(Por Ignacio Cantala) En las casas de souvenir de todas las ciudades del mundo suele encontrarse el cuadro de un gato común, callejero, que se mira al espejo y este le devuelve la imagen de un león.

En la política nacional hay varias figuras o dirigentes políticos que al enfrentarse al espejo les devuelve una imagen de mayor grandeza, fortaleza y capacidad de la que efectivamente poseen.

Es habitual que los dirigentes construyan imágenes fuertes, de liderazgos seguros, que transmitan poder y representatividad. Y es también habitual que quienes hacen culto de ello dirigen esa pretensión hacia el universo endogámico de la política más que al conjunto de la sociedad.

Las negociaciones de los distintos bloques del peronismo en la legislatura bonaerense arroja un caso emblemático de ello, a partir del rol que en esta coyuntura se le asignó y se autoasignó el ex ministro del Interior y Transporte Florencio Randazzo.

Randazzo ha logrado a fuerza de pauta publicitaria y devolución de favores con los grandes medios de comunicación, que muchos actores lo vean como el león, como el actor político legitimado, reconocido por la sociedad, con imagen positiva por la gestión de los trenes, etc. pero su espejo también le devuelve las debilidades de una figura que perdió en su propio distrito, que nunca encabezó una lista de candidatos y fundamentalmente, que no posee poder territorial ni caudal de votos propios.

Sin embargo, hoy, para el peronismo bonaerense Randazzo es un león, o aparenta serlo. Pese a que en el mundo real y las mediciones que de ese mundo reflejan las encuestas su imagen se asemeje más a la del gato, sin caudal de votos propios y perdedor en cualquier escenario de internas del peronismo. Así lo refleja una encuesta encargada por el mismo a Gustavo Córdoba & Asociados, donde pierde con por 10 puntos en un escenario de internas del FPV.

Para la provincia de Buenos Aires es un actor de prestigio. Se autoimpuso como garante de la unidad del peronismo en búsqueda de la codiciada vicepresidencia de la Cámara de Diputados, para arrebatársela al Frente Renovador con la promesa de garantizar mayor gobernabilidad que el propio massismo.

La gobernadora Vidal le da aire al posible acuerdo. Confía en Randazzo. Los hombres que el ex ministro colocó en el gobierno provincial han pasado la prueba de lealtad con ella. Pero lo de Randazzo no es confianza sino temor a los rumores de carpetazos sobre denuncias en su gestión y al enojo de su coterráneo y amigo Héctor Magnetto.

El premio es tan grande que todas las facciones del peronismo silencian sus diferencias anhelando el objetivo.

Los mas reacios a este tipo de negociaciones afirman que "este acompañamiento no se corresponde con ninguna estrategia electoral", dejando en claro que no apoyarían a Randazzo en una eventual candidatura en el 2017.

Por otra parte, el aparente rugido del león se contrapone con el silencio abrumador que mantuvo durante todo el año, pese a la destrucción de fuentes de trabajo, el quiebre de pymes, la caída del salario, la inflación, la inseguridad y el endeudamiento sideral que protagonizan el escenario político, económico y social de una Provincia de Buenos Aires siempre al borde del abismo.

Esa cruda situación social golpea todos los días las puertas del despacho de los intendentes bonaerenses. Desde temprano reciben demandas por comida, trabajo, ayuda, etc. Por ello, muchos tienen recelos de quien durante todo el año no se ha expresado en defensa del pueblo bonaerense y de los propios intendentes, pues la recesión y la crisis también golpean primero sus puertas.

Los bloques del Frente para la Victora, con los representantes de La Campora, de los intendentes, el Peronismo para la Victoria con los diputados del Movimiento Evita, y el bloque del FPV-PJ con los hombres de Randazzo y el peronismo silvestre comparten una estrategia. No es un dato ni un logro menor, en un peronismo convulsionado y fragmentado.

El Movimiento Evita en su desesperación por buscar un dirigente conocido que pueda encuadrarse en su rara versión de un kirchnerismo sin Cristina, los intendentes y otros actores del peronismo que buscan cualquier alternativa que les permita recuperar el gobierno provincial a cualquier costo y hasta los kirchneristas más duros que lo destacan como un buen compañero, que hizo una gran gestión, todos por diversos motivos ponen en valor la figura del ex ministro.

Un analista político que circula por la legislatura cita a Laclau y afirma “Randazzóo es el significante vació del peronismo bonaerense. Todas las demandas e intereses diversos buscan en él un paraguas”. El problema, continua, “es que ello no interpela a la sociedad ni es una estrategia de poder. Al contrario, son intentos por construir un imaginario de unidad para intentar negociar frente a una realidad irreductible: el piso de 30-35% de votos que tiene Cristina en la Provincia de Buenos Aires.”

En ese terreno, en el universo de la política y sus dirigentes, Randazzo se siente muy cómodo y juega allí mejor que ninguno.

Su trayectoria y su construcción política así lo expresan, pues siempre se parecieron más a una red de dirigentes que aspiran a ocupar espacios de poder que a una organización con dinámica territorial, discusión y proyecto de país.

En este juego de dirigentes probablemente se refleje el Randazzo león, aunque en la disputa electoral, allí donde se cuentan los votos, el espejo parece reflejar al lindo gatito.