Martín Piqué

@MartinPique

El ex canciller Jorge Taiana conoce como nadie los vericuetos de la diplomacia en Sudamérica. Diputado del Parlasur desde diciembre de 2015, compañero de fórmula de CFK en la elección legislativa que Unidad Ciudadana perdió por 4 puntos en octubre del año pasado, Taiana tiene muchos pergaminos de los que enorgullecerse. Uno de ellos fue haber sido el coordinador de la cumbre de las Américas de 2005, en la que se puso freno al ALCA frente al propio George Bush (h). Una iniciativa que, por las noticias del presente, parece haber sucedido en otro planeta. Pero que fue gestada por el trabajo en conjunto de tres figuras claves en la primera década del siglo XXI: Luiz Inácio Lula Da Silva, Néstor Kirchner y Hugo Chávez. Dos de esos estadistas ya están fallecidos. El tornero industrial brasileño que llegó a presidente para sacar a 50 millones de personas de la pobreza y posicionar a Brasil como potencia mundial, hoy está preso. Condenado a 12 años de cárcel. Exhibido como un trofeo por la derecha regional.

En esta entrevista con Primereando, Taiana reconoce lo “oscuro” del momento que atraviesa la región. “Las perspectivas son bastante sombrías”, admite sin contemplaciones. Pero Lula, queda claro, está dispuesto a la pelea. Por eso retrasó un día su entrega a la Policía Federal, que finalmente, en la tarde del sábado, lo trasladó en avión a Curitiba.

Antes de viajar, el fundador del PT hizo un encendido discurso desde el balcón de la sede del sindicato de trabajadores metalúrgicos del ABC (periferia de San Pablo). Allí levantó la mano de los hombres y mujeres que lo acompañaron en su momento más difícil: son los dirigentes –legisladores, gremialistas, líderes sociales, autoridades del PT, sacerdotes, miembros de partidos aliados como el PCdB y el PSOL- en los que Lula más confía. En esa lista selecta están Celso Amorim, ex canciller; el diputado Paulo Pimienta; el fraile dominicano y periodista Frei Bretto, cercano al Papa Francisco; la titular del PT, Gleisi Hoffmann.

Taiana trató bastante a Amorim, quien podría asumir un rol clave a partir del encarcelamiento del líder del PT. “Lo que está claro es que con la idea de presentar la situación de Lula como una cuestión de corrupción buscan ocultar que se trata de una proscripción política”, advierte Taiana.

-Una novedad de la decisión del Supremo Tribunal Federal de Brasil, que no hizo lugar al hábeas corpus y dejó firme la condena en dos instancias contra Lula, es que ha debilitado la vía democrática. Porque una de las características que habían tenido los gobiernos progresistas, de izquierda o nacional-populares de la primera década del siglo XXI, es que llegaron al poder por los votos. Y lo que se está viendo ahora es una alteración de las reglas de juego de la democracia, en la que no se garantiza ecuanimidad para que los proyectos de izquierda, reformistas o contra-hegemónicos puedan competir en igualdad de condiciones con la derecha. ¿A qué nos debería llevar esta nueva situación?

-Lo que estamos asistiendo es a un deterioro de la democracia y del Estado de Derecho en la región. Hay varios antecedentes, ¿no? El primero, acuérdese, fue en Honduras, que nunca se subsanó. Y que ahora ha culminado con el fraude que se realizó en Honduras y nadie ha dicho nada, no ha pasado nada. En Brasil ya el impeachment a Dilma fue un impeachment en el que se enjuició a un presidente que no había cometido delito alguno, como era ella. Y se la sacó. Con el evidente propósito de sacar al PT del gobierno. Y ese pacto que se dio ya hace un tiempo es el comienzo de lo que quieren culminar ahora: que es evitar que el PT pueda volver al gobierno a través de su figura y de su candidato más apoyado, que es Lula Da Silva. Está claro que Lula encabeza las encuestas, está claro que Lula es una figura internacional. Está muy claro que en el juicio que le hicieron lo han condenado sin prueba alguna sobre que hubiera cometido el más mínimo delito.

-Usted dice que ese departamento de Guarujá, que le atribuyen haber recibido a Lula como una suerte de dádiva –esa sería la figura legal en la Argentina- por parte de la constructora OAS, no es de él. Que no está probado que sea de Lula.

-Claro. No está probado para nada. En ningún lugar figura que sea de él. En ningún momento lo habitó. No hay ningún papel sobre eso. Nada. Es un departamento sobre el que un señor de OAS, para reducir su condena, dijo que se lo habían dado a Lula. Nunca sucedió. La OAS incluso lo ha puesto en garantía como propiedad de ellos. Es decir, nunca ha sido de Lula, ni de su señora (Marisa Letícia Rocco Da Silva, fallecida en febrero de 2017), ni nada de eso. Es una vergüenza. Pero con ese argumento lo quieren sacar de la cancha. La decisión es política. Acá no quieren que vuelva a gobernar el PT. Y lo que están haciendo es sacarlo a través de una maniobra jurídica. Y si no alcanza la maniobra jurídica, ya los militares lo anunciaron: están dispuestos a hacer un golpe para que eso suceda. Está claro que esta es una decisión política para impedir que Lula vuelva a gobernar. Y, además, dada la importancia de Brasil, todo esto supone un golpe fuerte a la democracia y al Estado de Derecho. Es un día oscuro. Un día que ojalá se pueda revertir, porque de lo contrario las perspectivas de la región son bastante sombrías.

 

 

-En relación a las perspectivas, el PT está en una encrucijada. O acepta la condena y Lula, ya detenido, probablemente no se postule, y entonces presenta otro candidato con menos chances de ganar. O decide no aceptar las reglas de juego de una democracia restringida y trata de desestabilizar este régimen, esta democracia restringida. Para que quede claro que no se puede gobernar con el PT en esas condiciones. Como pasó con en la Argentina entre 1955 y 1973, que vivió una democracia restringida con el partido mayoritario proscripto. El peronismo, en aquel contexto, probó con varias estrategias: en algunos momentos tensionó y optó por la resistencia, en otros negoció y se expresó a través de otro partido, como apoyando a Frondizi. ¿Por qué alternativa debería optar el PT?

-Eso es una decisión de ellos. Ellos están en la realidad. Lula está enfrentando un momento muy especial hoy, en estas horas y en estos momentos. Tanto él como el PT tomarán la decisión que consideren más adecuada para el beneficio del pueblo de Brasil. Es un momento complejo. No es algo que se termine tampoco entre hoy y mañana. Hay que pensar bien y hay que pensar los próximos pasos a desarrollar para garantizar derechos y para garantizar que se deteriore lo menos posible la democracia. Y para garantizar que se recupere el mayor espacio posible.

-Le pido analizar los primeros pasos de Lula tras el fallo de la Corte brasileña. Él estaba citado a presentarse en Curitiba, en el Estado de Paraná, a las 5 de la tarde del viernes. Pero desconoció esa orden y se quedó en San Bernardo do Campo. ¿Cómo interpreta esas acciones?

-Bueno, el juez también había dicho que podía presentarse en San Pablo. Me parece que todo eso respondió, no digo a una negociación, pero sí a distintas formas de interpretar el momento tan difícil que se vivía. Creo que estuvieron conversando de eso.

-¿Cómo interpreta que TN haya puesto en su pantalla una placa con una cuenta regresiva hasta la hora límite de las 5 de la tarde de ayer, en que Lula debía entregarse? Al mismo tiempo se escucharon algunas voces que planteaban que si Lula iba preso por qué no Cristina.

-La mitad de la maniobra contra Lula es presentar esto como si fuera una cuestión de corrupción. Esto no es una cuestión de corrupción. Es otra cosa. Finalmente, hay muchas más acusaciones de corrupción y elementos de prueba ciertos, y no como el caso de Dilma o Lula, tiene el actual presidente, (Michel) Temer, y nadie hace nada. Lo que está claro es que con la idea de presentar la situación de Lula como una cuestión de corrupción buscan ocultar que se trata de una proscripción política. Eso es, en pocas palabras, lo que está pasando en Brasil. Están proscribiendo a Lula del proceso electoral.

-Usted fue canciller del gobierno kirchnerista, un canciller muy respetado. Como tal está informado de las novedades en las relaciones de la Argentina con los distintos países que tienen representación diplomática en el país. Algunas declaraciones del nuevo embajador norteamericano (el ex juez Edward Prado) parecen vincularlo con la llamada doctrina del ‘law-fare’, la batalla o la guerra judicial contra el populismo. ¿Qué opina?

-No lo conozco. Sí sé que era un juez, no creo que tenga mucha experiencia diplomática. Me parece que, en todo caso, lo que se llama ‘law-fare’ tiene otros canales y otros medios a través de los cuales se viene expresando. Y, sobre todo, tiene que ver con una situación dentro de cada país. Lo que tenemos en la Argentina es un proceso amplio de judicialización de la política. Y en ese proceso de judicialización de la política varios sectores, parte del aparato de administración de Justicia, toman un rol activo. Un rol verdaderamente político, en general en defensa de los grandes poderes concentrados y constituidos. Eso es lo que está pasando y, en general, con apoyo de sectores mediáticos concentrados.

-¿En la Argentina y Brasil se está desarrollando esta nueva doctrina judicial que utiliza las herramientas del Poder Judicial para entorpecer u obstaculizar el regreso al gobierno de lo que ellos llaman ‘populismo’?

-Hay muchos factores de poder que quieren evitar un regreso del populismo. Algunos usan métodos que son legítimos, de lucha y de acción política. Otros parece que recurrieran a instrumentos que no parecen ser tan aptos, ni de base legal.

 

 

-Cuando termine el Mundial de fútbol se iniciará la campaña electoral. Por lo tanto, queda poco para 2019. Y si uno revisa para atrás la historia argentina, cada vez que hubo un cambio de signo político en el gobierno –en el 2015, cuando terminó el kirchnerismo y ganó Cambiemos; o en 1989, cuando terminó el radicalismo y ganó el peronismo; o en 1999, en que perdió el peronismo y ganó la Alianza-, ya unos años antes se percibía en la sociedad que estaba surgiendo un poder alternativo al poder institucional que estaba en el gobierno. Un poder en gestación, que se estaba conformando. Sobre el que la sociedad empezaba a depositar expectativas. Y al que sólo le faltaba presentarse a elecciones y ganarlas. Hoy, sin embargo, a pesar de todos los encuentros por la unidad del peronismo, no se nota eso. Hay un malestar contra el gobierno de algunos sectores, eso sí, pero no se ve un poder en ascenso de la oposición a Cambiemos.

-Eso va a ocurrir en el año '18. Este año. Porque las elecciones presidenciales se realizan a fines del año que viene. Es en este año cuando se tiene que consolidar una opción opositora. Que todavía no está consolidada, claro. Pero hay todavía tiempo suficiente para que así suceda.

-¿No percibe esa ausencia de una opción opositora como un indicador de que Cambiemos tiene asegurada la reelección?

-No. Para nada.

-Hace unos días se realizó en la ciudad de Gualeguaychú un encuentro del peronismo que tiene diferencias con Cambiemos –no sé si tan profundas- pero que al mismo tiempo dicen que para ellos un fuerte límite es la figura de Cristina. Y también dicen que otro límite es la corrupción, como si asimilaran al kirchnerismo con la corrupción. ¿Qué opina?

-No sé bien qué pasó en Gualeguaychú. Por lo que sé, iba a ser una reunión con gobernadores pero finalmente no lo fue. Fue una reunión de legisladores peronistas. Me parece bien que se reúnan, que se encuentren distintos sectores, que discutan, que conversen, y que empiecen a ver cuál es la mejor forma para que el peronismo vuelva al gobierno y derrote al macrismo el año que viene.

-Insisto con una pregunta anterior: ¿se nos quemaron los libros para entender lo que está pasando en Brasil y en Sudamérica? Porque las doctrinas anteriores parecen no dar cuenta del nuevo escenario de la región.

-No sé si se nos quemaron los libros. Más bien hay que leerlos de nuevo.