Por Martín Piqué @MartinPique

Juliana Di Tullio está acostumbrándose a su nueva rutina tras dejar el Congreso. Todos los sábados arranca el día con una nueva serie de “gym”, según sus propias palabras. Después del ejercicio llega el momento de las amigas. El mediodía y las primeras horas de la tarde convierten a su casa de Castelar en el escenario de un encuentro que se extiende por horas, entre afectos y complicidad femenina. Di Tullio se siente bien en el lugar de anfitriona. Hasta el 10 de diciembre de 2017 fue diputada nacional por el Frente para la Victoria-PJ. Su nombre quedó fuera de la renovación de las listas del kirchnerismo. Ella dice estar aliviada. Que no extraña la función legislativa. “Si se suceden varios mandatos, dejás de ser una persona común y pasás a convertirte en un diputado o diputada y no es lo que yo quiero”, comenta. En los últimos meses, ya de regreso al llano y pensando en el sustento, la ex jefa del bloque de Diputados del FpV entre 2013 y 2015 prepara un proyecto con su hermano, que es ingeniero químico.

“La verdad es que esta pelea la ganó el feminismo en la Argentina. El movimiento de mujeres se convirtió en un contrapoder”, advierte Di Tullio. Es su balance, por cierto tajante, de la marea festiva y ardorosa que inundó de violeta (color del movimiento feminista) y verde (que identifica a la campaña por la despenalización del aborto) el centro de Buenos Aires.

 --Fue impresionante lo que pasó en la Argentina el #8M, con el paro internacional de mujeres. Los cambios sociales y culturales, sabemos, se dan como procesos. ¿Qué significa lo que está pasando?

--La marcha del 8 fue impresionante y con la presencia masiva de juventudes de distintos espacios políticos, sociales, culturales. De la vida social, política y económica del país. El feminismo, o mejor dicho los feminismos, vienen creciendo año tras año de forma abrumadora. Todo esto tiene que ver con un cambio, no sólo del mundo, sino también de la Argentina. Cambios que nuestro país necesita para poder lograr lo que la mayoría de las argentinas y argentinos, entiendo yo, desea: que es justicia social. Es imposible lograr la justicia social sin tener perspectiva de género y sin que el pensamiento del feminismo entre y cuele sobre todos los espacios políticos. Es muy difícil pensar en un programa social, político, económico y cultural sin tener esta visión. Cosa que se viene dando en los últimos años con mucha más discusión y vehemencia.

--Recién hablaba de “los feminismos”. ¿Cuáles son las distintas formas de ejercer el feminismo en la Argentina?

--Y… hay muchos feminismos en nuestro país. Y todos conformamos el movimiento de mujeres. Son diferentes visiones con una misma agenda, que el jueves pasado se pudo unificar en un documento de 16 páginas. Con una posición concreta. Porque el feminismo es un movimiento político. De la producción, de las asambleas que se hicieron de cara al 8M, lo que surgió fue una posición conjunta. Es un movimiento político que tiene enfrente al gobierno de Macri, y se opone a este gobierno. Porque la derecha y el patriarcado son la misma cosa. Lo que yo vi con más emoción del 8M fue la cantidad de mujeres jóvenes –de juventud- y de también de niñez, que había en la calle pero no para festejar. Juntándonos para luchar. Pero también nos abrazamos, nos divertimos, cantamos. También nos besamos. Y visibilizamos que estábamos las mujeres, las mujeres trans, las mujeres lesbianas, las mujeres sindicalistas, las mujeres de los partidos políticos. Todas las mujeres nos juntamos en una heterogeneidad enorme para luchar por una misma cosa: que se termine el patriarcado.

--Antes del 8M aparecieron notas en Clarín y La Nación que presentaban a Macri como “el feminista impensado”. Por habilitar la discusión parlamentaria de la despenalización del aborto. Y por el anuncio de que si el proyecto se aprueba en el Congreso él, supuestamente, no lo vetará. Además, Macri se reunió en estos días con un grupo de mujeres de Cambiemos para anunciar la presentación de otra iniciativa, que busca ampliar las licencias por paternidad y combatir la desigualdad salarial. ¿Macri está intentando dar una suerte de giro progresista?

--Al movimiento de mujeres no lo engañan las palabras del presidente. Macri, lo que no pudo, fue distraerse de este fenomenal poder popular que construyó el movimiento de mujeres durante todos estos años. 34 larguísimos años, pero que en los últimos tres años tuvo una masividad gigantesca. Lo que hizo Macri fue seguir diciendo que su postura es en contra de la legalización del aborto pero, sin embargo, dice que habilita el debate. Eso, igual, incide adentro del recinto. Lo que diga el presidente. No es un problema sobre si abre el debate o no lo abre, el tema es que tengamos ley. Ley de interrupción voluntaria del embarazo. Una ley de aborto legal, seguro y gratuito. Un presidente que tiene dos ministras mujeres en su gabinete no puede hablar de esto, nadie lo puede calificar como ‘el feminista menos esperado’. Un presidente que ajusta, que despide y que dice: “qué lindo culito que tenés”. Y que dice que a todas las mujeres nos gusta que nos digan eso. Nadie puede hablar de un presidente feminista con todo esto. Algunas mujeres pueden distraerse, pero no el movimiento de mujeres. La verdad es que esta pelea la ganó el feminismo en la Argentina. Y por eso tuvo eco en el Congreso. Y en relación a las reformas sobre ‘igual trabajo, igual remuneración’, no se trata sólo de eso. Es insuficiente. Porque las mujeres no hacemos horas extra porque las hacemos en casa: y nadie nos reconoce ese trabajo. Además, el presidente al que llaman “el feminista menos pensado”, a las mujeres, nos quitó las jubilaciones. El Estado ya no nos reconoce el trabajo doméstico.

--¿Las moratorias jubilatorias?

--Sí. Cuando se terminen las moratorias nos van a dar una simple pensión por vejez pero no reconocen el trabajo no remunerado para obtener una jubilación. No es un problema de calificaciones, o de oportunidad. En definitiva, el movimiento de mujeres se convirtió en un contrapoder. Eso es lo más interesante. Dentro del recinto del Congreso está el poder del Ejecutivo, que se expresa cuando el presidente dice que no está de acuerdo con una ley. Y que dice, todavía peor: “yo estoy a favor de la vida”. Yo también estoy a favor de la vida y quiero una ley de aborto legal, seguro y gratuito. Eso no me convierte a mí en una asesina. Porque soy consciente de que las mujeres tenemos el derecho de decidir sobre nuestro cuerpo. Y si al presidente no le parece que las mujeres tenemos el derecho de decidir sobre nuestro propio cuerpo, no es el feminista menos esperado. No lo es. Este contrapoder que se construyó ya se equipara a las marchas de los sindicatos: es un movimiento político con una vida enorme y con una fuerza enorme. Un  contrapoder frente a los poderes que inciden adentro del Congreso: la Iglesia Católica, las clínicas que hacen los abortos clandestinos y al propio Ejecutivo, que ya deslizó que el presidente está en contra de una ley de legalización del aborto. Por más que lo disfracen con planteos como el que dice “queremos que el debate sea prudente y que se escuchen todas las voces”. La cuestión es si las mujeres decidimos, o no decidimos, sobre nuestro propio cuerpo. Yo no puedo aventurar un resultado en el Congreso, porque ya no soy parte. Tampoco puedo hacer una cuenta concreta de la cantidad de votos que se puedan juntar, tanto en Diputados y Diputadas como en Senadores y Senadoras.

--Ya que menciona las dos cámaras del Congreso, ¿cómo votará Cristina? Ella dijo hace un tiempo que estaba en contra. Pero más recientemente comentó que su hija es feminista y que la escucha con atención.

-- Yo conozco la influencia que Florencia (Kirchner) ha tenido en Cristina sobre este tema. Ella lo dijo públicamente en un reportaje que le hicieron el año pasado antes de las elecciones legislativas. Le preguntaron sobre el aborto y ella dijo algo así como: “A veces, a las mujeres, nos paren nuestras propias hijas”. Cristina, que es una estadista, además está atenta a lo que pasa en el mundo. Y también está atenta a los cambios sociales, políticos y culturales de nuestro país. Por lo que tomó nota de este feminismo vertebrado como un espacio de poder popular muy visible en las calles y también en el debate público y en los medios de comunicación. Yo no sé cuál va a ser la posición de Cristina. Yo creo que no se lo va a decir a nadie. Que lo va a resolver ella. Lo debe tener resuelto o en vías de resolución. A mí me encantaría que vote a favor de la despenalización, obviamente. Me encantaría. Lo que sí sé es que Cristina, en este sentido, creció muchísimo. Porque lo sufrió en carne propia: fue presidenta ocho años, y durante ese período la han violentado por ser mujer. Todavía la siguen violentando. Y hablando otra vez de ese ‘feminista impensado’, que sería el presidente Macri, recordemos que lo primero que hace fue poner presa a una mujer: Milagro Sala. Como también violentar todos los días, judicial y mediáticamente, a la ex presidenta de la república. Con eso disciplinar al resto de las mujeres, no sólo a las organizaciones sociales. O a Milagro Sala, a Cristina, al peronismo o al kirchnerismo. Intenta disciplinarnos a todas. Pero con lo que pasó el 8 de marzo le dijimos que no nos va a callar. Que no nos disciplina y que no vamos a cambiar nuestra manera y nuestra forma de pensar. Y que tampoco hable por nosotras.

--A partir de la irrupción del movimiento de mujeres, ¿percibe algún cambio en la manera de ser varón en la Argentina?

--Yo lo veo en los chicos más chiquitos, en los chicos más jovencitos y no en todos. No es una cosa homogénea. Chicos muy jovencitos que son parte de los centros de estudiantes, que forman parte de secretarías de equidad de género, o de igualdad de oportunidades. Hay un cambio que es generacional. Yo creo que las mujeres y las chicas más jovencitas nacieron feministas. Muchas.

--¿Ese fenómeno también se da en los sectores populares? ¿O es un fenómeno condicionado por la cuestión de clase?

--No creo que esté atravesado por las clases sociales. Lo que sí pienso es que nosotros tenemos una de las mejores leyes de la Argentina para poder modificar culturalmente esta sociedad patriarcal: la Ley de Educación Sexual en las escuelas. Una ley que se tiene que aplicar muy bien, con mucho presupuesto, durante 20 años, para empezar a tener un verdadero cambio cultural. Pero no se ha aplicado de esta forma, y en los últimos dos años de este gobierno, bueno, ya se convirtió en una ley sin presupuesto, con el material educativo destruido: por decisión de este presidente, al que algunos llaman el ‘feminista menos esperado’, se ha destruido esa ley. Una ley muy importante para deconstruir esta sociedad patriarcal. Aunque las provincias tampoco adhirieron todas a la ley de Educación Sexual en las escuelas. Falta la adhesión total. Ni la ciudad de Buenos Aires tiene la ley de Educación Sexual en las escuelas. Necesitamos más preparación en el ámbito docente para que todas las docentes y todos los docentes puedan tener más capacitación. Sería muy importante poder aplicar esa ley con toda la fuerza. Porque no es que nos falta, como dijo el presidente, una ley de Educación Sexual. La tenemos. Hace muchos años. Se tiene que interiorizar un poco más. Lo que tiene que hacer es dejar de quitarle presupuesto año tras año y defender lo que se hizo correctamente. Esa ley hay que aplicarla bien. Y volviendo a la pregunta sobre los varones: los varones de mi generación empiezan a ver que para que un varón sea feminista hace falta reconocer cuáles son los privilegios que tienen con respecto a las mujeres. Entender que no es posible una sociedad más justa si hay privilegios en un sector y hay otro sector que no goza de privilegios y que tiene una vida llena de violencia desde que nace hasta que muere. Lo que los varones necesitan es tener más información: por eso la Ley de Educación Sexual. Pero si hablamos de generaciones como la mía, no va a la escuela. Aunque las hijas –y algunos hijos- los interpelan todos los días. Ya lo dijo Cristina: “Mi hija es la que me hizo reflexionar sobre este tema y es la que más me hizo cambiar el modo de pensar”. Los varones que siguen reproduciendo los mandatos del patriarcado tienen que entender que ese patriarcado significa, para ellos, una idea de hombre, de varón, que jamás pueden alcanzar en su totalidad. Hay una permanente frustración de los varones por esa idea que tiene el patriarcado.

--Una frustración que a veces genera violencia, ¿no?

--Exactamente. La frustración lleva a hechos violentos. Pero nunca tiene que ver con algo que hicimos las mujeres. Es la propia construcción del patriarcado: la cultura que impone al varón ser de una determinada manera para ser un ‘buen varón’. Aunque ese varón nunca va a alcanzar esa idea del patriarcado. Lo mismo pasa con las mujeres, que nunca alcanzamos la idea de mujer que quiere instalar el patriarcado. Y hay una idea de apropiación de los cuerpos: los cuerpos les sirven para producir pero no nos dejan usar nuestros cuerpos en nuestros derechos sexuales y reproductivos. Es una cuestión de cosificación de las mujeres. “Vos me servís para producir el PBI pero no me servís cuando vos querés tener tus derechos para decidir sobre tu reproducción sexual”. Ahí no te dejo. Como Estado, como instituciones. No te dejan la Justicia, el Congreso, la cultura. La salud, el trabajo, la escuela. Las instituciones de la vida pública. Es una pelea cotidiana, muy difícil, muy ardua, muy compleja. Pero que hay que darla.

--Visiones contrarias a la despenalización del aborto sostienen que un sector del poder financiero mundial -se menciona al multimillonario húngaro George Soros- financia con recursos la instalación en el mundo de una agenda vinculada a los nuevos derechos individuales, a las teorías de género, a la despenalización del aborto. Con el supuesto objetivo de poner a un segundo plano el conflicto central dentro de una sociedad: la desigualdad entre las clases sociales, el conflicto entre capital y trabajo, la explotación. También se menciona la fijación de políticas de control de la natalidad como estrategia global. Esto puede relacionarse con los planteos de la intelectual feminista norteamericana Nancy Fraser, quien plantea que existe un “neoliberalismo progresista”. ¿Qué piensa de todo esto?

--Esto no se debate. No ha llegado al debate, por lo menos, adentro de los espacios políticos. La verdad, el feminismo no se daña con estas cosas. Nosotros venimos luchando por estas cuestiones desde hace años. Y, la verdad, el señor Soros no se acercó al movimiento de mujeres en la Argentina (ríe). No sé si todo eso no está en el plano de la fantasía o está en el plano de la realidad. Estamos hablando de otra cosa. Yo no me engancharía. Bajo ningún punto de vista.

--El peronismo, en sus distintas vertientes, está intentando unirse para ganar la elección presidencial de 2019. En un encuentro reciente realizado en la UMET se vieron pocas mujeres dirigentes: en la foto de apertura eran todos varones y eso despertó algunas críticas. ¿El espacio nacional-popular está capacitado para representar todos los cambios que se están produciendo en la sociedad?

--Mire, el peronismo va a tener que hacerse eco de esto. Yo también tengo una visión cuestionadora. Yo soy feminista y peronista de toda la vida. Y tengo esta doble condición y militancia desde muy chica. A mí me costó mucho dentro del peronismo poder siquiera hablar de estos temas. Pero hace unos tres años que este debate se está dando dentro del peronismo, cosa que me parece absolutamente saludable y auspiciosa. Sobre todo porque es volver a las fuentes. En los últimos 35 años el peronismo ha pensado que peronismo y feminismo son oxímoron. Y no sólo no lo es, sino que todo esto está en el ADN del peronismo. Perón concibió el movimiento nacional y popular, cuando lo creó, con aquellas personas que estaban afuera del reparto del poder: y no sólo eran los trabajadores. Eran las trabajadoras también. Eran las mujeres. Los niños y niñas. Y cuando se habla de ancianos, en aquella época se hablaba de “ancianos y ancianas”. Evita no es un milagro. Es una consecuencia de ese pensamiento. Cristina tampoco es una casualidad. Las mujeres, hoy, y también en las décadas del ’40 y ’50, somos muy activas militantes. Somos la mayoría de la militancia del movimiento nacional y popular. Por eso, seguir teniendo conducciones únicamente conformadas por varones –aunque a mí me conduce Cristina-, por lo menos en las fotos, donde aparecen todos varones, la verdad que ofende. Más que ofende, violenta. No son buenas fotos. Lo que hace es dejarnos afuera de la realidad. Ahora, eso a mí no me confunde y me lleva a pensar que el PRO o Cambiemos tiene más mujeres. ¿Cuáles son las mujeres?

--Y… María Eugenia Vidal.

--Pero María Eugenia Vidal es la única mujer que tiene el PRO. Pero tampoco se puede decir que Vidal sea una mujer con perspectiva de género. Cerró las consejerías por aborto, por eso renunció su ministra de Salud (por Zulma Ortiz). Vidal no tiene perspectiva de género sino todo lo contrario. Pero yo le voy a discutir políticamente a Vidal. Jamás tendría hacia ella una agresión de mi parte por su condición de mujer. Yo creo que no es una buena gobernadora. Pero no lo es por las políticas que aplica, y específicamente por las políticas que aplica hacia las mujeres, que somos más de la mitad de la población de la provincia. Esta iniciativa de cerrar las escuelas, o de echar docentes, que en su mayoría son mujeres, o cuando la gobernadora despide empleados y empleadas de la provincia de Buenos Aires, o exige a los municipios que achiquen las plantas de sus administraciones, ¿a quién cree que todas esas medidas van a afectar primero? A las mujeres. Somos las más despedidas. Las que más precarización sufrimos en el trabajo. No nos pagan las horas extras. Esa es la diferencia y la brecha salarial. No es una frase, es una realidad. Y no se arregla con una ley que declame que estará prohibido que se le pague más a un varón que a una mujer por un mismo cargo. Yo no quiero que se nos use a las mujeres para implementar una Reforma Laboral y para achicar a la baja el salario de los trabajadores varones. Que no les paguen más las horas extras. No. ¡Que nos paguen a nosotras las horas extras! Y que nos reconozcan también el trabajo que hacemos en nuestras casas, el trabajo no remunerado. Y que accedamos a los puestos jerárquicos: que los ascensos sean igualitarios. Esa es la brecha salarial.