Todos los indicadores sociales empeoraron desde que Mauricio Macri asumió como presidente de 2015. En 2017, la situación mejoró luego de una caída muy pronunciada en 2016, que podría repetirse este año. En resumen: el desempleo y el trabajo informal crecieron en los últimos dos años y 5 meses.

Cuando terminó el mandato de Cristina, la desocupación era del 5,8%. En 2016, se disparó al 9%, el número más alto en más de 10 años. En 2017, ese número cayó al 7,6, pero sigue estando muy lejos de la última cifra kirchnerista.

En el caso de la informalidad, la situación también está peor que en el kirchnerismo. Después de una suba importante en 2016, volvió a caer en 2017, para ubicarse en el 34,2%, un punto por encima del último dato de 2015. Con un agregado: entre 2003 y 2015 se dio un proceso de baja sostenida de la informalidad, que pasó del 50% al 33%. Ese número volvió a crecer por primera vez desde 2002.

¿2018? Este año no parece mostrar buenas noticias: el tarifazo, la caída del mercado interno, la suba de la inflación y del dólar, no parecen ser los mejores indicadores para hablar de una recuperación de la producción.

Mientras, seguirá consolidándose una lógica que parece haber impuesto el macrismo desde 2015, como es la creación de empleo de mala calidad. Según cifras oficiales, casi 3 de 4 nuevos empleos son monotributistas. Del resto, la mayoría son en el sistema pública. En el sector privado los números dan en rojo: se perdieron más puestos de los que se crearon.