(por Ignacio Cantala) El 2017 arrancó con mucho ajuste y pocas buenas noticias. En el frente eléctrico la cara del “sinceramiento” es sin lugar a dudas el ministro de energía Juan José “tuerca” Aranguren. Quien en estos días, llevando al borde su vocación pedagógica sobre eficiencia energética, logró eclipsar buena parte de la batería de medidas regulatorias que dispararon desde el ENRE.

El afán blanqueador del nuevo gobierno, no llegó todavía a este Ente autárquico, que con un directorio sin concursar se puso al hombro la libreta de demandas de las principales empresas del sector. En tiempo de descuento, en marzo se realizaría el concurso de cargos para el directorio, los responsables del organismo avanzaron con algunas viejas cuentas pendientes del mercado. El primer objetivo fue alcanzado hace pocos días, con la realización en tiempo record de una Revisión Tarifaria Integral que dio como resultado lo que se esperaba, mucha tarifa para que las empresas distribuidoras del AMBA “hagan caja”. Tan exagerados parecen ser los supuestos del estudio, que algunas fuentes del sector comentan por lo bajo que los responsables políticos del experimento técnico presentado, deberán dar explicaciones, no solamente a los usuarios, sobre los márgenes de rentabilidad garantizados.

Contando entre sus filas con otrora directivos de las empresas reguladas, los funcionarios del Ente fueron por más y reformaron las condiciones para la calidad del servicio establecidas por los contratos de concesión. Es que, producto del desastroso servicio brindado, Edenor y Edesur acumulan millonarias deudas con el Estado por las multas que se niegan a pagar. Para evitarles seguir engrosando sus pasivos, los temerarios servidores públicos bajaron a la mitad, si a la mitad, el valor de los indicadores de calidad. Mientras tanto, el “tuerca” Aranguren exprime su imaginación para mantenerse en la escena mediática.

Pero como todos sabemos, la libreta de demandas nunca es corta, y la ansiedad empresaria puede volverse insoportable hasta para los políticos más experimentados. En su mayoría, con amplia trayectoria en el sector, los funcionarios reguladores saben que una vez iniciada la marcha, sólo resta acelerar.

Hace años se autorizó en la parte norte del área de concesión la realización de un experimento con medidores “de carga automática”. El sistema, bastante simple, consiste en la instalación de un medidor especial con un mecanismo “tipo SUBE”, que habilita el consumo eléctrico en tanto haya una carga registrada. Si no hay carga, no tenés luz. Es decir, si no cobrás o no llegás a fin de mes, vivís a la luz de la vela. Bajo los ojos empresarios, fue una experiencia fantástica, que además “ayuda a los pobres a ser más racionales con el consumo eléctrico”. Bajo los efectos del emprendedurismo pampero, la línea gerencial de Edenor convenció al “chelo” Mindlin de importar medidores al por mayor, que finalmente quedaron arrumbados en un galpón ante la sistemática negativa por parte del entonces ministro planificador.

Pero el sueño de los justos llegó. Casi como quien no quiere la cosa, los funcionarios del Ente publicaron una resolución donde se autoimponen avanzar en las reformas necesarias para habilitar la instalación de este nuevo sistema en toda el área de concesión. Algunas fuentes del sector dicen que el celular del ministro no para de sonar, del otro lado le piden aplazar el concurso un año más… La sinfonía fina llego al sector eléctrico, con la sello de origen de la gestión PRO: mayores ganancias empresarias, desregulacion y peor servicio a los usuarios.