Por Martín Piqué
@MartinPique

La diputada Fernanda Vallejos (39 años, nacida en Zárate, residente en CABA) se reincorporó al Congreso a principios de abril, luego de que su hijo Francisco –un bebé- cumpliera un mes. Economista (UBA) con dos maestrías en Historia Económica y Políticas Económicas, Vallejos fue una de las sorpresas de la última campaña legislativa: su nombre apareció al tope de la lista de candidatos a diputados nacionales de Unidad Ciudadana en representación de la provincia de Buenos Aires. En los últimos días, cuando la corrida del dólar ya llevaba más de dos semanas sin que aflojara la tensión ni disminuyera la demanda del billete norteamericano, Vallejos difundió un informe elaborado junto a su equipo técnico. Entre sus colaboradores abundan los economistas. En ese documento, la diputada del bloque FpV-PJ solicita al gobierno que “rectifique el rumbo de la política económica” si quiere salir de la crisis “auto-inflingida” en la que se encuentra sumergido. La legisladora sostiene que los factores que contribuyeron a esta situación –en una suerte de tormenta perfecta- configuran un combo conformado por la desregulación total del sistema financiero, la apertura indiscriminada a las importaciones, la quita de encajes y medidas preventivas ante el ingreso y salida de capitales especulativos, la eliminación del plazo máximo para liquidar exportaciones, el mega-endeudamiento a un ritmo frenético, el recorte drástico de las retenciones.  

En esta entrevista con Primereando, Vallejos retoma y profundiza sobre las conclusiones de su investigación, en la que advierte que la retirada de capitales especulativos en el peor mes previo al estallido de diciembre de 2001 (7000 millones de dólares) fue menor a la venta de dólares del mes de abril de este año por parte del BCRA (9000 millones). “Se trata de una corrida cambiaria sin precedentes en la historia argentina”, avisa el documento.

-Hay expectativas, temor y nerviosismo sobre lo que puede pasar este martes, que es una fecha de vencimiento de LEBACs. ¿Qué pasará finalmente?

-Claro, es el super-martes financiero. Un vencimiento de algo más de 28 mil millones de dólares. Esa cifra es el equivalente de las LEBACs –letras del Banco Central- que están venciendo este martes. Por eso genera mucha preocupación. Porque este vencimiento se da justamente en el marco de un contexto muy, pero muy, desfavorable. El viernes, por ejemplo, en la última jornada de la semana, el dólar tuvo nuevos picos históricos: se acumuló con una corrida también histórica. El Banco Central ha perdido 9000 millones de dólares desde abril, cuando comenzó toda esta corrida. Con este ritmo, esta crisis cambiaria no tiene precedentes en la historia económica local. Y todo producido en un contexto de crisis de credibilidad, de falta de confianza, en el gobierno. Porque el gobierno ha perdido el beneplácito de quienes se presuponía que eran sus amigos. Aquellos que podían respaldar su gestión en estos momentos de tensión.

Recordemos que Mauricio Macri llegó hablando de un shock de confianza y que iban a llover las inversiones por la confianza que generaba, etcétera, etcétera... Pero, la verdad, es que los que comenzaron esta corrida, este cimbronazo terrible, fueron los grandes bancos de inversión. Al desarmar las posiciones en pesos que tenían en la plaza local. Pero, además, era lógico. No sorprende. Porque la insustentabilidad del modelo económico que plantea Macri estaba clara desde su concepción. Desde el comienzo mismo. Es un modelo que no cierra. Un modelo que es insustentable.

Los grandes jugadores también observan estas cosas que observamos los economistas. Se agotó el período de venir a la Argentina para valorizarse a través de la bicicleta financiera. Eso se agotó y hoy parece–y acá vuelvo a la cuestión de las LEBACs- que no hay una tasa de interés que pueda compensar esa falta de credibilidad para que los especuladores mantengan sus fondos en pesos. No está claro cuál es ese nivel. Por ejemplo, el viernes, la tasa –que es el rendimiento de las LEBACs- llegó a tocar niveles altísimos: por encima del 140% en el mercado secundario. Terminó cerrando en 70%, tras una intervención masiva del Banco Central, que compró algo así como 30 mil millones de pesos. Así buscó reducir un poco el monto de los vencimientos del martes. Pero es una situación verdaderamente compleja, que hacía mucho que no se veía en la Argentina.

-¿Qué porcentaje de no renovación de los LEBACs que vencen el martes debería encender las luces rojas del gobierno y, en definitiva, de la Argentina toda?

-En el marco de este contexto de fuga que hoy tenemos desde hace dos semanas o más, cualquier monto que no renueve implica un contratiempo serio. Hasta hace no mucho tiempo, el gobierno venía bastante cómodo en los vencimientos de LEBACs. No se planteaba este tema como una preocupación. Pero éramos muchos los que alertábamos que era una bomba de tiempo. Y que además era una cuestión de tiempo para que la cuestión se convirtiese en un problema.

Así que hoy, cualquier porcentaje que–como se dice en la jerga- inyecte liquidez en el mercado, que inyecte pesos en la plaza local, supone un alto riesgo. Porque el riesgo es que esos pesos se vayan a dólares. Y eso seguiría alimentando una corrida que todavía no tocó su techo, y sobre la cual aún no conocemos en qué punto puede terminar. Por todo esto, lo del martes es doblemente complicado. Y no sólo por lo que suceda con las LEBACs, que es algo que se está viendo en estos días, en los que muchos ahorristas e inversores empiezan a desarmar posiciones.

También, y sobre todo, porque cuando se producen situaciones complejas en el frente financiero y cambiario eso se traslada al pequeño ahorrista, que tiene su depósito en los bancos. Y entonces empieza a trasladarse al resto del sistema. Es en ese punto cuando la situación se convierte en verdaderamente muy preocupante. Y allí radica la centralidad de la responsabilidad que el gobierno, y de todos los actores con algún tipo de injerencia, tienen que asumir con plenitud. En resumen, el cuadro que tenemos es delicado.

-¿Cuál sería la razón por la cual se inició toda esa corrida? Usted habló de los bancos de inversión. Se menciona a la banca JP Morgan como uno de los que decidió retirarse de la plaza argentina y que así se inició la corrida. Claro que el Banco Central le facilitó el retiro con una cotización del dólar bastante baja…

-Sí. Recordemos que en esa primera jornada (por el miércoles 25 de abril, cuando Federico Sturzenegger vendió 1500 millones de dólares de reservas del BCRA para sostener la cotización en 20,26 pesos, NdR) el Banco Central vendió casi 1500 millones de dólares a un precio muy barato. Es decir que les subsidió la dolarización a los grandes jugadores. Ese fue el disparador de esta corrida que vivimos hoy. Pero si la pregunta se refiere a cuáles son las causas profundas, las causas de raíz de todo esto, hay que buscarlas en el origen –en el diseño mismo- del modelo que instrumenta Macri. Uno hace un poquito de memoria, y aunque parece que fue un montón de tiempo, sólo pasaron dos años y monedas.

Este es un gobierno que arrancó liberalizando, desregulando, absolutamente todos los planos de la economía: se liberalizó el frente cambiario. También el frente financiero: se despojó al Estado y a la autoridad monetaria –el Banco Central- de todas las herramientas institucionales de regulación y de control de las que disponía. Incluso se levantaron las regulaciones que obligaban a que los exportadores liquidasen en la plaza local y en un plazo determinado las divisas de sus exportaciones. Todo esto genera un cuadro sumamente complejo. Porque, por un lado, tenés una demanda sin ningún tipo de control.

Además, en la Argentina tenemos una fuga de capitales que es absolutamente récord. Desde que Macri asumió –con el último dato oficial publicado del Banco Central- acumulamos casi 40 mil millones de dólares de fuga. A eso hay que sumarle lo que se pierde por turismo exterior, las remesas que las empresas extranjeras envían al Exterior. Todo esto se produce, además, en un contexto en el que además la liberalización comercial –por la apertura irrestricta a importaciones- ha determinado que tengamos también déficit en el frente comercial. Es decir: la Argentina ha dejado de generar divisas genuinas a través de sus exportaciones.

Por el contrario, genera mayor demanda de divisas por el exceso de importaciones por sobre lo que le vende al resto del mundo. Y todo este enorme déficit de cuenta corriente, que es más o menos como un 6% del PBI, se cubre con deuda. Este es un esquema que es insostenible en el mediano plazo. Y es lo que estamos viendo hoy. Cualquier detonante iba a hacer que este modelo estallara. Porque el modelo no puede sostenerse. Está plantado sobre fundamentos que son absolutamente endebles: es un modelo 100% deuda-dependiente. No tiene ningún vector de robustez que le sea propio. Toda esta fragilidad se potencia cuando los grandes inversores empiezan a desarmar posiciones –se va JP Morgan y atrás se van otros- y entonces aparece una importante crisis de confianza y de credibilidad. Y el modelo tambalea. Esta situación tiene cosas buenas y cosas malas. Estamos atravesando una situación de crisis económica y financiera auto-inducida por el gobierno. Una crisis que los argentinos no deberíamos estar sufriendo si se hubieran hecho bien las cosas. Por otro lado, lo bueno es que el gobierno tiene en sus manos la posibilidad de revertir la situación adoptando las políticas correctas.


-Pero parece que están ideológicamente convencidos de lo que están haciendo, aunque les venga saliendo mal.

-Sí, pero a esta altura ya no es una cuestión de mantenerse puestas las anteojeras ideológicas a cualquier costo. El empecinamiento ideológico, digamos, de imponer un conjunto de recetas basadas en el liberalismo a ultranza está dando sobradas muestras de su fracaso. Ya ha transcurrido más de la mitad de gestión de gobierno. Todo esto ha significado un costo político altísimo para Macri. Porque este es un gobierno que llegó a la Casa Rosada obviamente por el respaldo de la mayoría de la población argentina. Pero para eso, recordemos, tuvo un nivel de protección que otros gobiernos no han tenido, más bien al contrario. El macrismo dilapidó el capital político que tenía a partir de la protección mediática y eso que solamente va por la mitad de su mandato. Por eso es un momento sumamente adecuado para cambiar e implementar las políticas correctas.

-El gobierno intenta atribuir a la oposición política una importante responsabilidad en este proceso de pérdida de confianza. La semana pasada, en la Cámara de Diputados, se logró darle media sanción a una ley anti-tarifazos, que declara la emergencia tarifaria. Una iniciativa de la oposición que, por segunda vez tras la ley anti-despidos, logró ganar una votación en la Cámara Baja. Pero desde el gobierno lo tomaron como una suerte de boicot o conspiración.

-Eso es parte del relato ficcional a través del cual el gobierno intenta justificar los fracasos de su política económica. Hay una permanente búsqueda de encontrar chivos expiatorios y de deslindarse de la responsabilidad. Pero lo cierto es que estamos empezando a ver un escenario de hartazgo de gran parte de la sociedad argentina. No se puede vivir echando culpas fuera de su rango de acción y de toma de decisiones. Porque, la verdad, todo lo que hoy está pasando, la situación económica, tiene que ver con las propias bases sobre las cuales se configura el modelo de Macri. Y sobre lo que se votó la semana pasada en Diputados: está ligado a una política tarifaria específica.

Desde el oficialismo plantean que el proyecto de ley es perjudicial, porque implicaría una supuesta complejidad fiscal para el Estado medida en pesos. A partir del gasto que le implicaría para solventarlo. Pero eso no es creíble absolutamente para nada. Sobre todo viniendo de boca de un gobierno que tomó las medidas que tomó en el frente fiscal. Porque además de la reforma previsional de la que hablábamos antes, a través de la que le recortaron 100 mil millones de pesos a los jubilados, se aprobó una reforma tributaria regresiva. Todo eso sumado a la eliminación de retenciones. Y al recorte que se hizo sobre impuestos progresivos que figuraban en nuestro sistema, como el impuesto a los Bienes Personales, el impuesto que se cobra sobre el patrimonio de los ricos. Con esa sumatoria de reformas tributarias lo que han hecho es despojar al Estado de los recursos de los que disponía para hacerle frente a la política de moderar tarifas o cualquier otra. El gobierno no tiene un problema con el reclamo de retrotraer las tarifas, y si lo tiene es un problema auto-infligido por las decisiones que fue tomando. El problema no tiene nada que ver con la oposición.

Por cierto, recordemos que la oposición se opuso a esas reformas tributarias y a que el Estado perdiera recursos. Y que, de esa manera, incrementara su déficit. La otra fuente del crecimiento exponencial del déficit –que es la que explica por qué se ha multiplicado en la era Macri respecto del que teníamos en el gobierno de Cristina- tiene que ver con los intereses de la deuda. Y acá nadie puede echarle la culpa al gobierno anterior porque si algo reconocen absolutamente todos, incluso este mismo gobierno, es el desendeudamiento. Porque cuando este gobierno salió a tomar deuda en los mercados reconoció que podía hacerlo gracias a que había recibido un país desendeudado. Por lo tanto, esos intereses explosivos, que hoy tienen un peso impresionante dentro del esquema de recursos de los que dispone el Estado, abultan el déficit fiscal. Y están explicados por la política irresponsable de toma desenfrenada de deuda externa que ha tenido este gobierno. Una deuda externa que es necesaria para financiar esa fuga y todo este esquema insustentable. Que es el que termina detonando en estos días dándole forma a esta crisis financiera que atravesamos.

-El sábado, el periodista Francisco Olivera, de La Nación, aseguró en una nota que el gobierno instruyó al ANSES para que recompre LEBACs en el mercado secundario. Para intentar reducir el riesgo al que se enfrenta este martes. ¿Qué piensa?

-No manejo esa información, pero puede llegar a ser. De hecho, el gobierno viene operando con los recursos del ANSES desde hace ya un tiempo, a través de diversos mecanismos, por cierto bastante preocupantes. Porque también hace a la insustentabilidad del sistema previsional. Un planteo que luego se termina utilizando como excusa para cumplir con una de las exigencias que seguramente tiene el FMI bajo la manga: la profundización de la Reforma Previsional en el mismo sentido de lo que ya se aprobó el año pasado pero con muchísima más dureza en las pretensiones. Porque eso es lo que el FMI le exige potencialmente a la Argentina sino absolutamente a todos los países que tienen algún grado de compromiso con el organismo.

  -Axel Kicillof pidió que el contenido del acuerdo con el Fondo se debata en el Parlamento. ¿Qué va a pasar?

-Lo pedí también yo en mi intervención, en la última sesión especial. Y varios diputados se pronunciaron en el mismo sentido. Tendría que ver con el respeto por el orden constitucional. Esto es lo que dicta el artículo 75 de nuestra Constitución (que establece las potestades del Poder Legislativo, NdR) porque se trata de esta cuestión tan delicada respecto a la toma de deuda. Todo lo que tiene que ver con la relación con el Fondo Monetario Internacional siempre es tan delicado que debe surgir de una decisión en la que intervengan los representantes del pueblo: que somos los diputados sentados en nuestras bancas. Sin embargo, queda claro que este gobierno no tiene esa vocación. Al contrario, viene dando todo por sentado.

Además, al gobierno se lo ha notado bastante preocupado, casi desesperado: por la velocidad con la que viajó a Washington (Nicolás) Dujovne, que luego vino a buscar las instrucciones del presidente. Imagino que para saber si podía aceptar las condiciones presumiblemente duras que estaba planteando el Fondo. Nosotros ya habíamos advertido que iba a ser un crédito stand-by (el crédito más duro, con más exigencias y por menos fondos, que el FMI ofrece a los países que presentan menos garantías, NdR) a lo que la Argentina iba a poder acceder. La verdad, el gobierno tenía otras aspiraciones. O por lo menos así lo expresó. Se fue hablando de una línea de crédito flexible y volvió con un stand by debajo del brazo. Obviamente, con condicionalidades muchísimo más fuertes para todos los argentinos. Que somos, en definitiva, el peso del ajuste que el Fondo Monetario impone sobre los países.

 

-¿Las condicionalidades del ajuste que exige el Fondo van a ser aceptadas por el movimiento obrero, por los sindicatos, por la oposición política? ¿Habrá margen para frenarlas?

-Los sindicatos, el movimiento obrero organizado, y obviamente la oposición política, van a oponerse. Pero incluso fíjese que también la Iglesia ha salido, a través de la Pastoral Social, a manifestarse claramente en contra. Yo creo que todos los sectores sociales, políticos y gremiales están oponiéndose a esta política del gobierno. Seguro va a haber una resistencia a las exigencias que potencialmente el Fondo pueda imponerle al gobierno de Macri. Aunque la política que se viene implementando hasta aquí está completamente en línea con las exigencias que el Fondo suele imponer. Y seguramente buscará imponer sobre la Argentina. Pero profundizándolas.

Recordemos que, a pesar de las pretensiones del gobierno, la Reforma Laboral hasta aquí no ha podido pasar. Por la fuerza del movimiento obrero organizado y de los trabajadores en nuestro país. Pero es una de las exigencias que comúnmente el Fondo viene imponiendo. Un caso muy cercano que tenemos es el de Grecia, donde se ha obligado al Estado a implementar una reforma laboral con fuertes restricciones en materia de lo que tiene que ver con el derecho a huelga. Otra de las exigencias que se instrumentaron por presión del Fondo tiene que ver con el desalojo de los deudores hipotecarios. Uno piensa en eso y en el marco de este esquema, tan riesgoso, que ha instalado el gobierno con los créditos UVA, y se preocupa mucho. Hay una serie de elementos que configuran un escenario, creado por la política económica de este gobierno en los últimos dos años y medio, que son para prestar atención y para preocuparse.

-El peronismo –como eje de un espacio nacional/popular más amplio- hace tiempo que viene debatiendo cómo unirse, si unirse, cómo construir una alternativa electoral que sea más competitiva. ¿Cómo actuará ante esta nueva situación económica y política? ¿Tiene más chances de llegar al gobierno en 2019? Y si lograra llegar a la Casa Rosada, ¿con qué escenario se encontraría?

-Mejor que cualquier debate son las acciones. La mejor muestra que se ha podido dar hasta ahora en este contexto tiene que ver, justamente, con lo que sucedió el miércoles pasado en la Cámara de Diputados. Un conjunto de diputados opositores construyó una respuesta que la sociedad argentina estaba demandando. Esperemos ahora que los senadores estén también a la altura de las circunstancias. ¿Qué quiero decir? Que el momento que atravesamos en la Argentina, la coyuntura por la que se atraviesa el propio gobierno, exige acuerdos y acciones concretas en base a lineamientos programáticos. Este sábado se conoció el aumento, en base a la nueva fórmula de la jubilación, y la verdad es una vergüenza. Está por debajo de la inflación oficial del INDEC –que además está cuestionada, porque están subestimados los aumentos reales de precios- y ni hablar de todo lo que tiene que ver con la canasta de los jubilados.

En este marco, la oposición tiene que volver a pensar qué es lo que están demandando los jubilados, los niños, los jóvenes, los más vulnerables, los trabajadores. Hay que volver a poner recursos en el mercado interno. Hay que volver a poner recursos que puedan dinamizar el mercado interno en la Argentina, que en los últimos dos años se ha desplomado. Con esa dinámica funcionando, y con un país que a partir de la redinamización de su demanda pueda volver a producir, estaríamos empezando a darle respuestas a este atolladero al que nos ha conducido la política que Cambiemos implementó en estos últimos dos años en la Argentina. No hay mejor unidad que esa. La de ponerte de acuerdo pero no en el debate, en un escenario o un escritorio, sino ponerse de acuerdo a través de una unidad material, concreta y efectiva en los hechos. Para construir no diagnósticos, no discursos, sino políticas. Políticas para los argentinos.