicia el país estaba totalmente diezmado, más todavía en políticas sociales, porque la gente estaba desesperanzada. Le doy un ejemplo que recién le mencionaba: cuando arrancamos el 80% de las políticas eran sobre seguridad alimentaria y terminamos con menos del 8% en seguridad alimentaria. El resto eran pensiones no contributivas y programas que, como el Argentina Trabaja y el Ellas Hacen, que tenían como finalidad la capacitación con obra. Porque había gente y familias que ingresó a los programas que tenían una o dos generaciones sin conocer lo que era la cultura del trabajo y la capacitación, que es muy importante. Y en el Ellas Hacen, teníamos a mujeres mono-parentales o que habían atravesado situaciones de violencia de género: el 70% y el 75% de las mismas ahora están en la Facultad a través del Fines (el programa de que promueve la finalización de la escuela secundaria). Lo que diga algún sector de organizaciones sociales les compete a ellos. Igualmente, creo que no hay política social sino hay una política económica que la acompañe. Entonces, por más que hoy se quieran hacer cosas en políticas sociales, se hace muy difícil cuando la situación económica es acuciante, como es en estos momentos.

-En materia de actualidad sindical está creciendo un reclamo de que tiene que haber un paro nacional después del veto del presidente. Y que ese paro tiene que concretarse antes de que empiece el Mundial de Fútbol, para no dilatar la cosa. ¿Cómo ve ese tema?

-Yo creo que el pueblo hoy se manifiesta masivamente ante un reclamo general de que las cosas no vienen bien. Creo que los sindicatos y la CGT tienen que estar a la altura de las circunstancias. Los sindicatos y los gremios tienen que estar muy cerca, en los lugares en los que hay suspensiones y se está viviendo un proceso de quita de derechos, donde hay cierres de fábricas. Por supuesto que la gente está reclamando un paro general. Pero el paro es un día y yo creo que un plan de lucha –entendido en el buen sentido- es más necesario que nunca. Hoy los sindicatos necesitan que sus dirigentes estén al lado de los que están sufriendo en los distintos sectores: llámese textil, llámese salud, llámese el Estado. Todos los sectores que están sufriendo despidos, suspensiones, cierres. Los gremios tienen que estar muy presentes. Un paro es un día, es un reclamo y es muy importante: es una forma de decirle al gobierno que está equivocado. Yo creo, sin embargo, que ellos se dan cuenta. A mí cuando me dicen que el gobierno no sabe o que lo hace de ingenuo, me río. No es así. Esto es una política de este gobierno y la va a seguir a rajatabla. Pero es bueno demostrarle que hay un descontento generalizado en todos los sectores de la vida económica activa.

-La CGT tiene que elegir nuevas autoridades el 22 de agosto. Se habla de Pablo Moyano-Sergio Palazzo por un sector, y los Gordos e Independientes intentarán que alguno de los que integra el actual triunvirato permanezca en ese rol. ¿Usted tiene algún preferido?

-No, no. Los gremios y los sindicatos tienen que tomarse su tiempo en esta coyuntura que les queda para tratar de llegar a un entendimiento. Ese entendimiento tiene que surgir de una plataforma común de los sindicatos y los gremios en la Argentina para situaciones de crisis. A veces es un momento en el que tiene que estar una persona, en otro momento otra. El recambio es bueno. Yo no quiero juzgar a ninguno pero tienen que arreglarlo entre ellos. Porque uno no participa de la vida sindical. Entonces, como uno respeta las instituciones, yo respeto el acuerdo que tiene que haber. Pero me parece que la CGT últimamente ha tenido una pasividad que no es buena por las circunstancias que está viviendo la gente.

-Usted es el presidente de Kolina a nivel nacional. ¿Qué aporte puede hacer Kolina en el armado político, tanto en la presencia de Unidad Ciudadana en todo el país como en lo programático?

-Kolina tiene el partido nacional y el partido distrital en 18 provincias. Yo creo que Kolina, dentro del engranaje de Unidad Ciudadana, es un partido importante. Pero no nos sentimos los únicos, al contrario. Podemos aportar desde la experiencia de distintos compañeros y a lo largo y a lo ancho del país tener una plataforma electoral que tenga en cuenta las idiosincrasias, las culturas y las economías regionales. Por eso es importante tener representantes –legisladores, concejales- en distintos lugares. Porque no puede haber una política única, un programa único, para todo el país: hay que adaptarlo y hacerlo flexible en función de las economías de cada lugar. No es lo mismo Mendoza que Tierra del Fuego o Jujuy que el Gran Buenos Aires. Hay que adaptar las políticas en función de la demanda y de la idiosincrasia de cada lugar. Desde ahí puede aportar Kolina como un partido que integra Unidad Ciudadana.