Martín Piqué

@MartinPique

La idea de juntar a miles de personas en el aniversario de la fecha patria y a siete cuadras de la Plaza de Mayo, donde Mauricio Macri tendrá su Te Deum, creció de modo horizontal. Desde un primer momento se resolvió evitar que ningún dirigente o espacio político se adueñara de la iniciativa. No habrá, por eso, ni protagonismo excluyente de algunos ni otros en un rol secundario. “La convocatoria no va a poner en primer plano a ningún sector en particular”, adelanta Yasky. Además, el contexto contribuye -le da cierto aire de urgencia- a la necesidad de movilizarse. Desde el acuerdo con el FMI hasta la represión a los trabajadores del subte, que este martes conmocionó a la ciudad, reflejan que el gobierno intenta imponer el endurecimiento del ajuste sin reabrir las paritarias.

Yasky cree que la única estrategia efectiva ante la coyuntura es organizar un gran “frente de lucha en común” de todo el arco sindical y de los movimientos sociales. Sin embargo, más allá de la expresión de deseos, las dificultades subsisten en el horizonte: la búsqueda de posicionamiento por parte de ciertos sectores, los cálculos de conveniencia política o de otro tipo, entorpecen la acción unificada. “La decisión de dividir es de la organización que se margina de esta convocatoria”, cuestiona el propio Yasky en un tramo de la entrevista. Se refiere a la CTEP, que aportó columnas nutridas a la movilización del #21F convocada por Camioneros y que –todo lo indica- estará ausente en la jornada del viernes próximo. La CTEP, Barrios de Pie y la CCC realizarán pocos días después su propia marcha, que tendrá carácter federal: arrancará el 28 de mayo en distintos puntos del país para confluir sobre la CABA el viernes 1° de junio, una semana después del 25.

Lo que está claro, más allá de distancias o matices, es que se viene un cronograma agitado de protestas callejeras. El almanaque estará cruzado por la posible sanción de la ley anti-tarifazo que promueve la oposición, lo que podría derivar en un veto presidencial. Ese sería el mejor escenario para convocar a un nuevo paro general de 24 horas. Eso es lo que cree Yasky, eso es lo que imagina el secretario adjunto de Camioneros, Pablo Moyano. En voz baja, en el sindicalismo circula una propuesta, casi un mandato: el paro nacional tiene que concretarse en las próximas semanas, antes del inicio del Mundial.

 

-¿Qué significó el episodio de represión a los trabajadores del subte y la detención del secretario adjunto del gremio, Néstor Segovia? ¿Es el camino que se viene para imponer el acuerdo con el FMI?

-En efecto. Creo que es el laboratorio en el que el gobierno de Macri está experimentando la utilización de la represión como vía para desalentar las demandas y la conflictividad de los trabajadores. Acabamos de recibir, después de los trabajadores del subte, a los de Cresta Roja, que denunciaron la brutalidad de las fuerzas de Gendarmería y la Policía Bonaerense. Ante este contexto, es importante decir que los trabajadores necesitamos fortalecer un frente de lucha en común de todas las centrales sindicales, de todos los movimientos sociales. Hay que ponerle límite a esta brutalidad y no dejar que la crisis social nos arroje a un escalón más profundo de los padecimientos de los trabajadores y los argentinos en general. En una situación como esta, el paro general tiene que ser una respuesta inmediata.

 

-Daría la sensación de que hay un nuevo escenario político, con un gobierno más debilitado, a partir de la resistencia social al tarifazo y sus dificultades en materia financiera. ¿Es así?

-Creo que hay un país distinto al que teníamos antes de que el descalabro financiero generado por la política errática del gobierno terminara con esta zambullida en el Fondo Monetario Internacional. Está claro que ahora el gobierno, frente a la población, aparece como el sujeto a partir del cual el ajuste se convierte en una realidad. Una realidad cotidiana, que todos los días tiene la forma de despido, o de la caída salarial o del tarifazo. Más las penurias que se avecinan, si es que el gobierno se decide a intentar profundizar este camino, tal cual lo plantea el Fondo, en las provincias de todo el país. En concreto, todo esto significa un gobierno menos creíble para los ojos de una mayoría de la población. Un gobierno con menos apoyo y con una imagen negativa creciente. Es un gobierno que trata de disfrazar su debilidad, su falta de apoyo y sustento popular, en el apoyo de los sectores como la Convergencia Empresaria, los grandes inversores externos y las autoridades del FMI.

-En este nuevo escenario se viene una convocatoria que –interpreto yo- tiene una pluralidad e intenta tener una masividad que puede convertirla en un fenómeno bastante nuevo. Me refiero a la convocatoria del 25 de mayo en el Obelisco, “la Patria está en peligro”. Las centrales sindicales tienen un lugar en la articulación y en la convocatoria central. ¿Qué va a pasar, entonces, este viernes 25 de mayo?

-Es un acto que lo más parecido que tiene para compararlo son las convocatorias del 24 de marzo, que de por sí congregan a sectores de una gran diversidad, a sectores de distintos estratos sociales y a distinto tipo de pertenencias políticas. Aunque mayoritariamente siempre está la presencia de los trabajadores y de los jóvenes. Del mismo modo, el 25 de mayo se intenta ampliar al espectro más amplio posible de aquellos que sienten y comparten la idea de que la Patria está en peligro. Entendiendo por esto las conquistas, los derechos, la vida de los jóvenes, de los niños, de los ancianos. La vida de los trabajadores. Y, en ese sentido, se señala la presencia del FMI como la amenaza más concreta a la que hace referencia la consigna “la Patria está en peligro”. Además, la convocatoria trata de no poner en primer plano a ningún sector en particular. Para darle esa característica de una convocatoria de iguales, desde distintos sectores, y con la misma motivación. Y el escenario va a ser bastante parecido al de los 24 de marzo: no va a haber oradores, no va a haber referentes como no sean los de los Derechos Humanos y los artistas y los músicos que van a ser protagonistas de la jornada desde el escenario entonando el himno nacional y leyendo el documento al que adherimos las más de 40 organizaciones convocantes.

 

-En los últimos días, hablando con varios dirigentes sindicales y sociales, escuché que se está intentando pasar desde una etapa de resistencia a otra etapa que quizá se podría definir como de ofensiva. O de ya, ante este escenario terrible que plantea el gobierno, la construcción de una propuesta, de una alternativa, que sistematice todas las demandas en una suerte de programa. Un paso de la resistencia a la ofensiva. ¿Es así, Hugo?

-Y, yo creo que sí. Estamos entrando en una zona de transición. En la que van a coexistir los tiempos de las acciones defensivas, de las movilizaciones para tratar de ponerle límite al daño que todos los días aparece como una amenaza que se cierne sobre los jubilados, sobre los maestros, sobre los trabajadores que están reclamando una paritaria libre. Sobre la posibilidad de la pérdida de derechos que puede estar detrás de la Reforma Laboral. Sobre la posibilidad de que los pequeños y medianos empresarios puedan seguir produciendo. Todas estas acciones defensivas van a coexistir, entonces, con el intento de ir expresando, con la unidad de todos estos sectores, un espacio de convergencia que nos permita mirar hacia adelante sabiendo que si medimos en tiempo las penurias del ajuste el 2019 queda lejos. Pero que si lo medimos según el tiempo de la imperiosa necesidad de conformar la fuerza política que derrote a este gobierno de los ricos para los ricos, el tiempo es corto. Creo que vamos a estar transitando ese tiempo en el que las dos cuestiones van a aparecer en agenda.

-Leí en algún lado que si la CGT se da una nueva conducción que represente mejor a los trabajadores y a sus luchas, la CTA, por lo menos la que vos conducís, podría volver a integrarse a la CGT. ¿Eso es así?

-Sí. Planteamos que hay una conducción de la CGT que encarnó una política que claramente fracasó. La política de sostener una pasividad y una actitud condescendiente con las políticas del gobierno, que llevó a esta crisis que hoy vive puertas adentro la CGT. Ojalá esto marque el agotamiento de una etapa. Lo digo porque, bueno, nadie puede asegurar que no se intente reincidir, que no se busque cambiar algo para que todo siga igual y la CGT vuelva a asumirse como un instrumento de acompañamiento, como furgón de cola, de las políticas del ajuste y de las políticas de quita de derechos que el gobierno está llevando adelante. Si realmente los compañeros dirigentes de los distintos sectores de la CGT entienden que llegó el tiempo de comenzar un nuevo camino, de hacer una convocatoria amplia para que se incorporen a la CGT las organizaciones sindicales que hoy estamos fuera de ella, como las de la CTA o las organizaciones sociales, y podemos discutir, todos juntos y de conjunto, cuatro, cinco, siete, ocho puntos, en los que podamos acordar a partir de ahí una acción de ofensiva para sostener un programa que tenga que ver con el proyecto de la clase trabajadora: de pleno empleo, de mercado interno, de pequeñas y medianas empresas funcionando, de producción nacional, justicia social. Si eso es posible, nosotros estamos –y lo hemos resuelto dentro de la CTA- decididos a ser parte.

 

 

-¿Habla en nombre de la CTA de los Trabajadores? ¿O también la CTA que representa Pablo Micheli va en la misma línea?

-En principio, hablo en nombre de la CTA de los Trabajadores. Es un tema que lo venimos discutiendo también con los compañeros de la CTA Autónoma. Pero creo que hay una cantidad muy importante de organizaciones sindicales que tendrían un peso importante en un congreso de la CGT por el número de afiliados. Como también una importante cantidad de movimientos sociales que podrían expresar una nueva articulación, mucho más potente, mucho más amplia, y sobre todo dar una señal hacia la política argentina que nos permitiría poder poner todavía más expectativa en la posibilidad de gestar una unidad amplia para derrotar al gobierno de Macri.

-En el 21F, que fue la última gran concentración, en la que tuvo un rol muy importante Hugo Moyano, en febrero y sobre la 9 de Julio, también participó de una manera muy visible y aportando mucha presencia la CTEP, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. En principio, según la información que circula, la CTEP no asistiría a la convocatoria del 25 de mayo en el Obelisco. Están organizando una movilización propia unos días después. ¿Por qué se realizan estos esfuerzos de movilización en un período de tiempo tan corto y no se confluye en una misma movilización unificada?

-Yo creo que cuando un espectro tan amplio –más de cuarenta organizaciones- hacemos un esfuerzo para convocar en una fecha simbólica como es la del 25 de mayo, y mientras estamos atravesados nada más y nada menos que por la reinserción en el esquema de la picadora de carne del FMI, cuando eso se da y se hace un esfuerzo enorme para unificar, para cuidar hasta el último detalle para que todos se sientan identificados, se sientan parte, y nadie crea que está ocupando un segundo plano, y de pronto hay una organización que decide no ser parte de eso, evidentemente la decisión de dividir es de la organización que se margina de esta convocatoria. Yo sé que hoy, dentro del Movimiento Evita, hay discusiones muy intensas. Sé que hay sectores que van a participar, como los compañeros de un sector de la CTEP, que van a estar participando el 25 de mayo. En definitiva, creo que hay un momento en el que hay que dejar de remar con un pie en cada bote. Es decir, si el ‘Chino’ Navarro opina que hay sectores de la oposición que apuestan a que al gobierno le vaya mal, y si hay sectores de la clase dominante que entienden que el éxito del gobierno de Macri sería volver para atrás todas las conquistas del movimiento sindical y de la clase trabajadora del ’45 a la fecha, evidentemente creo que eso, sin lugar a dudas, explica gran parte de ese comportamiento errático de algunos sectores. Son sectores que, evidentemente, por lo menos tienen la brújula imantada. Es muy lamentable que en el esfuerzo de la unidad en la acción haya compañeros que representan a sectores tan importantes de las barriadas más pobres y que simplemente por un cálculo de mezquindad política no vayan a ser parte de una convocatoria que plantea la unidad en la acción para enfrentar a un gobierno que -por más que se disfrace y se maquille- es el gobierno de la clase dominante expresado en la forma más dura.