Ese día se llevará a cabo la Asamblea Extraordinaria que aprobará la asunción del nuevo mandatario, del riñón del camionero. Además, se tratará la aprobación del Código de Ética y la aprobación del contrato de cesión de los medios audiovisuales.

La AFA convocó este lunes oficialmente a la Asamblea Extraordinaria para el próximo 29 de marzo, día en el cual se proclamará a Claudio "Chiqui" Tapia como nuevo presidente de la entidad.

Mediante el Boletín Oficial de la casa madre del fútbol argentino, se comunicó que la Asamblea se llevará a cabo a partir de las 16:00 horas, en el tercer piso del edificio de la calle Viamonte 1366.

En la Asamblea, de acuerdo al comunicado oficial el Comité de Regularización señaló que la orden del día tratará diversos temas entre los que se encuentran "elecciones Presidente, Vicepresidentes e integrantes del comité Ejecutivo.

Asimismo, se tratará la aprobación del Código de Ética y la aprobación del contrato de cesión de los medios audiovisuales.

El tema del Código de Etica fue crucial en la Asamblea pasada del 24 de febrero, cuando se solicitó que en lugar de ser analizado por la Conmebol fuera el Colegio de Escribanos de la Capital Federal el que lo haga.

Tapia llegó al fútbol grande casi por casualidad. En su niñez moría por San Martín de San Juan, al que seguía a todas partes. Inclusive lo empezó a seguir cuando vino a probar suerte a Buenos Aires, donde comenzó a trabajar como barrendero. Pero su vida cambió el día que conoció, en el gremio de Camioneros, a María Isabel Moyano, la hija de Hugo, el dirigente sindical y actual presidente de Independiente.

Claudio se ganó un apodo cariñoso, Chiqui, y la aprobación de su suegro. Poco a poco dejó su trabajo en la calle y se instaló en las oficinas. Fue prolijo para hacer las cosas y, casi sin querer le llegó un ofrecimiento inesperado: ser el presidente de Barracas Central, club con el que consiguió el ascenso a la Primera B.

Don Hugo Moyano lo considera como un hijo y posibilitó la buena sintonía entre Tapia y Mauricio Macri, con quien, a fuerza de negociar para saldar cuentas por el negocio de la basura porteño, generó una relación de respeto mutuo.