Según informó la periodista Ailín Bullentini en el diario Página 12, Sanguinetti fue detenido igual que Juan Carlos Carrera y Antonio Imbroggiano, también de la Federal cuando ocurrió el operativo. El juez federal Daniel Rafecas los imputó e indagó a los tres por su participación en un megaoperativo clandestino en el que fueron asesinados tres militantes de Montoneros. Son los únicos responsables del operativo que llegaron vivos a esta instancia (los otros 11 fallecieron), y ahora esperan su procesamiento en el penal de Marcos Paz.

Los militantes asesinados fueron Mario Frías Pereira, Patricia Clariá Pedernera y Liliana Griffin. Sanguinetti integró la brigada que actuó en el gran operativo que los mató a balazos, en abril de 1977, en un departamento de Bacacay 2215. Era subinspector y es el único de los tres detenidos que permaneció en actividad dentro de las fuerzas de seguridad públicas hasta el día que fue detenido por orden de Rafecas, a cargo del Juzgado Federal de Instrucción 3.

Todos estaban vinculados con Coordinación Federal, el centro clandestino de detención que funcionó en la Superintendencia de Seguridad Federal, el área de la Policía dedicada a la “lucha antisubversiva”.

Los nombres de Sanguinetti, Carrera e Imbroggiano aparecían junto a otros en el legajo de otro efectivo de la Superintendencia, donde se detallaba el operativo de Bacacay. Durante toda la dictadura, Sanguinetti trabajó en la Superintendencia de Seguridad Federal. Luego, ya en democracia, siguió en la fuerza, en otras áreas. En 2004 fue pasado a retiro. Pero se recicló en la Policía Metropolitana, donde hacía notar sus vínculos con Jorge “Fino” Palacios.

En la Policía de la Ciudad recaló como director de Ceremonial y Protocolo, un área que en los últimos meses desapareció del organigrama oficial de la fuerza. De acuerdo con voceros de la fuerza consultados por Página 12, Sanguinetti ocupa “desde hace algún tiempo” el cargo de “adscripto”. Es decir, un puesto en el que “no tiene tareas”, pero cobra un sueldo.

Cuando se consultó por qué no se lo despedía, la respuesta oficial fue que “le falta poco para jubilarse”.