En 10 días, el Banco Central cedió alrededor de 1500 millones de dólares para que el dólar no se dispare más allá de los 20,50 pesos. Atrás quedó el discurso oficial de no intervención del organismo conducido por Federico Sturzenegger.

"Lo peor ya pasó", es el nuevo mantra de los funcionarios de Cambiemos. ¿Es así? La realidad parece ir por otro lado: de caso contrario, no se explica que los inversores tengan como único objetivo la adquisición de dólares.

Esa presión puso al Central en un callejón sin salida: si deja que todo librado al mercado (como es su discurso), la devaluación del peso puede no encontrar piso. Desde diciembre, el dólar pasó de 17 pesos a 20 en tres meses. Por eso, el Central salió a vender dólares para contener la demanda y que el precio no se dispare.

Pero la estrategia tiene límite: el Central no puede perder 1500 millones de dólares de reservas cada 15 días. Mientras, debe definir qué hace con las Lebacs: ¿Seguirá bajando las tasas? ¿Si lo hace, cómo evitará que los inversores se vuelquen al dólar? De fondo, otra cruda realidad: prácticamente no hay recursos que se destinen a inversiones productivas. El modelo macrista empieza a morderse la cola.