Martín Piqué

El Secretario General del gremio de los gráficos, Héctor Amichetti, dedicó la tarde del domingo a despedirse del gremialista de ATE Marcelo ‘Nono’ Frondizi. El velatorio reunió durante largas horas a una multitud que desfiló por la sede de ATE Capital, en la calle Carlos Calvo. En diálogo con Primereando, Amichetti definió a Frondizi –que además de dirigente del gremio estatal era referente de la Agrupación Envar El Kadri- como un “símbolo militante íntegro”. Fallecido imprevistamente a sus 68 años, el ‘Nono’ había empezado su militancia en la segunda mitad de los años ’60. Como tantos otros jóvenes de la época, Frondizi repartía el semanario de la CGT que editaba Rodolfo Walsh bajo la tutela del líder de la CGT de los Argentinos, Raimundo Ongaro.

Amichetti conoció mucho a Ongaro. De hecho, en la Federación Gráfica Bonaerense lo consideran una suerte de discípulo. Ongaro, se sabe, tuvo una influencia enorme en el sindicalismo de los años ’60 y ’70: era un autodidacta que tomaba ideas del cristianismo de liberación y del peronismo de base. Amichetti es una polea de transmisión entre aquel universo y su actualidad en la conducción de la Corriente Federal de los Trabajadores (CFT). Se lo considera, en rigor, como una de las voces más influyentes de esa construcción sindical. Sus compañeros lo llaman “Gringo”. Esta entrevista fue realizada al cierre del paro general más contundente que haya realizado el movimiento obrero durante la gestión de Cambiemos.

“Este paro es una respuesta muy contundente y una muestra muy valiosa de la unidad del pueblo argentino en rechazo a una política que lo golpea fuertemente”, analizó Amichetti. Luego minimizó el debate sobre si el efecto del paro será meramente catártico y que todo seguirá con una elegante desmovilización. Para el gremialista de la CFT, la Argentina ya está viviendo un fuerte “plan de acción” por parte del movimiento popular. La clave, advirtió, pasa por unificar y fortalecer la organización que puede conducir todo el proceso de resistencia sindical y social: la mismísima CGT. La central de Azopardo está próxima a renovar sus autoridades: lo hará en el congreso convocado para el 22 de agosto.

“Todo el mundo que firmó por el 15%, 18% o 20%, ahora se va a sentar a discutir y a recomponer el desfasaje”, vaticinó Amichetti en relación a las paritarias de cada gremio que hasta el acuerdo con el FMI –vale recordarlo- intentaron ser frenadas por el tope oficial del 15%. Para el dirigente de los gráficos, los resultados del ajuste impuesto por el macrismo –que se agravarán en los próximos meses, tras el acuerdo con el FMI- contribuyen a acercar posiciones. “A aquellos sectores que hasta ahora fueron más bien propensos a las negociaciones con el gobierno cada vez le va a resultar más difícil tener una relación de respeto frente a la sociedad”, subrayó.

 

-¿Cuál es su balance del paro nacional de la CGT de este lunes?

-Si comparamos este paro con el último de 24 horas que se realizó a principios de abril del año pasado, la situación hoy es mucho más grave para un sector mucho más grande del pueblo argentino. En aquel momento, el paro venía empujado por una situación muy crítica de los sectores industriales. Por esa razón hicimos esa gran marcha del 7 de marzo (de 2017) hacia el Ministerio de la Producción. En aquel momento ese paro prácticamente fue arrancado por esa realidad. Hoy la situación es mucho más grave. En el sector industrial estamos muchísimo más golpeados: hemos perdido más puestos de trabajo. Y los sectores PYMES, después de un año muy complicado, hoy están prácticamente en línea con casi todos los sindicatos de la industria. Todo el mundo ya comprende que no hay posibilidad de resolver los problemas por separado. Que una industria busque solucionar sus problemas negociando con el gobierno por un lado y otra rama de la industria lo haga por el otro. Eso no sirve. Hoy, si hacemos una reflexión conjunta, como la hemos hecho dentro de la CGT, concluimos que todos estamos golpeados por las mismas situaciones: un mercado interno prácticamente destruido, una apertura importadora que hace un daño enorme y que, además, va in crescendo. Más los tarifazos que, realmente, son un mazazo adicional. A todo eso hay que sumarle este acuerdo con el Fondo Monetario, que ya con el movimiento previo del ascenso del dólar y todo lo demás ha creado situaciones muy delicadas en otros sectores ajenos a la industria. Pero, por sobre todo, lo que impera hoy es un desánimo muy palpable con respecto a lo que viene: todo el mundo es consciente de que las medidas de ajuste que están comprendidas en el acuerdo con el FMI no ofrecen ninguna expectativa de mejorar la situación: consisten en tasas de interés altísimas, inflación que va a ser difícil que descienda, producto del aumento del dólar, y ninguna perspectiva de que estos tarifazos sean desactivados. El clima que tenemos hoy en el paro es mucho más grave que hace un año atrás y por eso el paro fue mucho más contundente. No sólo de los trabajadores sino también de los comercios, de las PYMES y, en definitiva, de todos los sectores de la sociedad.

 

-Algunos dicen que el paro se convertirá en una suerte de catarsis, para descomprimir la tensión, y que luego el movimiento obrero se desmovilizará. Otros exigen que se inicie un plan de lucha para enfrentar el acuerdo con el FMI. ¿Cómo sigue?

-Yo creo que el plan de acción ya está. Está en la calle y las movilizaciones son continuas. Yo diría que, incluso, ese plan de acción ha tenido una continuidad desde aquella gran movilización de finales de noviembre en la que se expresó un rotundo ‘no a la Reforma Laboral’ y en la que se conformó una Multisectorial. Desde entonces, lo que no salió por CGT salió por la unidad desde abajo: la unidad gestada entre la CTA, la Corriente Federal de los Trabajadores, Camioneros y otros gremios más. También organizaciones sociales. Las movilizaciones que vinieron después, en diciembre, fueron realmente impresionantes. Recordemos que el gobierno las tuvo que reprimir para poder sacar, entre gallos y medianoches, la Reforma Previsional. Después, el 21 de febrero, la concentración sobre la 9 de julio también fue importantísima. Frente a toda la presión del gobierno, que intentó instalar que se trataba de una manifestación con la intención de cubrir a Camioneros. Ese día se demostró que era, absolutamente, lo contrario: la concentración fue tan masiva como las otras. Y qué decir de lo del 25 de mayo. Debe haber sido una de las movilizaciones opositoras más multitudinarias de la historia, con el agregado del mensaje de rechazo al Fondo Monetario. Todo esto refleja que el plan de acción está. Lo que ocurre hoy, y es algo que me parece importante, es que varios sectores que pensaban que podrían seguir negociando con el gobierno por su lado se han dado cuenta que el margen es muy estrecho. Sobre todo por el acuerdo firmado por el Fondo. Lo que hace este paro, en definitiva, es unificar a todos. Este paro es una respuesta contundente y una muestra muy valiosa de unidad del pueblo en rechazo a una política que lo golpea fuertemente. Hay que mirarlo desde esa óptica. El plan de acción continuará. Nosotros, desde la Corriente Federal, humildemente intentaremos que la CGT tenga una conducción que le dé continuidad a todo esto. Porque, por supuesto, no es lo mismo que la lucha en las calles se esté dando de manera dispersa a que haya una organización central, histórica, como la CGT, que la conduzca, que la ordene, que genere los acuerdos como para que tenga continuidad. En eso estamos -por lo menos desde la Corriente Federal- muy comprometidos. Y nosotros decimos que, si no se acuerda un programa, por lo menos hay que consensuar cinco o seis puntos que tengan que ver con lo que más nos está golpeando en este momento a todos. Yo diría: producción; trabajo; el respeto a las paritarias absolutamente libres, que es la única manera de poder mantener un poder adquisitivo que garantice un mercado interno; la cuestión del sistema previsional, el sistema solidario-estatal, al cual todo el mundo sabe que están tratando de destruir. Y otro tema es la cuestión de los tarifazos. Hubo una ley votada, que está vetada, pero tiene que haber una lucha permanente. Porque este esquema tarifario es insostenible, tanto para la producción como para los propios hogares. Hay que acordar en cinco o seis puntos y ese acuerdo programático nos tiene que llevar a un camino que termine con una nueva conducción de la CGT. Además, insisto, hay voluntad de otros sectores de sumarse: así lo han manifestado la CTA y las organizaciones sociales, lo cual es muy trascendente.

-El 22 de agosto se realizará un nuevo congreso de la CGT para elegir a su nueva conducción. ¿Cómo viene el proceso para la definición de las nuevas autoridades?

-Yo lo que estoy viendo es que hay muchos gremios que no participaron de la unidad de la CGT hace dos años y que hoy están muy preocupados y comprometidos en lograr un proceso que desemboque en una conducción unificada. Con un consejo directivo que se mueva por cuestiones programáticas y no que sea, como hasta ahora, vacilante, con mucha propensión a buscar acuerdos solamente por la vía de la negociación con el gobierno. Acuerdos que, en definitiva, han derivado en fracasos, porque en esa negociación con el gobierno no sólo no se consiguió nada sino que estamos mucho peor. Todo el mundo está consciente de que este gobierno no va a variar su política, su filosofía, su concepción económica, y que lo que viene con el Fondo es mucho más grave. Y eso, de alguna manera, está ayudando a ver que hay que construir una CGT que se ponga de acuerdo en la cuestión programática y que tenga, a partir de allí, un plan de acción. Lo que no significa no plantear la necesidad de entablar un diálogo con el gobierno, pero hay que hacerlo desde una posición propia, de lo que nosotros sabemos que es innegociable: en función de la defensa de los intereses del país y de los trabajadores. En eso estamos avanzando. Yo he visto mucha más voluntad de algunos gremios que permanecían al margen de la CGT. Estamos haciendo reuniones en esa dirección. Sin sectarismos. Y ese debate hay que darlo en la CGT. Después, si hay algunos que se autoexcluyen porque tienen actitudes mezquinas y siguen pensando que pueden salvar a sus gremios individualmente, bueno, eso será un problema de ellos. Será una ruptura de la que otros serán responsables. Nosotros tenemos que tratar de construir sin sectarismos, con la mayor amplitud. Y así llegaremos a una nueva conducción de la CGT. Lo que sería un paso muy importante.

-En términos personales, como dirigente del gremio de gráficos y como referente de la Corriente Federal, ¿usted tiene candidatos a secretario general y secretario adjunto?

-Hay muchos compañeros muy valiosos. Pero yo, en lo personal, estoy en desacuerdo con la acción de lanzar nombres sin antes generar un acuerdo programático. Lo que nos tiene que unir es eso. Y a partir de ese acuerdo, ahí sí, barajar los nombres de los compañeros que pueden estar en la conducción. Le digo más: hay que tratar que no sea tanto el peso de un secretario general sino un consejo directivo muy comprometido con lo que se acuerde. Porque suele ocurrir que a veces sentamos muchas expectativas en la cabeza de la conducción de la CGT y después terminamos en situaciones de frustración. Porque a veces las actitudes personales hacen que las construcciones se debiliten.

 

 

-¿El acuerdo paritario que logró el sindicato de Camioneros, del 25% para este 2018, a pesar del tope paritario que intentó imponer el gobierno, ¿puede convertirse en un leading case para que los gremios que tienen incorporada la cláusula gatillo reabran la negociación?

-Lo de Camioneros es muy importante porque, en definitiva, en un acuerdo libre paritario, sin que el Ministerio (de Trabajo) pueda condicionarlo. Es un acuerdo que pone un porcentaje que se acerca a la realidad de lo que prevemos que va a ser la inflación. Casi todos los gremios que negociaron paritarias acordaron cláusulas de revisión: y el si el gobierno intenta que esas reuniones de revisión haya calma, me parece que no la va a tener. Porque todo el mundo que firmó por el 15%, 18% o 20%, ahora se va a sentar a discutir y a recomponer el desfasaje. Lo de Camioneros se va a replicar en todos los acuerdos paritarios que se firmaron hasta ahora. Después de octubre o noviembre, cuando ya casi todos los gremios hayan visto que la inflación supera el 15% que han firmado. Y todos van a ir en la búsqueda de un 10% o 15%. Me parece que incluso, entrando el año próximo, va a haber mucha conflictividad en ese sentido: porque hasta el 25% va a resultar insuficiente. Y hacia el fin de la mayoría de los acuerdos paritarios, que se firman en marzo, vamos a estar con casi todos los gremios reclamando la diferencia que pueda haber con respecto a la inflación final del año.

-¿El gobierno intenta disciplinar o presionar sobre los salarios con el fantasma de la desocupación, con la amenaza latente de perder el empleo?

-Sí. De hecho, aunque no hayan podido imponer una Reforma Laboral, están imponiendo flexibilización en los convenios colectivos de trabajo de muchos gremios producto de los problemas reales que se viven en las distintas organizaciones. Eso hace que el clima sea todavía más conflictivo. Porque si bien esto genera temores y medios, igualmente muchas organizaciones dan peleas por no perder derechos: para defender el poder adquisitivo de los salarios. Yo preveo es un escenario, en los próximos meses, de muchísima más conflictividad. A esa conflictividad, o la enfrentamos gremio por gremio, en una situación de debilidad, o lo hacemos construyendo una organización que unifique. Que conduzca, que llame a una respuesta muy fuerte de todos los compañeros unidos: si logramos esto sí le vamos a complicar las cosas al gobierno. Porque para poder sostener este plan salvaje el gobierno se asienta en dos pilares: un sector sindical que trata de moderar las acciones, o que intenta que no se unifiquen las luchas, más el propio Congreso de la Nación, donde un sector político es muy propenso a acompañar al macrismo. Cada acuerdo que hacen esos sectores significa más penurias para el pueblo.

-Hace una semana se intentó forzar al oficialismo a que el acuerdo con el FMI pase por el Congreso. Una parte de la oposición –el Frente Renovador, el Bloque Justicialista- no estuvo presente y por eso la sesión no se pudo realizar. ¿Qué piensa de este tipo de desencuentros?

-En el Congreso hay que hacer grandes esfuerzos para lograr una posición en común. Como se logró con el tema del rechazo a las tarifas, más allá de lo que ocurrió después con el veto. Creo que hay que hacer esos esfuerzos. Hoy ya no alcanza con las demostraciones simbólicas de un sector o de otro. Esto mismo ocurre en lo sindical. Porque cuando decimos que hay que batallar por una organización que potencie nuestras luchas, por una CGT que sea distinta a la que tenemos, es porque entendemos que ganar las calles -pero hacerlo de manera dispersa en cada provincia, en cada lugar- ya no alcanza. Porque si seguimos así sucede esto que nos pasa, de que lo que pelean los compañeros del norte parece ser un tema sólo del norte, o que lo que luchan los estatales es una cuestión de ellos solos. Hay que buscar los puntos de unidad. Potenciar la organización es clave. Ya no alcanza con acciones simbólicas. No alcanza con decir: “este sector se pone a la vanguardia en la defensa de los derechos del pueblo”. Hay que construir herramientas para poder poner freno a esta política. Es necesario buscar acuerdos. A aquellos sectores que hasta ahora fueron más bien propensos a las negociaciones con el gobierno cada vez le va a resultar más difícil tener una relación de respeto frente a la sociedad. En la medida que no se pongan firmes ante el gobierno no lo van a lograr. Es un esfuerzo grande pero hay que buscar y encontrar caminos de unidad.

-A mediados de la década del ’90 se realizó la primera Marcha Federal contra el ajuste que impulsaba el menemismo. Fue un momento cúspide de todo un proceso de resistencia. Y sin embargo, en las elecciones que tuvieron lugar a los pocos meses, volvió a ganar Menem. Eso refleja que una etapa de movilización social y sindical no necesariamente tiene un correlato en una victoria electoral. ¿Puede suceder lo mismo en 2019?

-No hay que subestimar la capacidad de maniobra y de engaño que tiene este proyecto que lleva adelante el gobierno, que es muy similar al que se aplicó en los ’90 y es muy similar al que se aplicó en épocas anteriores. En definitiva, tenemos que unirnos y generar expectativa en las grandes mayorías de que podemos sostener un proyecto distinto. No sólo resistir y rechazar esto, no sólo estar en la calle puteando al gobierno sino también levantando un programa que le plantee al pueblo la posibilidad de implementar otro camino: que las PYMES, en lugar de estar mendigándole al gobierno, sepan que se puede defender la industria, junto con los trabajadores, de otra manera. La cuestión es discutir qué proyecto de país queremos, qué programa, es clave. Si logramos reconstruir desde la lucha social la organización, si logramos tener una CGT que se ponga a la cabeza y sea capaz de convocar multisectorialmente a todos los sectores afectados, podemos contribuir muchísimo a la recreación de una alternativa política. Una alternativa que hoy parece, a veces, hasta estar lejos, o tener otros tiempos, respecto de las necesidades del pueblo. Tenemos que apuntar a reconstruir esa alternativa política. Y la ventaja que tenemos, con respecto a los ’90, es que venimos de una etapa de gobierno, que terminó en 2015, que con todos sus problemas demostró cuál es el camino correcto: defender la producción, el trabajo nacional, no desregular la economía para que la especulación financiera haga lo que se le dé la gana y destruya y vacíe al país. Buscamos desendeudarnos, incluso con todas las dificultades que fueron apareciendo. Porque no queremos quedar atados a decisiones que se toman afuera. Esa experiencia es muy cercana. En los ’90, en cambio, veníamos de una hiperinflación, de una frustración de no haber podido enfrentar con éxito el problema de la deuda externa. Hoy venimos de otra experiencia. Y además tenemos mucha más militancia, mucho más compromiso popular. Lo que nos falta es consolidar una organización que una todo eso y que le dé una perspectiva política. Pero seguramente ya la vamos a encontrar.

-Desde la sanción de la ley de Emergencia Social, los planes sociales –que hoy son 4800 pesos- se establecen como la mitad del salario mínimo. Estudios recientes han demostrado que el poder adquisitivo de esos planes hoy, medido en dólares, en relación a una canasta básica de alimentos también medida en dólares, tiene menos capacidad de compra del que tenían los planes sociales del año 2001. ¿Es urgente que se convoque al consejo del Salario para discutir el salario mínimo?

-Es fundamental. Desde la Corriente Federal lo hemos planteado. Declarar la Emergencia Alimentaria y declarar la Emergencia Laboral. Es urgente. Lo dicen nuestros compañeros y lo están planteando las organizaciones sociales. Cada vez crecen más los comedores, la demanda de alimentos. Nosotros entendemos que es necesaria una estrategia en común con un sector de la informalidad del trabajo, que es el más castigado: veíamos cifras en estos días que en Tucumán, por dar un ejemplo, más del 40% es trabajo no registrado, trabajo precario. A esos millones de trabajadores, que son parte del movimiento general de los trabajadores argentinos, tenemos que encuadrar en una lucha que tiene dos fases: un programa vinculado a las emergencias, al hoy, a lo urgente, pero también la incorporación de la lucha de los compañeros de la economía popular a la lucha conjunta con el resto del movimiento de los trabajadores. Porque nosotros peleamos para que a ese sector del trabajo se lo saque de la informalidad. Y eso no lo podemos hacer fuera de un programa que haga viable el crecimiento del desarrollo industrial y del mercado interno. Está todo interrelacionado. Hay que desbaratar la idea del FMI de perpetuar a un sector de la informalidad: porque no es casual que el FMI haya sacado del ajuste, y asegure que se van a poder destinar más recursos para paliar la situación de ese sector. Nosotros queremos combatir esa informalidad, por supuesto, pero dentro de un proyecto de país que los incorpore plenamente al trabajo, les dé cobertura y que tengan la dignidad que tiene que tener cualquier argentino o argentina.

-En 2018 hay un signo novedoso que es parte del clima de época: el protagonismo del movimiento de mujeres, más allá del debate sobre el aborto que está en tratamiento parlamentario. ¿En el movimiento obrero hay rémoras de un machismo o de una posición subalterna de la mujer? ¿La mujer necesita ganar más lugar en los espacios de conducción?

-Absolutamente. Eso existe. Existe esa actitud dentro del movimiento sindical. Y sin embargo las mujeres, con sus peleas, con sus planteos, han ganado un espacio organizativo en la sociedad muy importante. Indefectiblemente, cuando hablamos de multisectoriales, el sector de las mujeres es parte de todo eso. Por derecho propio. Por otro lado, me parece muy interesante el planteo de que cada una de las reivindicaciones de género está ligada a la necesidad de pelear por un país en el que haya justicia social. Porque es imposible desligar cada una de esas reivindicaciones individualmente: todo depende de qué tipo de sociedad queremos construir. Una sociedad igualitaria, en el sentido amplio de la palabra. Nosotros tenemos una experiencia muy concreta de construcción, que es Mujeres Sindicalistas, en la que participan fundamentalmente compañeras de la Corriente Federal y de la CTA. Esa construcción va a incidir muchísimo en poder modificar esa estructura cerrada, que tiene muchas veces el sindicalismo, y que se comprueba en cada foto que vemos de cumbres sindicales.

-El último fin de semana murió el dirigente de ATE Marcelo “Nono” Frondizi. Su figura, para muchos, representaba un modelo de sindicalismo. ¿Está de acuerdo?

-Por supuesto. El Nono era uno de esos pocos compañeros que, a esta altura, fueron protagonistas de todas las resistencias. Que fueron muchas y fueron heroicas. Y me refiero a las luchas de los ’60, porque el Nono fue partícipe distribuyendo el periódico de la CGT de los Argentinos; de los ’70, por supuesto, que fueron tan intensos; luego del golpe militar sufrió el exilio; en los ’90 estuvo también luchando contra los ajustes y las privatizaciones. Y cuando todos pensábamos de que esos tiempos no iban a volver más, por lo menos con la ferocidad que tuvieron, nos encontramos con lo que hoy estamos viviendo. Por eso, frente a este escenario, con el Nono nos encontrábamos continuamente en la calle. Él era uno de esos símbolos militantes íntegros. Porque no sólo se lo veía en los conflictos de su gremio –ATE- sino que siempre era solidario con los conflictos de los compañeros, sean del gremio que sean. Siempre estaba invitándonos a sumarnos a la lucha de los compañeros. Era, realmente, un compañero. En ese sentido de la palabra. Un militante integral. Que encarnaba siempre la misma postura: el compromiso total y absoluto con las bases trabajadoras.