Martín Piqué

En la última semana, el titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, el ingeniero Hernán Lombardi (con estudios en economía y marketing), quedó envuelto en uno de los conflictos laborales más graves de este tramo de la gestión macrista. Lombardi, se sabe, es el responsable operativo del despido de 357 trabajadores de la agencia pública de noticias Télam. Su rostro aparece en las banderas con las que se movilizan por estos días periodistas, editores, correctores, reporteros gráficos, empleados administrativos. Ex ministro de Cultura del gobierno de la ciudad de Buenos Aires mientras Mauricio Macri fue jefe de gobierno, Lombardi es además una pieza importante en la maquinaria cultural y mediática que expresa -y defiende- al macrismo. Las actividades del Centro Cultural Kirchner, al igual que el predio de Tecnópolis, están bajo su tutela.

Todo esto es importante para entender el duro debate que se abrió en el ámbito de filósofos e intelectuales a partir de la convocatoria que lanzó el CCK a participar, el sábado 30 de junio pasado, en #LaNocheDeLaFilosofía. Se trataba de una ronda de disertaciones filosóficas, con un despliegue escenográfico que remitía a las charlas TED, con discursos no tan breves. Aunque el coordinador del evento era Alejandro Rozitchner, el filósofo que dicta talleres de entusiasmo para militantes de Cambiemos, en la lista de presencias que adelantaba la web se mencionaba al historiador Ezequiel Adamovsky, al también filósofo Darío Sztajnszrajber, y a otros nombres que no se pueden asociar fácilmente a un oficialismo pop, muchas veces provocador.

Cuando faltaban 24 horas para que arrancara el evento filosófico-gubernamental del Centro Cultural Kirchner, un grupo de filósofos e intelectuales propuso realizar una suerte de contra-evento que se desarrollaría a la misma hora. Una iniciativa político-cultural a la que bautizaron #NoLesRegalamosNiLaNocheNiLaFilosofía. La idea se completó con el lugar elegido para la ronda de discursos: la sede de prensa de la agencia Télam, en avenida Belgrano 347, uno de los dos edificios de la agencia de noticias que está tomado por sus trabajadores.

Mientras tomaba cuerpo la propuesta de reunirse en Télam y ejercer de ese modo la solidaridad con los cesanteados, algunos de los nombres involucrados en la otra actividad –la oficial, a cargo de Rozitchner- firmaron un documento en repudio a los despidos. Hubo incluso quien invitó a los trabajadores de la agencia de noticias a presentarse en el CCK para ofrecerles hablar durante su disertación. Esta escena se concretó pero con algunos contratiempos: los organizadores desconectaron micrófonos para evitar que se escuchara bien lo que tenían para decir los despedidos.

La polémica por #LaNocheDeLaFilosofía dividió aguas y generó incomodidad entre intelectuales que en general se conocen. Que suelen coincidir en espacios universitarios o culturales. El politólogo y filósofo Eduardo Rinesi, por ejemplo, fue uno de los académicos que sumó su firma a una suerte de solicitada que circuló en las horas previas: el texto, en el que sobresalían los nombres de María Pía López, Liliana Herrero, Horacio González y Diego Sztulwark, llamaba a encontrarse todos en Télam a la misma hora en que Rozitchner arrancaría con su rol de maestro de ceremonias en el CCK. Docente universitario y ex miembro del directorio del AFSCA en representación de las universidades públicas con carreras de Periodismo y Comunicación, Rinesi apoyó de modo entusiasta. Sin embargo, el sábado de la controversia lo encontró en Córdoba, lejos del CCK pero también lejos de Télam. Primereando conversó con él sobre todo lo que pasó.

-Esta semana se vivió una polémica entre filósofos e intelectuales. Algunos asistieron y expusieron en La Noche de la Filosofía que coordinaba Rozitchner. Otros decidieron boicotear esa actividad y organizar una contra-Noche de la Filosofía en la sede de Télam de Belgrano 347.

-Yo no sé si hablaría de un boicot. Me parece, sí, que hay una decisión de una cantidad de colegas de no participar de una actividad convocada, en efecto, por la misma área de un gobierno que está despidiendo centenares de personas en la agencia pública de noticias. Un gobierno que está silenciando de ese modo muy concreto la existencia de voces diferentes a las de un relato oficial muy monolítico sobre todos los asuntos. Un gobierno que, mientras despide, arma una especie de pantomima de discusión filosófica a la que algunos colegas, muy razonablemente, deciden no asistir. Eso lo acompaño absolutamente. Participo absolutamente de esa decisión. En algunas coyunturas históricas esas decisiones -de participar o no en actividades organizadas por un gobierno de las características del que tenemos- adquieren una gran relevancia social. Porque este que tenemos es un gobierno profundamente autoritario, silenciador de voces diferentes, estigmatizador de voces diferentes, desfinanciador de la actividad cultural. Y cuyos filósofos oficiales son personajes muy menores. Personajes con los que es perfectamente legítimo pensar que no es interesante ni valioso, en este contexto, en este marco de aplicación de un conjunto sistemático de política de destrucción de los pensamientos y de las vidas, sentarse a conversar. ¿Qué vamos a hacer: fingir que discutimos amablemente argumentos filosóficos, invitados por un gobierno caracterizado por un desprecio supino y estridente de toda forma de argumentación? Me parece que no aceptar esta invitación a un diálogo o a un presunto diálogo en este marco era o es una posibilidad más interesante y más valiosa que aceptarla. Y lo que pasó el sábado en Buenos Aires es que una cantidad de colegas dijeron “Miren, señores, hay algunos lugares a los que yo no voy.” Como, por ejemplo, a actividades organizadas por despedidores seriales de personas, por silenciadores seriales de voces críticas, por miembros de un gobierno absolutamente desaprensivo respecto a los derechos más elementales de las personas. Porque el repudio que muchos sentimos ante este gobierno no se refiere, exclusivamente, a sus pésimas y reaccionarias políticas culturales, sino a la orientación de la política más general: repudiamos la absoluta desatención de los derechos humanos de las personas, de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos, de los derechos sociales de los grupos más empobrecidos, repudiamos el autoritarismo atroz de un gobierno insensible y represor. Y también, desde luego, sus definiciones de política económica, cada vez más inaceptables. Es este tipo de gobierno el que convocó a fingir que íbamos a pasar un rato encantador y edificante discutiendo filosofía, y por eso es perfectamente razonable y justo que una cantidad de gente haya preferido excusarse y decir: “No, mire, lo siento en el alma: justo a esa hora tengo otra cosa que hacer”. Como solía decir el viejo y querido David Viñas: “A esa hora corro…” Corro hasta Télam, por ejemplo, a solidarizarme con los compañeros despedidos y a discutir filosofía sobre eso: sobre esos despidos, sobre esos compañeros, sobre esa necesaria solidaridad. Yo el sábado no estaba en Buenos Aires. Por eso no pude participar de esa otra actividad: crítica, potente, que fue realmente interesante, y que fue, justamente, la actividad desarrollada en una de las sedes de Télam bajo el muy justo nombre de “#NoLesRegalamosNiLaNocheNiLaFilosofía”. Me habría encantado escuchar allí las exposiciones de los colegas. Las escuché después, porque circularon por las redes, y me parecieron de lo más interesantes, de lo más valiosas. Allí, en la perseverancia en una actitud crítica frente al mundo, frente al pensamiento (empezando por el propio) y frente a los relatos dominantes, en la actitud crítica frente a las ideologías que no se cuestionan el modo de ser de las cosas, porque simplemente las naturalizan, en el rechazo de la tontería reinante según la cual habría que abandonar la idea misma de pensamiento crítico en nombre de los valores de la positividad, el entusiasmo y el pum para arriba, es en donde reside lo que yo llamaría una actitud filosófica.

 

 

-En La Noche de la Filosofía que se realizó en el Centro Cultural Kirchner hubo oradores que no se pueden asociar con el macrismo, como el historiador Ezequiel Adamovsky o el filósofo Darío Sztajnszrajber. Algunos utilizaron parte de su exposición para invitar a los trabajadores de Telám a hacer una intervención en ese momento. También hubo un intento de censura.

-Sí. Supe. Es increíble. Arman una noche de la filosofía, invitan a filósofos a participar de esa noche. Algunos de esos filósofos -en un gesto que sin duda es recuperable en ese contexto, y que en todo caso revela su intención de aprovechar ese espacio al que consideraron oportuno aportar su presencia y su palabra para hacer algo más que un vano ejercicio de olvido del mundo- invitan a otras personas que estaban presentes, y que a la sazón acababan de ser víctimas de una tremenda injusticia, que es, desde que existe la filosofía, uno de sus temas más antiguos, invitan a estas personas, digo, a tomar la palabra, quieren estimular un diálogo, que es uno de los primeros y más prestigiosos registros en los que se pensó, se practicó y se escribió la filosofía en Occidente, se les ocurre vincular lo que están diciendo con un hecho de la coyuntura que nadie podría considerar poco importante, que es lo que la filosofía que no quiere practicarse adentro de un frasquito de Sabor 15 hace desde el inicio mismo de los tiempos -discutir la vida en la polis, los problemas de los ciudadanos, las cosas que pasan-… y los tipos, los amables anfitriones que se pasaron no sé cuántos años diciendo que el kirchnerismo era una oscura noche en la que no podían oírse voces disidentes… ¡les apagan el micrófono! ¡Son de un autoritarismo absoluto!

-Le pregunto por estas dos cuestiones. Por un lado, por la decisión de no permitirles hablar a los trabajadores de Télam que se presentaron en el CCK. Pero también por el argumento justificatorio de los intelectuales que sí decidieron ir: la idea de ‘aprovechar los espacios’ y llevar la posición a todos los lugares en que te invitan. El riesgo de este tipo de situaciones es que,al mostrar esa supuesta diversidad, los organizadores terminen legitimados.

-Empiezo por el final y voy a lo otro. Me parece prudente, en este asunto, ser cuidadoso y no andar levantándole el dedito a nadie. Nadie es quién. El argumento que usted apunta es respetable. El Estado es una institución compleja y no deberíamos a apurarnos a suponerle ni un lugar a priori inhóspito e inhibitorio de cualquier discusión verdadera ni el único lugar donde las discusiones pueden darse. Las específicas circunstancias en las que iba a desarrollarse esta ‘noche de la filosofía’ hacían, me parece a mí, muy fuertemente plausible el argumento, que es el que yo mismo compartía, de que no había que ir. Ahora: algunos colegas decidieron ir. Porque a los lugares hay que ocuparlos o porque éste es un gobierno elegido por el pueblo o por lo que sea. Y hasta trataron de hacer alguna cosita. De darle la palabra a otros. De hacer de un hecho de pública notoriedad un motivo de su reflexión filosófica. Bueno: cuando lo hicieron, cuando se salieron un centímetro del libreto… ¡les apagaron el micrófono! Les mostraron, nos mostraron, por si a alguien le quedaba alguna duda, su autoritarismo básico, tosco, elemental.

 

 

-Y eran invitados que estaban anunciados oficialmente, con sus apellidos en la programación.

-Sí, sí, sí. Claro. Por eso. Y esas personas van y dicen “Miren, acá hay una situación, vamos a conversar un poco de esto, vamos a darle la palabra a tales o a cuales…” ¡y les apagan el micrófono! Y les dicen que no. Les dicen que hoy, en la Argentina, en los actos públicos organizados por este gobierno, incluso en los organizados para hacer algo que este gobierno llama filosofía, hay personas que pueden hablar y otras que no. Es de una gravedad extraordinaria. Y es también revelador y sintomático de los graves problemas que tiene hoy, en la Argentina, la libertad de expresión. Y por lo tanto, también, la democracia. No entendida en ningún sentido maximalista, no entendida en ningún sentido que pudiera impugnarse por excesivamente ambicioso, no entendida en ningún sentido que pudiera ponerse a la cuenta de todo lo que “nos hicieron creer” los feos, sucios y malos populistas. No: la democracia que está en grave peligro, hoy, en la Argentina, es incluso la democracia entendida en el sentido más estrechamente liberal. Hace unos meses, un colega, politólogo, periodista, José Natanson, lanzó una provocación interesante, la de que el macrismo sería “una nueva derecha democrática”, que nos enojó a unos cuantos y que provocó todo tipo de debates respecto a la naturaleza del gobierno de derecha que tenemos. A mí me parece que no se trata, frente a esa provocación, de decir que Natanson está equivocado, que “no es verdad” que la derecha que nos gobierna sea una derecha democrática, porque decir eso sería suponernos en posesión del significado verdadero de la palabra ‘democracia’, y parte de lo que en este debate está en juego es cuál es o cuáles son los significados que podemos atribuirle a esa palabra. Por eso, lo que me parece interesante, en todo caso, es preguntarnos en qué preciso sentido de la palabra ‘democracia’ podría afirmarse, como hace Natanson, que la derecha que hoy gobierna en la Argentina es una derecha democrática… Y la verdad es que en un sentido muy limitado, muy finito, muy pobre. Ninguno de los significados más interesantes que podemos asignarle a la palabra ‘democracia’ pueden asociarse a las características de actual gobierno argentino. Que no solo es enemigo de la posibilidad de pensar la democracia como un proceso de ampliación de derechos, de universalización de derechos o incluso de defensa de los derechos mínimos conquistados en el pasado, sino que es enemigo también de las más elementales libertades individuales, las que en su momento había pensado el liberalismo político más tradicional. Este es un gobierno profundamente autoritario: no tolera las voces disidentes, y eso queda en evidencia con el proceso, que conduce el mismo (Hernán) Lombardi, de centralización nunca antes vista de los medios masivos de comunicación en el país. Es un proceso de homogeneización nunca antes visto en el campo de las voces en este país: en contraste con esto que estamos viviendo, el período inmediatamente anterior (el kirchnerismo) es un período de sorprendente, radical y extraordinaria vigencia de las libertades y de la pluralidad más absoluta. Nunca como en los años anteriores a los que ahora vivimos, en efecto, todo el mundo gozó en este país de las posibilidades de decir lo que quería: las instituciones públicas convocaban, a sus distintas actividades culturales, a las voces más diversas. Y se podían escuchar todas las cosas, incluidas las críticas, los insultos, las descalificaciones y hasta las mentiras dirigidas hacia el gobierno de entonces. Hoy, en cambio, cuando en un acto público a un filósofo se le ocurre darle la palabra a un trabajador desocupado, le apagan el micrófono. Eso dice algo del carácter ferozmente antidemocrático de la derecha presuntamente “democrática” que nos gobierna.

-En La Noche de la Filosofía alternativa, que se realizó en Télam, se mencionó bastante a León Rozitchner. Su hijo Alejandro, también filósofo, coordinó La Noche de la Filosofía en el CCK. Qué ironía.

-Bueno, no me haga ironizar usted, por favor. No me haga comparar lo incomparable. Es muy razonable que en una noche en la que, en este país, se discutió de filosofía, se haya mencionado muchas veces a León Rozitchner, porque León Rozitchner es un autor importante de la historia de la filosofía argentina. Tiene una obra relevante, polémica, incisiva, muy aguda, sobre la que vale la pena seguir pensando. La importante obra de León Rozitchner no tolera ninguna comparación con la obra, muy menor, de su hijo Alejandro, cosa que además su hijo Alejandro celebra entusiasmado, porque está convencido de que el tipo de pensamiento que caracteriza la obra de su padre, y que él resume con desprecio con el calificativo de “crítico”, es exactamente el tipo de pensamiento con el que hay que terminar en la Argentina. 

 

Censura a los delegados gremiales de Télam invitados por los expositores para difundir el conflicto, tras los 357 despidos de la agencia: les apagaron el audio e impidieron que hablaran.

 

-El historiador Bruno Nápoli, especializado en la historia del sistema financiero, recordó en la Noche de la Filosofía realizada en Télam, que en el año 1980, con Videla todavía al frente de la dictadura, el gobierno militar organiza un Congreso Internacional de Filosofía.

-Me acuerdo bien. Sí.

-Bruno Nápoli recordó el contexto en el que sucedió ese congreso, al que vinieron invitados internacionales e incluso figuras que no se pueden vincular con un pensamiento fascista, autoritario, procesista. Y mientras eso sucedía, sin hablar del genocidio que a esa altura ya se había producido, la economía argentina -año 1980-estaba en gravísimos problemas de riesgo de cesación de pagos.

-Sí, claro. Pero ojo: que en el país se estuviera produciendo una matanza, que el país estuviera entrando en cesación de pagos, que el país esté atravesando, como está atravesando hoy, un proceso de destrucción feroz de su potencia productiva, de su soberanía y de las vidas de sus ciudadanos, no son motivos para no discutir filosofía. No es que haya que decir “¡No!: ¿cómo voy a discutir filosofía si el país está hecho un desastre?” Es exactamente porque el país está hecho un desastre que hay que discutir de filosofía. Ahora: lo que es necesario pensar es si uno puede o debe impugnar una convocatoria a discutir filosofía que implique una invitación o una sugerencia a no hablar de todos estos temas, a no pensar, filosóficamente, claro, todos estos temas. El episodio del CCK es revelador:revela hasta qué punto no había una disposición real del gobierno que hizo la convocatoria a habilitar una discusión. Por supuesto que hay que discutir filosofía. Hay que discutir filosofía y discutir la tragedia del presente: hay que discutir, con las herramientas de la filosofía, esa tragedia, la tragedia política, la tragedia económica, la tragedia social. La tragedia de los despedidos de Télam y de todos los despedidos, que son miles y miles más cada día que pasa…. Bruno (Nápoli), cuando piensa este momento y lo relaciona con el momento de la dictadura, es particularmente sutil al señalar la correspondencia entre ciertas orientaciones de política económica de estos gobiernos, y al poner en relación esta correspondencia con la que es posible trazar entre ciertas decisiones que implican la violación sistemática y militante de derechos humanos muy elementales, la violencia, ejercida con brutalidad y saña, sobre los cuerpos. Bruno hace eso muy bien: tiene una gran sensibilidad hacia ese tema. Pues bien: discutir sobre filosofía en la Argentina hoy es preguntarnos, también, qué quiere decir que el gobierno que tenemos se complazca en invitar a tomar el té a policías que asesinan a jóvenes por la espalda, haga el elogio de la violación de las leyes que preservan la vida de los ciudadanos…

-Y que, siguiendo su razonamiento, quiere incorporar las Fuerzas Armadas a los temas de seguridad interior.

-Sí. Es tan claro, todo. Por eso digo: estamos siendo testigos (y hay que hacer filosofía sobre esto a lo que estamos asistiendo) de un programa muy brutal de destrucción de las vidas individuales y de la vida colectiva que está teniendo lugar en la Argentina. De destrucción de la vida de las personas, de destrucción de la vida productiva, laboral, social, cultural… Este es un programa de profundo autoritarismo político y de destrucción de las condiciones de la democracia en el país. Por eso, empezar a discutir filosofía es empezar por ahí. Insisto: hay que discutir filosofía. Pero discutir filosofía es discutir filosofía pensando en el presente. La noche de la filosofía en la que hay que pensar es la noche de la vida pública que atraviesa la Argentina. La filosofía tiene que pensar este tiempo de oscuridad. Tiene que pensar esta noche que vivimos. Y todos nosotros debemos elegir en qué ámbitos, en qué mesas de conversación, a partir de qué convocatorias participamos en esa gran discusión filosófica que tenemos que tener. El argumento de que “hay que ocupar los espacios”, de que “hay que tomar la palabra en todos los lugares posibles” es atendible: no lo desprecio. Agrego, eso sí, que no está dicho que los únicos lugares posibles para discutir filosofía tengan que ser los lugares que nos convoca a ocupar este gobierno autoritario, silenciador de voces disidentes, apagador de micrófonos, concentrador de medios, profundamente autoritario y profundamente anti-liberal que tenemos. También se puede discutir filosofía en otros ámbitos. En el hall de Télam, por supuesto. O en tantísimos otros lugares donde también podemos darnos cita. Se puede hablar de filosofía no sólo en las mesas tendidas por este gobierno apaga-micrófonos. Se puede y se debe hablar de filosofía en muchos otros ámbitos también. Se puede y se debe hablar de filosofía, por ejemplo, en la universidad pública, donde se lo hace y se lo hace muy bien. El gobierno que en un falso alarde de un pluralismo que no tiene y que demostró no tener convocó esta reunión sobre la que estamos conversando está atacando sistemáticamente y por todos los medios (perdón por el fácil chascarrillo) esa misma universidad pública, que hoy también tenemos la obligación de defender de tanta brutalidad y de tanto ensañamiento.

-Justo la semana pasada la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia emitió un dictamen que autoriza la fusión de Cablevisión con Telecom.

-Desde el momento mismo en que asumió el actual gobierno, estaba clarísimo que tenían la decisión de avanzar fuertemente en un proceso de concentración de los medios masivos de comunicación en el país. Un proceso que, por su magnitud, nunca antes se había visto en la Argentina. Por eso modificaron artículos muy centrales de la muy importante Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que eran los artículos que podríamos llamar “antimonopólicos”: los que limitaban la cantidad de licencias que podía tener un licenciatario, es decir, los que buscaban evitar, de acuerdo a un elemental principio del liberalismo que inspira toda esa ley, una concentración excesiva de las voces. Estos cambios, y otros avances más recientes como el que usted menciona, han permitido una concentración inédita de la comunicación audiovisual en el país. Eso entraña un grave peligro, también, para nuestra muy debilitada democracia, porque entraña una violación del principio, decisivo -y que estaba no sólo declarado, sino garantizado, por la Ley que mencionaba- de que la comunicación es un derecho humano universal. Este gobierno, que está convencido de que todo lo que llamamos “derechos” es parte de un cuento de hadas en el que deberíamos apurarnos a dejar de creer, está avanzando vertiginosamente para hacer de este derecho fundamental de las democracias modernas una de las varias cosas que quiere dejar sepultadas para siempre en el pasado.