Por Martín Piqué @MartinPique

Martín Sabbatella conversa con Primereando desde su casa particular, en la localidad de Castelar. Dirigente de Nuevo Encuentro, el ex titular del AFSCA representa a una de las fuerzas que conformaron Unidad Ciudadana para competir en las últimas elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires. La plataforma electoral que utilizó Cristina Fernández para su postulación a senadora se está replicando en otros distritos del país. Hace 15 días, Sabbatella participó del lanzamiento de Unidad Ciudadana en Salta. El acto, realizado en el club Libertad de la capital de la provincia, constituyó un espaldarazo al diputado nacional Sergio Leavy, ex intendente de Tartagal y el hombre que promueve el kirchnerismo para suceder a Juan Manuel Urtubey al frente de la gobernación. A la irrupción de Unidad Ciudadana en la provincia norteña le seguirán otras. Los detalles organizativos están a cargo de Oscar Parrilli, titular del Instituto Patria. En carpeta esperan los desembarcos en Córdoba, Corrientes y Entre Ríos.

Para referirse a la actualidad de Cambiemos, Sabbatella apela a una palabra que no admite ambivalencias ni confusiones en la interpretación. Para el ex titular del organismo a cargo de aplicar la Ley de Medios (disuelto por Macri en las primeras semanas de su gestión), el gobierno lisa y llanamente “fracasó”. “El modelo que ellos establecen no tiene resultados. Es terrible el daño que están provocando. Lo que está sucediendo es que Cambiemos ha perdido el apoyo que originalmente llegaron a tener”, advierte el ex intendente de Morón (municipio que gobernó por tres períodos, entre 1999 y 2009, cuando fue electo diputado).

En relación a la búsqueda de unidad para vencer al macrismo, que considera primordial, Sabbatella pone una condición. Es el atributo que, a su juicio, deben portar los dirigentes con aspiraciones de ser candidatos. “Desde el kirchnerismo no le pedimos a todo el mundo que sea kirchnerista. Eso sí, le pedimos que sea opositor”, subraya. El titular del partido Nuevo Encuentro conversa bastante con la senadora Cristina Fernández. Cuando se le pregunta por la ex presidenta, y por el rol que ella podría asumir en este contexto, Sabbatella responde con prudencia. “No sé si hoy es el momento para hablar con nombre y apellido de las candidaturas. De lo que sí no tengo ninguna duda es que la líder más importante que tiene la Argentina se llama Cristina Fernández de Kirchner”, reafirma sin ocultar su convencimiento.

-En los últimos meses, y sobre todo en las últimas semanas, se ve al macrismo más débil. En simultáneo crece la resistencia social. ¿Cómo evolucionará este escenario?

-Hay una situación que conjuga la puesta en marcha de un modelo de saqueo, de brutal transferencia de recursos de los sectores populares a los grupos concentrados de la economía, con un endeudamiento que hipoteca el futuro de nuestra patria. De nuestros hijos, de nuestras hijas, de nuestros nietos, de nuestras nietas. Son políticas que afectan la vida cotidiana de la gente. Todos los días la inmensa mayoría de los argentinos y argentinas estamos un poquito peor: los trabajadores, las trabajadoras, los sectores medios, los pequeños productores, los pequeños empresarios, los pequeños comerciantes, las economías regionales. Es una estrategia brutal que pretende destrozar los derechos históricamente conquistados en materia de derechos económicos-sociales. Además, al avanzar en esa defensa voraz de los intereses económicos de los grupos concentrados, el gobierno produce un deterioro en el Estado de Derecho que afecta las libertades públicas, los derechos civiles. Es decir, están atacando tanto los valores de la libertad como los valores de la igualdad. Que son los pilares de la democracia. La voracidad de este grupo de ricos que gobierna para ricos no tiene límites. Pero, ojo, al mismo tiempo subsiste una memoria, una historia de lucha y de derechos, que está viva en nuestro pueblo. Y que se expresa en las movilizaciones populares. En las movilizaciones en contra de la reforma previsional, del 21 de febrero, en la marcha federal docente, en la inmensa movilización del 25 de mayo. Hay una memoria, una historia de lucha y una historia de derechos, que está vigente. Y que está puesta en valor en los últimos 12 años y medio de gobierno popular, que es una experiencia que dialoga y se nutre con la historia más larga de nuestro país. El desafío es avanzar para que esa unidad que hoy se ve en la calle, en los movimientos sociales, en los gremios, que se ve también en las expresiones de unidad parlamentaria, pueda constituirse en una unidad que plantee una nueva mayoría.

-En las últimas semanas se pasó del pesimismo respecto de las chances electorales de la oposición a un diagnóstico que dice que el gobierno está en graves dificultades. Sobre todo en lo financiero. Eso sí, con toda la sociedad como rehén. ¿Comparte esa mirada?

-El modelo que ellos establecen no tiene resultados. Fracasó. Fracasa en relación a intentar construir consensos en torno a una política que hace tanto daño. Porque es tremendo el nivel de daño que están generando. Es imposible querer conjugar ese nivel de daño con el acompañamiento de una parte importante de la sociedad. Y lo que está sucediendo es que Cambiemos ha perdido el apoyo que originalmente llegaron a tener. Grandes sectores de la sociedad que habían tenido cierta expectativa en las propuestas del gobierno hoy se van alejando. Un ejemplo: la inmensa mayoría hoy está en contra de volver al FMI. Porque sabe que eso es un retroceso brutal. Es invitar al pasado, a algo que ya sufrimos. Ellos están perdiendo ese apoyo. El arco opositor, el sector de la sociedad que enfrenta a estas políticas, hoy se ha constituido en mayoría.

-Lo que estaba claro desde el 2015 era que los grandes empresarios, más allá de sus diferencias, consideraban a Cambiemos como ‘su’ gobierno. En la última semana se habló de que el gobierno implementaría otra vez retenciones –derechos de exportación- para algunos cultivos. Hubo una reacción de la Mesa de Enlace. ¿Hay sectores empresarios que se corren del apoyo explícito?

-Los intereses de los grupos que sostienen -y que sostuvieron- a este gobierno son más importantes que el nombre de quienes pueden aplicarlos. A estos sectores les preocupan más sus propios intereses que el futuro o no de quienes son circunstancialmente los aplicadores de este modelo. Pueden obviamente alejarse, distanciarse. Siempre en función de defender esos intereses. Es evidente que hay tensiones dentro de ese mundo. Pero yo no tengo ninguna duda de que el establishment, el poder, piensa también en cómo ordenar el sistema político: si no le sirve uno, entonces pensar en otros.

-¿Ya están pensando en un candidato muletto por si Macri sigue en declinación?

-El establishment tiene una estrategia, que es llevar adelante los cambios estructurales para construir una Argentina pre-yrigoyenista, pre-peronista, pre-kirchnerista. Pero eso se choca con la memoria social e histórica de derechos de nuestro país. Igual lo intentan hacer. Necesitan construir una cultura de la resignación, que consiste en que nuestro pueblo crea que hay cosas que no le pertenecen. Por eso empezaron desde el primer día a hablar de que estábamos mal acostumbrados cuando creíamos que íbamos a poder tener un televisor, o un plasma, o irnos de vacaciones. Que eran cosas producto de la fantasía. Ellos buscan anular la idea de la movilidad social ascendente, la posibilidad de que el hijo de un laburante pueda ir a la Universidad. Tienen que construir esa cultura de la resignación para poder avanzar con sus transformaciones, que multiplicarán la desigualdad. Al mismo tiempo necesitan un sistema político domesticado. Quieren que se debata dentro del marco que ellos establecen. Que el debate político se desarrolle dentro de los límites establecidos por ellos. Dentro de ese cuadrilátero. Por eso confrontan con quienes no aceptan este sistema político domesticado. Por eso la persecución al proyecto nacional, popular, y por eso la persecución a Cristina Fernández de Kirchner. Porque si hay alguien que no va a ser domesticada es Cristina. Lo que más le preocupa al establishment, en definitiva, es quién o quiénes superan las lógicas de los límites que ellos establecen. El de ellos es un plan de largo plazo. Quieren consagrar la desigualdad y los privilegios de las elites. Frente a eso nosotros tenemos que trabajar por la unidad del arco opositor. Y al mismo tiempo garantizar que esa oposición sea una oposición de verdad, realmente opositora. Una oposición que no sólo les gane en 2019 sino que se reconstruya un camino nacional, popular, democrático, en la Argentina.

-En el caso de que haya un ciclo de ascenso del peronismo en su faceta más transformadora y llegara otra vez al Estado, ¿qué innovaciones tendría que incorporar?

-Nada vuelve en las mismas condiciones. El desafío del campo popular es construir una propuesta que vuelva a enamorar y que, por supuesto, lleve con orgullo sus legados, su historia, su recorrido, y desde ahí plantee una propuesta de futuro. Por lo tanto, tiene que incorporar novedades, desafíos nuevos. Y que invita a seguir andando hacia adelante. Yo, la verdad, en términos de autocrítica, diría que bastante nos critican como para que nosotros sigamos haciendo autocríticas a esta altura de los acontecimientos.

 

Multitudinaria marcha opositora al macrismo

 

-Yo le preguntaba, más bien, sobre qué novedades se deberían incorporar para actualizarse a estos tiempos.

-El 25 de mayo de 2003 se inició un camino sobre el que todos sabemos cómo estaba la Argentina en el punto de inicio. Se hizo más de lo que cualquiera se podría haber imaginado que se iba a hacer. Por las condiciones objetivas, por las condiciones subjetivas. Mi balance es extraordinariamente positivo. Sí hay cosas que hay que pensar. Por ejemplo, nosotros debiéramos darnos una nueva Constitución. Un proyecto popular tendría que darle a ese Estado garante de esos derechos, a través de una nueva Constitución, rango constitucional. Porque si después se pierde una elección por un 1,5%, no se pueda gobernar en un sentido absolutamente contrario. Para hacerlo tendrías que construir mayorías especiales. Porque los nuevos derechos tendrían rango constitucional. Un gobierno que gana por 1,5% no puede hacer exactamente lo contrario a lo que se venía haciendo. La Reforma Constitucional sería sumamente importante. También una profunda transformación del Poder Judicial. Para que el Poder Judicial no funcione como una herramienta de los sectores concentrados y las elites del país con el objeto de sostener sus privilegios. Promover una Reforma Constitucional y una democratización del Poder Judicial es clave para poder pensar en ampliar la democracia.

-¿Quién tiene que ser candidato presidencial del espacio nacional-popular, o del peronismo y sus aliados, pongámosle el nombre que sea, en el año 2019?

-Hay que hacer el mayor esfuerzo por la unidad. Y así construir una propuesta que permita que el 10 de diciembre de 2019 sea el último día del gobierno de la derecha. Desde el kirchnerismo no le pedimos a todo el mundo que sea kirchnerista. Eso sí, le pedimos que sea opositor. Lo que queremos es que no haya dudas en su compromiso opositor y en su compromiso con los ejes que permitan reconstruir una propuesta popular. No sé si hoy es el momento para hablar con nombre y apellido de las candidaturas. De lo que sí no tengo ninguna duda es que la líder más importante que tiene la Argentina se llama Cristina Fernández de Kirchner. Es la líder opositora más importante, más gravitante, desde Ushuaia a La Quiaca. No hay liderazgo más potente que el de Cristina.

-¿Qué piensa de las últimas declaraciones de Guillermo Moreno, quien llamó a unir a todo el peronismo apelando a definiciones provocadoras? Propuso pedirle disculpas al PJ no kirchnerista. Y se refirió de modo muy crítico al kirchnerismo que no proviene del peronismo. Un ejemplo podría ser Nuevo Encuentro.

-Más allá de las opiniones personales de alguien, yo creo que la prioridad es la unidad en el campo nacional y popular para construir una nueva mayoría. Eso sí, al mismo tiempo que debatimos sobre la unidad hay que incorporar el debate sobre el contenido de esa unidad. ¿Cuáles son los ejes programáticos? ¿Qué se busca? Porque no hay ninguna duda de que el establishment busca o dividir a la oposición. Domesticarla. Lo que significaría ponerle límites a su accionar, o que adquiera un rol central un sector de la oposición que en 2016 fue parte de la maquinaria necesaria para poner en marcha las políticas de este gobierno. Cuando algunos sectores dicen “mi límite (para la construcción de la unidad) es el kirchnerismo”, por un lado queda claro que no quieren la unidad y, por el otro, también queda claro que no quieren ganar. Porque el kirchnerismo y el liderazgo de Cristina conforman el fenómeno político más gravitante de Ushuaia y a La Quiaca. Por lo tanto, quien dice que tal persona no tiene que estar, no quiere la unidad, no quiere ganar. Es obvio que desde el establishment no quieren que la unidad tenga un contenido profundamente opositor y sin dobleces. Como el que expresa Cristina Fernández de Kirchner en el país. Ella es la opositora más importante, sin discutir todavía cuál tenga que ser su rol en esa unidad. Otra cuestión que hay que entender es que la unidad no es solamente una cuestión dirigencial o de Palacio. La unidad tiene que ver con la unidad de los afectados, con la unidad del pueblo, con la unidad de los que estamos sufriendo las consecuencias de este modelo y de este plan de gobierno. En definitiva, es necesaria una propuesta que enamore y que construya una unidad social importante.

-Nuevo Encuentro surgió en Morón como un partido de centroizquierda y con impronta localista. Después se acercaron al kirchnerismo. Con el tiempo transcurrido desde aquella decisión, ¿cuál cree que fue el principal aporte de Nuevo Encuentro hacia el kirchnerismo?

-No sé cuál pudo haber sido el aporte nuestro. Sí desde distintos sectores se ha aportado, porque una de las características de lo que funda Néstor Kirchner y lidera Cristina es que crearon una fuerza política plural, que rompió fronteras, que corta transversalmente distintas culturas políticas. Y nuestra propia fuerza política, Nuevo Encuentro, también tiene esas características. No nos son ajenas ninguna de las tradiciones políticas de la Argentina. El kirchnerismo, como fenómeno político, expresa todo eso. Nosotros hemos aportado a eso desde nuestro granito de arena. El desarrollo de nuestra fuerza ya no la vemos como algo en sí, sino como una fuerza política es un aporte al crecimiento del proyecto popular en su conjunto. En estos años nos hemos retroalimentado. Hay un antes y un despúes de este fenómeno político en la Argentina.

-Estuvo al frente del AFSCA, el organismo de aplicación de la ley de Medios disuelto por el macrismo para crear el ENACOM. ¿Qué toma como lección para el futuro a partir de lo que pasó en estos dos años y medio con el mundo de los medios?

-Lo primero es que no hay ninguna duda de que este es un gobierno de derecha, que es absolutamente liberal en términos económicos, y además profundamente autoritario en términos políticos. Para un gobierno de pocos para pocos es necesario que haya poca palabra. Pocas voces, poca libertad. Por eso destruyeron la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en los primeros días. Intervinieron el AFSCA con la Gendarmería. Y armaron un Ministerio de Comunicación para pagarle los favores a Magnetto y a Clarín, con el objetivo de ampliar la hegemonía mediática del Grupo lesionando aún más la libertad de expresión. También pusieron en marcha una persecución, un proceso de estigmatización brutal, tanto a los movimientos sociales, a los líderes políticos y principalmente a Cristina. En paralelo, han perseguido a todas las voces que podían expresar alguna diferencia: medios de comunicación, periodistas, dueños de medios. Esto ha quedado absolutamente claro. También es cierto que la transformación en el mundo comunicacional no se llegó a implementar, entre otras cosas, por las dificultades de que a una ley de la democracia, por medidas cautelares, se la mantuviera paralizada durante cuatro años. Sin aplicarla. Y cuando la Corte decide la constitucionalidad y se constituye el proceso de aplicación, por medidas cautelares se frena otra vez el proceso. Eso genera increíblemente una denuncia penal del Grupo Clarín hacia el directorio del AFSCA, cuyos integrantes hoy estamos todos procesados.

 

Finalmente, el Grupo Clarín no se adecuó a la ley de Medios

 

-Una crítica recurrente que desde algunos sectores se le hizo a su gestión en el AFSCA es que no se llegó a aplicar el cupo para las entidades sin fines de lucro. O que no se puso todo el esfuerzo en la aplicación. Ese famoso 33% del espacio audiovisual reservado al sector no comercial.

-La ley establecía un 33% pero lo que es cierto es que el espacio es finito. Y para poder ocuparlo había que desocupar lo que estaba ocupado. Por eso, la generación de nuevas herramientas comunicacionales y la democratización de la tenencia del espacio van de la mano. Para poder ocuparlos con los medios comunitarios, había que desocuparlo de la tenencia por ejemplo de los espacios privados. Para lo cual había que poner en marcha la adecuación (de Clarín). Es muy difícil imaginarse una cosa sin la otra, porque el espacio es uno y finito. Entonces, se avanzó en la medida en que se podía avanzar teniendo en cuenta eso, con lo que ya sabemos que pasó: que fue la pelea de los grandes grupos que no quisieron adecuarse, o que se dedicaron obviamente a frenarla. Yo, más allá de eso, hago un balance positivo (de su gestión al frente del AFSCA). Porque, insisto, generar herramientas comunicacionales en distintos puntos del territorio nacional es algo muy importante. Pero no hay ninguna duda de que la democratización de la tenencia no se pudo llevar a cabo en profundidad para liberar los espacios que tenían que ser ocupados por otros.