De acuerdo al relevamiento del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) la política de desinflación del Gobierno no logra los resultados pretendidos.

La política oficial de desinflación, sigue sin lograr resultados consistentes. Transcurridos dos años del nuevo régimen económico, la variación interanual de precios se posiciona en niveles similares a los del año 2015. En la coyuntura más próxima inciden tarifas de transporte, luz, gas, prepagas y educación. La estacionalidad de aumentos muy concentrados en pocos meses, determina un piso de inflación mensual difícil de quebrar a la baja. Pero por fuera de los bienes y servicios regulados por el Estado, la variación de precios interna tampoco se morigera a la velocidad suficiente. El componente “núcleo” del índice de precios nacional crece cerca del 22% interanual. Lejos de ralentizarse, algunas características del proceso hacen pensar en una profundización para los próximos meses.

Ocurre que, producto de la devaluación del 13% del último trimestre, se verificó un aumento significativo en el precio de los insumos más difundidos para el entramado productiva. Así, la inflación mayorista presentó un alza del 9,6% en el primer bimestre, mientras que el componente importado tuvo un aumento cercano al 12% en igual período. Este fenómeno no hace más que anticipar la inercia latente que, con heterogeneidades, se transferirá en los próximos meses al consumidor final. Dicho esto, el alza sostenida de precios que se verifica en Argentina, lejos está de ser la norma. En un mundo de baja nominalidad, son pocos los países que transitan problemas de inflación sostenidos a lo largo del tiempo; menos aun cuando subsumen el resto de la política económica a su mitigación.

En ese marco, el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) desarrolló un seguimiento sobre las diferentes economías del mundo y de la región, para establecer un ranking de países en función a los niveles inflacionarios. Asimismo, el estudio analiza la evolución del salario en los distintos países, a partir del efecto de erosión que implica el avance general en los precios. En breves términos, los principales resultados cuantitativos del informe se resumen a continuación:

El equipo económico ha mantenido en reiteradas expresiones públicas que su énfasis primordial es el combate a la inflación. No obstante, la liberación de una serie de precios a su cotización internacional, así como la política de “recomposición tarifaria”, atentaron contra el éxito de este proceso. Según consigna el informe de la UNDAV, “la serie de IPC que elabora el Ministerio de Hacienda de la Ciudad de Buenos Aires permite hacer comparaciones con periodos anteriores ya que mantiene una homogeneidad metodológica desde julio de 2012, a diferencia del IPC-Indec. El bimestre enero-febrero de 2015 presentó un avance de precios del orden del 3,4%, mientras que el mismo bimestre del año 2018 se encuentra en el orden del 4,2%, superando incluso al dato para este periodo en 2017 (4,1%). Si se compara con los meses más recientes, el trimestre diciembre febrero se posiciona como el de mayor inflación desde julio de 2016, dando cuenta de que no sólo la inflación no desciende, sino que va en aumento”. A continuación, se expone la evolución de la serie.

Otro dato relevante que surge de los indicadores es que los mayores aumentos siguen siendo en los bienes y servicios más inelásticos y donde los sectores de menos ingresos destinan la mayor parte de estos.

A la cabeza se encuentra el rubro de “Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles”, que incluye todos los servicios para sostener el día a día de cualquier hogar. Otros rubros que lideran los aumentos de precios son la Educación y la Salud, otros servicios indispensables para un país que aspire a mejorar su calidad de vida. Al observar los datos de inflación del último año para 224 países (los que disponen datos publicados en la web del FMI), la Argentina resalta por su altísima tasa: ocupa el 6° lugar del ranking de países de mayor inflación.

Así, desde el Observatorio de la UNDAV señalan que “el dato, impactante en sí mismo, parece más preocupante al observar las características de los países que acompañan a la Argentina en este grupo. Estos 10 países son los únicos que alcanzan una tasa de inflación del 20% anual”. En general, se trata de regiones con bajos niveles de PBI per cápita, alta inestabilidad macroeconómica y con bajísimos indicadores de desarrollo, ocupan lugares muy rezagados en el ranking del Índice de Desarrollo Humano (IDH) que elabora Naciones Unidas.

Los economistas de la UNDAV mencionan algunos ejemplos de las características de los países de este grupo. Sudan, que comparte el sexto puesto con Argentina, tiene un IDH del 0.49, lo que lo ubica en el puesto 165° en el ranking de este indicador, presenta un déficit comercial del 6.58% del PBI y un déficit fiscal de 1,87% del producto.

Libia, dos puestos arriba de la Argentina, ha presentado una caída del PBI per cápita más del 4% acumulado en el bienio 2015-2016, según el Banco Mundial (último dato disponible) y una presenta una tasa de desempleo del 17,7%.

Al ampliar la mirada a todo el espectro, la asociación es evidente. Los países con mayor inflación presentan serias dificultades macroeconómicas y pertenecen al grupo de los países “subdesarrollados” o “periféricos”. Mitras que los países “desarrollados”, que presentan mayor estabilidad macroeconómica y donde la población goza de una mejor calidad de vida, las tasas de inflación rondar entre el 1% y el 4%.

Otro aspecto relevante explicado en el documento de la UNDAV, tiene que ver con el cambio de rumbo en la política económica. A partir de diciembre de 2015 se implementó un esquema conocido como “metas de inflación” (inflation targeting), el cual fue adoptado por varios países de Latinoamérica a partir de la década de los 90 y el nuevo milenio y se basa fundamentalmente en ponderar el objetivo de preservación en el valor de la moneda por sobre el resto de objetivos de la política económica (empleo, crecimiento, industria, desarrollo, etc.) sumado al establecimiento de objetivos de corto y mediano plazo de reducción y estabilización de la tasa de inflación (para lo cual se establecen rangos) con el objetivo de generar expectativas en los planes futuros de los agentes económicos en relación a sus políticas de precios y salarios. El BCRA utiliza sus instrumentos de política monetaria, pero especialmente, la tasa de interés de referencia, para ir acomodando los índices de inflación en los valores objetivo, al tanto que, en caso de que el descenso de los precios no sea el esperado por el Banco Central, este debería aumentar la tasa de interés para “enfriar” la economía y evitar incumplir con la meta.

La trayectoria errática de nuestro país, contrasta con el relativo éxito que tienen los países que han adoptado metas de inflación en la región. Según un estudio de Hamilton del año 2014, son seis los países de América Latina con esquemas de metas de inflación: Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, México y Perú. De estos, sin embargo, 4 no han cumplido la meta de inflación en los dos últimos años (2016-2017). Sin embargo, los valores de discrepancia son mucho más bajos.

Como podemos observar en la tabla anterior, Colombia no cumplió la meta de los dos últimos años, sin embargo, la misma fue superada en su rango superior tan sólo por 0,6 y 0,1 pp. respectivamente para 2016 y 2017. Perú no la pudo cumplir en 2016, al superarla en 0,3 pp. Guatemala hizo lo propio en 2017 al superar la meta en 0,7 pp. De todos estos, sin contar por cierto el caso de Argentina, México fue el que más superó la meta establecida; fue en 2017 cuando la superó en 2,8 pp. Como vemos los países con regímenes de metas de inflación lejos están de cumplir a rajatabla sus objetivos de inflación, lo cual da cuenta de la complejidad del fenómeno inflacionario. Sin embargo, a pesar de todo, estos países mantienen a un dígito su tasa de crecimiento de los precios.

En la siguiente tabla, se puede ver que, transcurrido más de dos años de gobierno, los niveles de inflación continúan en niveles significativamente elevados en relación a los países de la región, tomando el último dato de febrero del corriente año, que da una inflación interanual de 25,4%, muy lejos de Uruguay (7,1%), México (5,3%), Guatemala (4,2%), Paraguay (4,1%), Colombia (3,4%), Bolivia (2,9%), Brasil (2,8%), Chile (2,0%), Perú (1,4%) o Ecuador (-0,1%).

En cuanto a la inflación, teniendo en cuenta solamente el crecimiento de los precios en los primeros meses del año (o sea sin tener en cuenta el crecimiento de los precios en el año anterior) muestran que la Argentina aún no está logrando bajar la tasa de variación mensual a niveles de los países de baja inflación. Como se expone en la siguiente tabla, la inflación en febrero en Argentina vuelve a crecer, cuando en la mayoría de los países muestra movimientos de estabilidad en torno a valores bajos. El único caso que no sigue esta regla es Uruguay que está sufrió una inflación alta en enero del 2,7% y ya acumula 3,6% hasta febrero. El resto de los países continúa en niveles bajos no superando el 1% acumulado bimestral (con la sola excepción de Paraguay que alcanzó el 1,1%). Brasil, nuestro principal socio comercial, tiene una inflación que anualizada está tan sólo en el 3%.

Con todo lo anterior, del relevamiento llevado adelante por los investigadores del Observatorio de Políticas Públicas de la UNDAV sobre la evolución de la inflación en nuestro país y en el mundo, se desprenden las siguientes conclusiones sintéticas:

• La aceleración de precios del último trimestre en Argentina fue ostensible. Si se la anualiza, se posiciona en el 33,5%. Retrocediendo en la serie, se debe volver a julio de 2016 para encontrar un trimestre de mayor variación de precios.

• Así, evaluando la serie larga el IPC CABA, se cae en cuenta de que el promedio de inflación mensual fue del 2,1% para el período entre mitad de 2012 y fines de 2015. Lejos de moderarse, la variación de precios promedio desde el inicio del nuevo régimen económico fue de 2,5%, esto es, 0,4 puntos porcentuales mayor.

• La dispersión general, redundó en una fuerte modificación de precios relativos que llegó hasta casi 50 puntos porcentuales de diferencia entre distintos rubros de consumo. Por caso, el aumento de precios en “vivienda, agua y electricidad” fue del 63,2% en los últimos catorce meses, según el Indec, mientras que para prendas de vestir y calzado, fue tan sólo del 15%.

• En la comparativa agregada, Argentina se posiciona en la sexta posición global. Es dable señalar que las primeras cinco posiciones están ocupadas por países con una gran inestabilidad macroeconómico y/o institucional.

• En el plano regional, Argentina es el segundo país con mayores niveles de inflación, sólo por detrás de Venezuela. Además, el último año, fue el que más lejos estuvo de alcanzar su meta de inflación, con un desvío de más de siete puntos porcentuales.

• Semejante variación de precios internos alteró la distribución del ingreso, vía salarios reales. Como medida comparativa, el salario mínimo en nuestro país fue el segundo de mayor deterioro relativo, con una caía del 6,1% y solamente por debajo del caso venezolano.