(por Ignacio Cantala) Mientras sus principales dirigentes impulsan la idea de las PASO y otros manifiestan diferencias, entre los militantes crece el descontento. Se extiende la idea que reconoce la figura de Cristina como límite a cualquier cálculo político electoral.

Las elecciones han sido siempre escenarios de disputa interna. Las pugnas por los lugares en la lista, por posiciones expectantes o testimoniales, incluso hasta por un suplente nunca faltan. La capacidad política de quien conduce ese proceso determina el nivel de acuerdo y consenso o de desacuerdo y rencor con que el conjunto de la fuerza política encarará la campaña electoral.

Al interior de cada sector de una fuerza política, la magnitud de la disputa por quien lo representará dependerá del grado de cohesión, identidad, representatividad y estilo de la construcción política.

El Movimiento Evita se encuentra atravesando un momento de importante tensión interna, que no puede ser ocultado por la discusión actual de lista de Unidad vs. PASO, justamente porque esa definición es la causa de las principales fracturas.

Las expresiones del ex canciller Jorge Taina así como las del ex presidente del INTI Enrique Martínez, miembros de la mesa nacional del Evita, ponen de relieve un debate no saldado en la propia organización respecto a la elección legislativa y fundamentalmente en relación al rol y peso político asignado a Cristina Fernández de Kirchner.

Más determinantes resultaron las palabras de Carlos Vilas, quien hace unos meses renunció al Movimiento Evita, afirmando que se priorizaban impulsos tácticos oportunistas sin una estrategia política clara.

La reacción de la bases

En las últimas semanas, han sido las propias bases militantes quienes comenzaron a manifestar de modo más crudo las diferencias, expresadas más tibia o diplomáticamente por las caras más conocidas.

Brotan en las redes sociales grupos cerrados de militantes que canalizan a través de Facebook los planteos políticos que no son receptados por la estructura. Su posición se resume en dos frases: “Soy del Evita y me quedo con Néstor y Cristina” y “los dirigentes se van pero nosotros los militantes nos quedamos en el FPV”. Incluso los cuestionamientos han traspasado las redes y se comienzan a ver en el territorio organizaciones nacidas de esas fracturas.

Las expresiones crudas y sin filtro que allí circulan apuntan fundamentalmente al Chino Navarro, a quien califican de oportunista y neovandorista. Randazzo también recibe lo suyo, aunque lógicamente no tanto por sus expresiones públicas sino por considerarlo funcional a la derecha. Le achacan su vínculo personal con Pablo Casey, gerente de Clarín, y oriundo de Chivilcoy como el ex ministro de Cristina.

Ni el propio Emilio Persico se salva de los cuestionamientos. Su poco acertada frase acerca de que Cristina debía aprender a construir mayorías, causó gracia e indignación en los militantes de su propio movimiento. No sería la primera vez que los dirigentes, impulsados por intereses individuales o particulares de su organización, nieguen la dimensión histórica de determinados liderazgos e incluso pierdan el termómetro de la relación del pueblo con esos dirigentes.

Jugados a que Cristina no fuese candidata, el Movimiento Evita dió el portazo del FPV y buscó durante un año el candidato al que le ofrecería ocupar el lado izquierdo de su mesa. Especularon con Massa y exploraron acuerdos con variados dirigentes del peronismo, pero recién encontraron la silla correcta cuando Clarín lanzó la candidatura de Randazzo.

Resulta difícil pensar los debates entre Pérsico y Leo Grosso con Alberto Fernández. Más natural fluye la convivencia con el Chino Navarro, siempre dispuesto al discurso reivindicatorio de las barriadas populares pero fiel a la realpolitik y la conducta pragmática para mantenerse con vida en el sistema político. En este sentido, el Chino y Alberto Fernández hablan el mismo idioma.

Acerca de la lista de aspirantes y cómo salir de la encerrona

Otro conflicto venidero será el armado de la lista. El Chino Navarro tendría su lugar asegurado. Como buen negociador su lugar es el primero en confirmarse. Según fuentes del entorno de Remo Carlotto no le estarían permitiendo renovar su banca en Diputados. “Que se lo garantice Estela con Cristina” dicen desde el núcleo del Evita. La intención es que ese lugar sea ocupado por Gildo Onorato. El saldo simbólico de la ecuación sería el resultado de restar derechos humanos y sumar planes sociales.

Párrafo aparte para quien más méritos hace y menos consideración recibe en su afán por renovar. Juan Manuel Abal Medina se expone medíatica y políticamente en la búsqueda desesperada por obtener una banca. Su caso enfrenta dos problemas. En primer lugar, Randazzo no tiene la mejor opinión de él. Susbtiste entre ellos viejas rencillas del gabinete kirchnerista. El ex ministro de Transporte nunca toleró tener que pedirle autorización y rendirle cuentas a un jefe de gabinete al que llamaba despectivamente un “cuadro univesitario”.

Como se resolverá la situación de Abal Medina y como explicará Pérsico a sus bases la posición que asumirán en caso que Cristina sea finalmente candidata, son para el micromundo de los interesados en la política de las organizaciones dos novelas con muchos espectadores. En los capítulos previos los protagonistas huyeron de una estructura y armaron otra que resultó estar dentro de una aún mayor y que, para colmo de males, no posee salida. Durante junio y por canal 13 veremos los capítulos finales.

En las bases, las contradicciones de y con la estructura golpean hace meses a los principales cuadros territoriales. Estos confían en contenerla mediante la liquidez de recursos obtenidos del manejo de las políticas sociales. Aplicada a los que piensan distintos la contención y el apriete son para algunos de ellos sinónimos.

El control efectivo sobre muchos resortes institucionales vinculados a los programas de cooperativas les garantiza ese poder.

La reivindicación de los gobiernos de Néstor y Cristina, la posibilidad concreta de que Cristina sea candidata en la próxima elección y los intentos del gobierno, los medios y la justicia en esmerilar cualquier intento de oposición competitiva han interpelado a muchos militantes de base que no hacen política en oficinas de San Telmo a manifestarse y organizarse en pos de la unidad.